Elizabeth Garrido es argentina, vive en Santiago de Chile desde hace 5 años, y trabajó en la Embajada Argentina en Santiago. En este texto en primera persona, reflexiona sobre la final de la Copa América entre las selecciones de nuestro país y Chile.

La pasión y el color del fútbol, suele mezclarse en estas tierras con cuestiones que poco tienen que ver, como dramas nacionales o catástriofes naturales. Por eso, desdramatizar y ponerle paños fríos a una contienda que ha exaltado muchos ánimos.

Argentina-Chile, fútbol y el retorno de los fantasmas

Hace cinco años que vivo en Santiago y si hay algo que siempre me sorprendió es el amor del chileno por el fútbol. Nunca ganaron una copa del mundo, temo que tampoco hayan alzado algún trofeo en la Copa América, pero es innegable la pasión que sienten por este deporte que parece estar dentro de los genes victoriosos de brasileños, charrúas y argentinos.

El haberle ganado a Uruguay hizo que Chile sintiera que podía ir por más. Ya no importaba si el árbitro los miraba feo, si Arturo Vidal se emborrachaba en pleno torneo y terminaba tirado en la ruta. No, ahora todo tenía otro color, muy lejano al gris smog que hoy inunda la ciudad, ya sea por la falta de lluvias y porque estamos rodeados de montañas.

El aire que se respira es fútbol, lisa y llanamente. Es raro escuchar a dos chilenos comentar fervientemente cada uno de los movimientos del Kun  Agüero, y por qué Leo Messi ya entendió que no tenía que hacer todo en la selección. Y eso genera miedo.

Un colega me decía: “Para nosotros es una oportunidad única, el ganar una Copa América frente a un equipo tan bueno como el argentino, es increíble”. Argentinos hay por todos lados, viviendo en Santiago o de paso, pero la postura es otra, entre calma y superioridad.

Y con toda esta ola de sentimientos también llega el folclore del fútbol el regional. Ese que realmente no me gusta tanto. ¿Por qué? Más que nada porque está basado en cánticos y comentarios fundados en momentos de la historia que sólo hace recordar lo importante que es vivir en democracia.

El “Chile decime qué se siente…” no cayó nada bien a los familiares de las víctimas del tsunami del 2010 en Concepción. Tampoco cae bien que durante un partido nos cuenten que “perdieron las Malvinas por maricones…”, a veces es por “weones”, pero el mensaje es el mismo: pegar donde más le duele al otro. Y muchos me van a decir que es lo normal, que la insólita falta del futbolista chileno al uruguayo es muy común, pero realmente los límites se pierden y las ánimos se caldean demasiado.

Yo estoy feliz de estar viviendo la Copa América en un país vecino y siendo mi selección la que juegue la final. Pero no me pone tan contenta que todavía haya heridas que sean abiertas cada vez que nos reúna un acontecimiento deportivo de esta magnitud, y que sea “algo normal”.

Vamos Argentina con todo, pero esto no es una guerra, es sólo una final. “La” final.