La mujer y su pareja reconocieron los hechos en un juicio abreviado.

Una denuncia anónima puso la lupa sobre una mujer que, se logró acreditar con el paso de los meses, había convertido su entorno familiar en una pieza del circuito de abastecimiento, transporte y venta de cocaína en Tupungato. María del Rosario Robledo Fredes no solo quedó vinculada a la comercialización de droga: los peritajes telefónicos permitieron establecer que utilizó a uno de sus hijos, de 17 años, para trasladar un cargamento desde el Gran Mendoza.

Por todo esto, la Justicia federal la terminó condenando recientemente a seis años de cárcel, tras un acuerdo con el Ministerio Público. Pero no fue la única sentencia del caso: su pareja también aceptó un proceso abreviado.

La historia de las maniobras quedó al descubierto el 12 de julio del año pasado. Personal de Gendarmería Nacional detuvo un Fiat Siena durante un control sobre la ruta provincial 86, en el citado departamento del Valle de Uco. En el vehículo viajaban dos adolescentes de 17 años. Dentro del auto encontraron cuatro envoltorios con poco más de medio kilo de cocaína (505 gramos), además de sus teléfonos celulares.

Pero aquel procedimiento no fue el final de la investigación. Los aparatos secuestrados permitieron reconstruir qué había ocurrido antes de que los pibes fueran interceptados. La extracción de datos evidenció comunicaciones entre Robledo y su hijo durante el día previo y esa misma jornada.

Según la prueba valorada en la causa, ella le indicaba cuándo debía realizar el viaje, coordinaba el traslado de la droga desde el Gran Mendoza y recibía información sobre cómo avanzaba el recorrido. También surgieron comunicaciones vinculadas con otro de sus hijos, en tareas de logística.

La investigación permitió así dibujar una estructura en la que, de acuerdo con la sentencia, Robledo ocupaba el lugar central. Los análisis de los teléfonos de los distintos involucrados mostraron contactos vinculados con el suministro, el traslado y la venta de estupefacientes.

La mujer coordinaba las operaciones y, se estableció en la causa, se valía de su pareja, sus hijos y un hermano para distintas maniobras de venta, fraccionamiento y comercialización, destacaron fuentes del caso.

Básicamente, se trataba de una estructura familiar que operaba en distintos sectores y que adquiría la droga en complejos de Maipú, como en el barrio Amas de Casa, para luego comercializarla en pequeñas cantidades en el Valle de Uco.

Venta en la puerta de su casa

La investigación tuvo un segundo capítulo el 24 de diciembre del año pasado. Los investigadores de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) realizaban tareas de observación en el domicilio de Robledo cuando detectaron la llegada de un auto. Allí observaron un intercambio entre la mujer y un comprador, descrito en la causa como un típico “doble pase de manos”.

El comprador se retiró del lugar, pero fue interceptado poco después por personal que trabajó en el caso. En la guantera llevaba un envoltorio con 0,5 gramos de cocaína. Era la prueba que necesitaban: para la pesquisa, esa secuencia permitió acreditar directamente una maniobra de comercio de estupefacientes atribuida a Robledo.

Cinco días después llegó el procedimiento que terminó de cerrar el círculo.

El 29 de ese mes, allanaron la casa que Robledo compartía con Víctor Alexander Roldán Villaverde. En el lugar encontraron 62.900 pesos dentro de una caja ubicada debajo de un sillón. También hallaron cocaína (una dosis) junto a un teléfono celular en la repisa de un dormitorio. Pero el mayor hallazgo estaba en el patio trasero.

Dentro de una lata de cerveza cortada, escondida en un horno de barro, había tres envoltorios con 91 gramos del polvo blanco y una bolsa que contenía otros 205 gramos de la misma sustancia. En total, el procedimiento permitió secuestrar 296,1 gramos en ese domicilio.

La Justicia consideró que Robledo era la autora de la tenencia de la droga con fines de comercialización. Roldán, en cambio, fue considerado partícipe secundario.

La diferencia no fue menor. El fallo sostuvo que el hombre conocía el destino de la actividad y prestaba colaboración en la casa, pero que no tenía el control de las operaciones ni tomaba las decisiones. Su aporte fue considerado útil para la maniobra, aunque no indispensable para concretarla.

El acuerdo entre las partes

La causa terminó mediante un juicio abreviado, con un acuerdo pleno entre las partes que fue homologado por el juez de Revisión Juan Ignacio Pérez Curci. La investigación estuvo a cargo de la fiscal María Eugenia Abihaggle.

Robledo fue condenada como autora de tres delitos: transporte agravado de estupefacientes por el cargamento de 505 gramos, comercio de estupefacientes por la venta detectada en diciembre y tenencia de droga con fines de comercialización agravada. La pena fue de seis años de prisión.

Roldán recibió tres años de prisión en efectivo como partícipe secundario de la tenencia de droga con fines de comercialización agravada.