Inglaterra conquistó el bronce del Mundial de 2023 ante una valiente Argentina, gracias a un buen inicio de partido, al acierto con el pie de Owen Farrell y a un error de Nicolás Sánchez que erró un golpe de castigo que habría forzado la prórroga a falta de cinco minutos.
No logró esta generación de Los Pumas marcharse de París con el bronce al cuello, como lo hizo la de 2007, que pintó de ese color el techo del rugby albiceleste y en la tercera vez que disputaban la final de consolación se marcharon sin premio como en 2015 contra Sudáfrica.
Argentina volvió a chocar contra Inglaterra, la misma rival que les derrotó en su debut en este Mundial, un equipo al que no han sabido derrotar en ninguno de los seis duelos en la máxima competición del balón oval. Esta vez, el resultado terminó 26 a 23 a favor de los ingleses.
Esta vez, impulsada por un público afín, Argentina acarició el triunfo, lo tuvo más al alcance de la mano que en el duelo inaugural disputado en Marsella hace 50 días, pero se le escapó por un suspiro.
Se repusieron bien Los Pumas a un inicio calamitoso, consiguieron llevar la duda al campo adverso y, por instantes, hacer soñar a su hinchada con el triunfo.
Fueron pocos, los cuatro que separaron el ensayo conseguido por Carreras que permitía a Argentina ponerse por delante en el marcador, con el error del cordobés del Gloucester que devolvió a la Rosa la ventaja.
Luego, Nicolás Sánchez dispuso de un golpe de castigo de 36 metros, muy escorado, a falta de cinco minutos para el final y para empatar el encuentro, pero su disparo quedó ligeramente desviado.
El duelo permite pensar que hay Pumas para el futuro, que su gen competitivo puede hacerles abordar con confianza las próximas citas, pero también que hay terreno de mejora.
