“Cada uno tendrá su propia historia con Messi. Esta que les voy a contar es la mía”. La que habla es Barbi, mamá de Tomás. Es la historia de un encuentro entre un niño y su ídolo, pero esto sería como quedarse corto, puesto que no es una foto de un momento azaroso en la vida, como si uno tuviera la suerte de encontrarse en la esquina a Lionel y le pidiera retratar el momento. No, es la historia de una búsqueda de una madre preocupada por la enfermedad de su hijo, que se ha hecho viral en las redes sociales, principalmente porque la Copa del Mundo la ganó Argentina, y, finalmente, Messi. Pero aún así: “No es por el fútbol“.
“Esta es una de las millones de historias de Messi que no se conocen”, cuenta Barbi, que en 2008, comienza a darse cuenta que su hijo de 4 años no estaba bien: “Había algo en su salud que los médicos se lo estaban comiendo“. Para peor: “Y no lo querían investigar“.
De allí, la mujer decide comenzar a profundizar en lo que Tommy podía llegar a tener. “Empecé a leer, a buscar datos, a comparar informes, hasta que un día me senté con todos los papeles frente al pediatra y le dije: `Tommy tiene lo mismo que Messi´“.
El médico dudó de lo que estaba viendo y le preguntó a la madre por qué pensaba eso. La respuesta fue corta, pero directa: “Yo hice lo que vos no hiciste, investigué”. Por supuesto, hace 14 años de esta enfermedad no había tanto conocimiento por los organismos científicos, pero había casos y precedentes.
¿Qué tenían en común un chico de 4 años en Argentina y uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol mundial? El problema de la hormona de crecimiento.
Cuando Leo jugaba en las inferiores de Newell´s Old Boys, se le diagnósticó un problema debido a que se estaba quedando más corto que sus compañeros de equipo u otros niños de su edad. Era un déficit en la producción de esta importante hormona que regula el crecimiento. Se trata de un problema en la hipófisis, que es una glándula ubicada en el cerebro con la tarea de controlar el equilibrio de las hormonas, entre ellas, la del crecimiento. Para que se den una idea, a los once años, Messi medía 1,23 metros, la misma altura que se estima para un chico de nueve.
Volvamos a la historia principal que, como se ha dicho, no tiene que ver con el fútbol. A Tommy comenzaron a realizarle los cientos de estudios que antes no se habían hecho, incluso algunos desconocidos, que confirmaron el diagnóstico: “Tommy tiene lo mismo que Messi”.
Esto permitió comenzar un largo tratamiento de diez años con el sacrificio de tener que darle una inyección diaria a un niño. “¿Cómo le explicás eso a un chico de 4 años? Lo que va a doler y, sobre todo, que el resultado recién se va a ver al final del camino”.
Con la más sencilla y genial idea que se le puede ocurrir a una madre. Colocó un poster de Messi en la habitación de su hijo. “Y que pudiera ver que su ídolo pasó por lo mismo, que no fue un impedimento para Lionel cumplir sus sueños y que ahora además de tenerlo como ejemplo por el fútbol lo tenía de ejemplo de aguante, de tolerancia a los pinchazos, de esperanza de crecer, de otro chico que sabía que esto le iba a hacer bien”.
Una vez que el niño entendió lo que debía atravesar para poder corregir su problema, sólo había una pregunta para hacerle. “¿Querés conocer a Messi y hablar de esto con él?”. Y, por supuesto, dijo que sí.
Una situación que, obviamente, representaba todo un desafío para una madre tratar de ubicar al futbolista y sortear los filtros que debe tener una estrella asediada por la fama y los medios de comunicación. “¿Pero quién no mueve cielo y tierra por un hijo?”.
Así fue como consiguieron el teléfono de Jorge Messi, el papá de Leo, a quien le contaron que Tommy estaba atravesando lo mismo que se le había diagnosticado a su hijo. Y se dio una oportunidad debido a que la Selección Argentina tenía que concentrar. “Les aviso un día antes así lo veo a Leo en el lobby del hotel“, prometió Jorge.
El lugar era el hotel Intercontinental. El día, el 3 de septiembre de 2010. “A las 8 de la noche fui con Tommy a conocer a Messi“, detalla Barbi.
En el 2010, la estrella ascendente del Barcelona tenía 23 años y estaba un rincón del lobby, solo, “tranquilo, tal cual es. Nos acercamos. Tommy y él se abrazaron y nos sentamos los 3 en el piso, en la alfombra del hotel a charlar”. El encuentro duró más de media hora y no se habló de fútbol. “Una charla entre dos chicos, uno más grande y uno más chico que se entendían“, graficó la mamá.
En ese momento íntimo, Lionel le contó que las inyecciones se las daba en las piernas y Tommy que se les aplicaban en el brazo. “Hablamos que dolían, que había días que se lloraba, pero que había que bancarlo, que tener paciencia, que todo iba a salir bien“.
Incluso se habló de “que a veces jode que te digan pulga o enano, que quisieras ser gigante, pero que ser chiquito tenía sus ventajas también“. ¿O ustedes nunca vieron a Messi sacando ventaja cuando ponía primera y no lo podían parar porque, en el medio, metía un cambio de dirección? Si no, pregunten al croata Gvardiol.
“Te miro a vos y veo el mismo cuerpo que tenía yo a tu edad“, le dijo Leo a Tommy.
No hay video, advirtió Barbi, pero fue “una charla hermosa”.
“Estoy convencida de que el tratamiento de hormona de crecimiento le enseñó a Messi que para llegar a lo más alto hay que saber esperar. Que no es de un día para el otro. Pero que se llega”, resumió Barbi.
Por eso, “como no verlo el domingo a Messi y rezar para que ganar el mundial. Para que levantara la copa. Para que logre tener lo que le faltaba. Si estoy eternamente agradecida de él“.
No hay video, pero hay una foto. No hay camisetas de regalo, como suele suceder. “Messi le dijo ¿nos sacamos una foto? Y Tommy inocentemente le contestó `no te quiero molestar, todos te molestan pidiéndote una foto´”. Pero el ídolo insistió.
Barby, la mamá de Tommy, termina su relato, que se hizo viral en Twitter y a esta altura corona una semana de lágrimas de felicidad, de una manera simple. “Gracias Messi. Sos gigante“.
El relato fue rescatado en Twitter por el usuario @libreelpela, y es contada en este hilo.
