Se despoja de la amabilidad. Pierde la ternura, la delicadeza y la dulzura que rodea a casi toda mujer. De buenos modales, ni hablar. Marcela Acuña se enfurece, sus ojos se clavan en un punto y sube a defender lo suyo. Naturalmente, como cuando una madre tigresa protege a sus cachorros. En ese marco, con el estadio cerrado de Andes Talleres colmado, Acuña contuvo a su retadora por el título supergallo de la AMB, la mexicana Jazmín Rivas.

    La Rusita, quien ha respirado boxeo durante casi toda su vida (debutó a los 13 años como profesional), soportó la constante golpiza que le dio la argentina desde el primer round. Por tercera vez en nuestra provincia –en las otras dos fue protagonista El Relámpago Julio Pablo Chacón–, los mendocinos disfrutaron de una pelea por un título del mundo. Dicen los especialistas que Marcela Acuña no sólo mostró su acostumbrado coraje sobre el ring, sino también una técnica impecable durante los diez asaltos de dos minutos cada uno. Y comenzó de abajo hacia arriba.

    Ya en los primeros segundos lanzó su artillería de golpes a la zona hepática, lo que hizo arrodillar a Rivas, necesitada de un respiro. La Tigresa, sigilosa, se quedó paradita en el rincón más próximo a la mexicana para terminar con nocaut. Pero la boxeadora azteca sacó fuerzas y se recuperó ya sin inquietar. No tomó iniciativas, en el sexto casi vuelve a caer y así la formoseña se quedó con su tercera defensa.

    En la previa, también la buena noche del viernes tuvo representantes mendocinos (ver aparte), como el regreso de Claudio Tapia y los duros pleitos que ganaron por puntos Jonathan Barros, Daniel Brizuela y Patricio Pedrero. Hubo aplausos del público para el sanjuanino Mauricio Muñoz y el salteño Antonio Gómez, en el último combate, que quedó a favor de Muñoz. Así, Mendoza fue nuevamente sede de una fiesta del boxeo mundial