“No pienso irme de Cuba, nadie va a sacarme de mi país ni empujarme a un exilio forzado”, dice la cubana Yoani Sánchez, de 35 años, desde el otro lado del teléfono en La Habana. Luego de varios intentos de llamados que empezaron a la tarde, recién a las doce de la noche su voz se escucha nítida, clara y precisa del otro lado de la línea. No hace falta presentación ni pregunta; Yoani sabe que la llamamos desde Buenos Aires y quiere hablar con la misma urgencia con la que llena las páginas del blog Generación Y –su potente diario virtual–, en el que proyecta su mirada crítica y sus convicciones sobre la realidad en la que vive.
Yoani habita en el último piso de un edificio antiguo, en un típico barrio de la capital cubana, con su hijo, Teo, de 16 años, y su pareja, Reinaldo Escobar.
Filóloga graduada en la Universidad de La Habana en 2000, periodista y bloguera desde que se animó a sacudir el universo virtual de su país en 2007 y se hizo escuchar en el mundo entero desde el blog y el Twitter, Yoani Sánchez dice tener una sola obsesión de consumo: postear, publicar y expresarse.
Desde su amor por la lengua castellana, sostiene que su país merece ser refundado sobre la base de las palabras y los argumentos, y con esa certeza escribe, relata y grita, si es necesario, cada vez que logra conectarse a una computadora desde algún hotel de La Habana.
“Carezco de la objetividad de un analista, de las herramientas de un periodista y de la suave mesura de un académico. Mis textos son arrebatados y subjetivos, cometo el sacrilegio de usar la primera persona del singular, y mis lectores han comprendido que sólo hablo de aquello que he vivido”, escribió en su blog en 2008, y el texto puede leerse en el libro Cuba libre. Vivir y escribir en La Habana, publicado en la Argentina por la editorial Marea.
En otra entrada, dice: “Llegué a creerme que la voz de un individuo puede empujar los muros, oponerse a las consignas y desteñir los mitos”.
El día que escribió esas palabras, Yoani venía de ser incluida en la lista de las cien personalidades más influyentes del mundo por la revista Time. Corría 2008 y esta mujer que hoy se presenta con humor como una mezcla de hacker y lingüista, acumuló ese año otras tantas distinciones, como el premio Ortega y Gasset en la categoría Periodismo Digital, el premio Bitácoras.com, el premio The Bob’s y el premio María Moors Cabot, de la universidad estadounidense de Columbia. Hoy sus seguidores en el Twitter superan los 100.000 y su blog tiene más de 14 millones de entradas mensuales.
Yoani, ¿cómo hacés para escribir el blog? ¿Cómo es trabajar desde la clandestinidad y de qué manera solventás la conexión a Internet?
Bueno, el blog consume mucho dinero y lo actualizo en sitios como hoteles o cibercafés, donde el precio de una hora de conexión a Internet es muy caro: entre 5 y 8 pesos cubanos convertibles (entre 5 y 8 dólares) la hora. Lo hago gracias a mis ingresos y a algunas donaciones que recibimos de nuestros lectores en el mundo. La solidaridad de los amigos ha sido siempre de gran ayuda. Por ejemplo, en marzo del 2008, el gobierno cubano bloqueó mi bitácora en la plataforma DesdeCuba, donde se encontraban alojados varios blogs, entre ellos el mío, y eso complicó mucho las cosas. No podía leer mi blog, me conectaba a Internet, copiaba los textos escritos en casa en una memoria flash y los enviaba por mail. Mis amigos fuera de Cuba me los colocaban en el servidor y me mandaban los comentarios vía mail. Era una forma de bloggear muy primitiva.
¿Qué fue lo más importante que te ocurrió a partir de la creación del blog, en los últimos años?
Lo más significativo fue recuperar mi voz y darme cuenta de que tenía algo que decir, de una manera personal y propia. Pasé demasiados años en silencio, callada, simulando o mirando hacia otro lado y tratando de evadirme, de no tomar un compromiso social. Poco a poco fui descubriendo que, aunque no se notara, aunque pareciera que estaba sumida en la abulia, yo estaba observando, almacenando anécdotas, apuntando lo que veía. Esa recuperación de la voz fue muy importante. Haber podido decir lo que pensaba y escribir me trajo de todo: culpa y gloria; premio y castigo; abrazos en la calle de gente que me dice que pelee, que siga y que resista. Y el más encarnizado combate de los medios oficiales acusándome de cuanta cosa se les ocurra.
¿La recuperación de la voz vino a partir del momento en el que te pusiste a escribir?
Bueno, el proceso fue lento, pero recuerdo un día en particular, en el que sentí que ya no aguantaba más. El 13 de agosto de 2001 era el cumpleaños de Fidel Castro. Ese día prendí la radio y escuché a un locutor de voz engolada decir: “Hoy es el cumpleaños de la patria”. Pensé: “Ya no aguanto más esta confusión entre un hombre y la nación, entre un partido y una tierra, entre una ideología y un país; es demasiado”. Después de aquel día, pasó un tiempo hasta que, en 2004, fundamos una pequeña revista digital llamada Consenso junto con un grupo de amigos. Más adelante, en abril de 2007, descubrí el potencial de la bitácora o del blog como un proyecto individual y personal. Desde entonces, soy mi propia redactora jefa, mi propia censora y mi propia directora de planas.
Decís que estás limitada o amenazada. ¿Hasta dónde llegan las presiones exactamente?
La presión viene dada por la intimidación, las amenazas a mis amigos y a mi familia, la intervención de mi línea telefónica y los intentos de convertirme en una persona radiactiva, satanizada desde la propaganda oficial y la televisión. Eso tiene un efecto bastante fuerte sobre mi vida, pero afortunadamente ya no estamos en los tiempos en los que un individuo que era señalado por el poder también era condenado a una muerte social. Ahora algunos se atreven a acercarse y, sobre todo, hay una comunidad blogger creciente y muchos amigos que me acompañan en las dificultades y en el dolor.

Tu blog está en un servidor europeo y tenés amigos cubanos que se comunican desde el exterior…
Sí, mi blog no está ubicado a un servidor cubano porque eso es imposible. Ningún ciudadano en Cuba puede ir a una oficina y comprar un dominio donde alojar una página personal. Los pocos dominios que hay son institucionales y pasan por un filtro ideológico y político. Mi blog está ubicado desde hace cuatro años a un servidor europeo que compré en 2006 y recibe muchos comentarios de cubanos que están regados por el mundo. Gracias a la solidaridad de las personas que me escriben, me informo de lo que pasa en el mundo y en mi propio país; me envían por SMS a mi teléfono móvil noticias internacionales y sucesos que ocurren en el interior de la isla o en mi propia ciudad.
A partir de cuándo se puede leer Generación Y abiertamente, desde cualquier lugar de Cuba?
Entre marzo de 2008 y febrero de 2011, el gobierno cubano implementó un filtro para bloquear el blog hacia el interior de Cuba, impidiendo que los lectores de la isla pudieran leerlo. Por este motivo, estuve durante más de tres años bajo el apagón, bajo la censura del boicot electrónico. Hubo muchas presiones de todas partes y, por fin, en febrero pasado, levantaron el banderín. Ahora bien, aunque es posible entrar a leerlo, el castigo para las personas que osen entrar desde una oficina pública, desde un centro de estudios o una institución es bastante grave; se ha levantando la censura tecnológica, pero la censura humana sigue allí. Además, el precio del acceso a Internet es muy elevado para los cubanos y la conectividad es bastante lenta, así que son muy pocos los cubanos que pueden ingresar al blog.
¿Cómo es el día a día en la isla, cómo es vivir en Cuba desde adentro? ¿Cuáles son las limitaciones y cuáles son los aspectos positivos de vivir allí?
Creo que lo más positivo lo da la ubicación geográfica, toda la magia de esta isla. Vivimos en una isla tocada por el ángel de la creación, donde hay magníficos escritores, poetas, artistas plásticos, músicos, pero duele mucho ver que todo ese talento esté subvalorado a nivel salarial, con pocas expectativas futuras de evolución. Duele mucho ver a un neurocirujano que tal vez es el mejor de toda la zona del Caribe, llevando zapatos con huecos y yendo a trabajar en bicicleta. Ésos son los claroscuros de nuestra realidad. Claro está que no todo es penumbras, no todo es gris, pero a cada cosa maravillosa que veas, a cada lindura, le cuelgan una serie de daños colaterales. Éste es un país hermoso y lo que hay que hacer es, justamente, potenciar esa belleza y darle la oportunidad de sacarla; que no esté monopolizada por un partido, por una ideología, sino que realmente muestre la verdadera pluralidad que hay en el país. Ésta es una isla plural como todo el resto de los países del mundo. ¿Por qué vamos a ser nosotros los únicos monocromáticos?
¿Cuáles son tus expectativas a corto o mediano plazo?
La realidad cubana de hoy es una realidad tan llena de limitaciones y absurdos, tan llena de situaciones ilegales, de prohibiciones y burocratismo que veo muy difícil que el gobierno pueda abrir una de esas válvulas sin que se comprometa seriamente el sistema. Para usar una metáfora, podría decir que el sistema cubano actual es como una de esas viejas casas de La Habana en las que te paras enfrente y dices: “Es un milagro que esta casa esté en pie”. Pasan huracanes, vientos, lluvias, y la casa sigue. Pero un día, a alguien se le ocurre quitar un tornillo de la puerta y la casa se cae. Bueno, en ese punto estamos ahora los cubanos. Cualquier ajuste o flexibilización en un sistema que se ha basado tanto en la prohibición puede comprometer seriamente el control del gobierno sobre la realidad.
¿Ésa es tu visión sobre el modelo cubano?
Sí, porque es un modelo demasiado lleno de cosas prohibidas. Esto de que no se pueden comprar casas y autos desde hace más de cuarenta años o que los ciudadanos no puedan viajar ha hecho que se acumulara un ansia y un apetito de poseer todos estos bienes materiales y de salir al extranjero que, cuando se autorice, uno no puede calcular cómo puede cambiar eso el espectro social, cuántas cosas puede desencadenar.

Yoani, ¿cómo te ganás la vida?
Durante más de quince años viví dando clases de español a turistas extranjeros de manera ilegal, sin licencia, y esto es algo muy común en mi país. Es muy habitual que la gente alrededor de los hoteles desarrolle profesiones paralelas, como taxista, profesor de baile y, de ahí, hasta la burda prostitución, que es cada vez más evidente en las calles. En los últimos años, gracias a la visibilidad que me ha dado el blog, he podido publicar artículos y libros, y eso ha compensado un poco las estrecheces cotidianas, pero básicamente me gano la vida con la palabra, con los conocimientos filológicos que tengo porque soy graduada en Filología.
En un momento, desde el Twitter, hiciste una defensa de las palabras y los argumentos frente a las armas y la guerrilla de otra época. ¿Esa es tu misión, tu bandera hoy?
Bueno, mi nación ha experimentado en carne propia lo que sucede cuando un país se refunda sobre la base de los uniformes militares, las guerrillas y las armas. Eso desata un ciclo de violencia y de enfrentamiento social, de crispación y odios, que en un principio parece no notarse porque la gente está en la euforia del triunfo, pero que después cala muy profundo y divide a las familias, enfrenta a padres e hijos y separa a las personas. Yo creo que a este país hay que refundarlo sobre la palabra. Por favor, que la próxima revolución no baje de las montañas ni venga con fusiles, sino que sea desde el pensamiento, desde el argumento, desde la propuesta de futuro. Y, sobre todo, que no esté basado en un igualitarismo, sino en poder ofrecerle a todo el mundo una oportunidad de prosperidad y de desarrollo personal y profesional.
En tu caso, Yoani, ¿qué cambió en vos desde que te convertiste en madre y qué intentás transmitirle a tu hijo, Teo?
Mi hijo, Teo, está comenzando el preuniversitario y es mi motor impulsor fundamental. De él nunca he escuchado una palabra de desaliento, ningún llamado a que deje de hacer lo que hago; todo lo contrario. Una de las cosas que más me empuja a escribir y a contar mi realidad, a narrarla de la manera crítica en que lo hago, es el sobresalto que tengo frente a qué va a ocurrir con el futuro de mi hijo. Si todo sigue como estamos, tal vez mi hijo engrosará las filas de los exiliados buscando una oportunidad afuera. También tengo temor de que se convierta en un burócrata frustrado poniendo cuños a un papel y recibiendo un salario miserable, una persona sin sueños, una persona que no viaja, que no puede encontrar quizá la literatura que tanto le gusta… Entonces, en aras de que eso no ocurra, de que él tenga oportunidades y no tenga que moverse en un mundo de fanatismos, su sola presencia es un estímulo fundamental para mi escritura.
¿Te gustaría tener más hijos?
Sí, pero en estos momentos no creo que sea posible porque el tema habitacional en Cuba es muy complicado. El nivel de gastos es muy alto, tener un hijo es muy costoso y eso no es solo una reflexión que hago yo; lo hace la mayoría de las mujeres cubanas que se resisten a parir. Cuba tiene una natalidad del primer mundo y una emigración del tercer mundo. En esa situación estamos atrapados y, por eso, cada vez es un país más viejo.
¿Sentís que falta poco para que la situación cambie?
Creo que va a cambiar, pero soy optimista a muy largo plazo. Creo que esta isla tiene una fórmula nacional que la tiene que llevar obligatoriamente al bienestar, a la prosperidad, a la inclusividad, a la concordia, pero sé que vienen años muy difíciles. Sé que vienen años muy duros y sé también que voy a estar en el epicentro y en el torbellino de muchas cosas. Vienen momentos muy difíciles para la nación y, en especial, para los que tenemos una opinión crítica, pero acá vamos a estar. He apostado por quedarme y acá sigo. Quiero vivir los cambios desde adentro.
Yoani MarÍa Sánchez Cordero
Nació en 1975, en La Habana, Cuba. Está en pareja con el periodista Reinaldo Escobar, con quien tuvo a su hijo, Teo. Filóloga y periodista, se hizo conocida por su blog Generación Y, desde donde hace una descripción crítica de la realidad cubana. Ha obtenido distinciones internacionales. Su libro, Cuba Libre. Vivir y escribir en La Habana, se encuentra prohibido actualmente en Cuba.
