Un momento casi fugaz. En cuestión de segundos, las extremidades de uno y otro se confunden, y casi sin darte cuenta, estás dentro de una orgía de sensaciones. La temperatura sube, tus piernas tiemblan, y… todo acaba igual de rápido, pero igual de intenso. Un plato que gusta ver de vez en cuando en el menú, pero que acaba siendo frustrante cuando se repite demasiado. 

Vivimos en una sociedad en la que todo es “rápido”. Parece que siempre vamos con prisa y nos paramos a disfrutar de los pequeños placeres, casi sólo en vacaciones. Y resulta que ha tenido que ser una nueva moda, la que ha venido a llamar nuestra atención, para que empecemos a tomarnos la vida de otra manera. Se denomina “slow life”, y su principal estandarte, hasta ahora, era el “slow food”.

Nacido en Italia, este movimiento invita a tomarse la comida no sólo como una necesidad que satisfacer, sino como un placer para deleitarse. Así, no se trata sólo de “masticar despacio”, sino de consumir productos frescos, promoviendo el autocultivo, pero también la creatividad en el momento de cocinar, así como la tranquilidad y la buena compañía en el momento de ingerir. Siempre con calma, siempre saboreando. 

Esta filosofía de abandonar el “fast food”, para darle a la necesidad primaria de alimentarse un lugar más destacado en nuestras vidas, se ha trasladado también al terreno sexual. El “slow sex” no trata sólo de alargar el coito, o tener un ritmo más pausado en la penetración, sino que busca conseguir que el sexo sea algo más que satisfacer una necesidad, para que participen todos los sentidos, y poder disfrutar con calma de la experiencia.

En realidad es una cuestión muy sencilla: redescubrir nuestro propio cuerpo y el de nuestro amante. Dejar de hablar de coito y preliminares, para hablar de encuentros, sesiones, o por qué no, maratones sexuales. Podríamos decir que se trata simplemente de tomarse el sexo como un arte, y de practicarlo con tiempo, mimo y calma, y no de dejarnos llevar por rutinas del estilo “uno rapidito el sábado, porque toca”. 

Una manera de tomarse el encuentro con más calma es dejarse llevar por música de ritmos lentos, como por ejemplo, Sade

Nos cuesta liberarnos del manual de instrucciones en las artes amatorias, y es que una vez más parece que tiene que venir alguien a explicarnos el “cómo”, para convencernos y ponernos manos a la obra. La nueva gurú en esto del “slow sex” es Nicole Daedone, y en su libro, “Slow Sex”, propone redefinir el orgasmo femenino. La idea fundamental, de hecho, es conseguir alcanzar el orgasmo femenino en 15 minutos, para lo que incluye conceptos que los hombres deben conocer sobre las mujeres, y las mujeres sobre los hombres, así como consejos para salir de la rutina.

Precisamente esa es una de las ideas claves, “salir de la rutina”. Bajo el concepto del slow sex, en realidad, lo que está es la idea de recuperar el deseo. Es decir, que no se trata sólo de mejorar en sí el momento del encuentro, sino de desear que llegue. Para ello hay que empezar a entender que el deseo no se aviva sólo en la cama, sino en el día a día. ¿Y eso cómo se hace? Pues con esos pequeños detalles que marcan la diferencia. Un mensaje subido de tono mientras está en el trabajo, una caricia pícara en un momento inesperado, un susurro con promesas ardientes para la noche, la imaginación manda. Y no sólo eso, a veces no hay mejor afrodisiaco que conseguir que nuestra compañera o compañero se sienta querido y valorado (y es muy cierto).

 Entrando ya en materia, en esto del slow sex hay diversas normas o consejos a seguir, para que no todo sea penetración, sino aprender a gozar del momento, y del orgasmo, de forma también manual u oral. 

Aún no se encuentra la versión subtitulada pero le dejamos el vídeo de consejos para Slow Sex, en inglés.

Quizás uno de los secretos es “redescubrir la piel”. Solemos pecar de ir tan directos al grano, que nos olvidamos simplemente de pasar un rato proporcionándonos placer mutuamente. Una sesión de besos, caricias, un masaje, un largo abrazo, un arrebato de mordiscos y arañazos, un juego corporal, etc. Los mal llamados “preliminares” no deben ser sólo una manera de calentar el horno. Hay que entender que el primer paso para salir de la rutina es soltar la partitura y llevar nuestro propio ritmo, por ejemplo, rompiendo con el orden habitual de las cosas. ¿Quién dice que la penetración tenga que estar al final, y no al principio o en medio de nuestra sesión sexual? O simplemente, ¿quién dice que siempre tenga que haber penetración?

Se trata de pasar un rato disfrutando de la compañía del otro, de su cuerpo y del nuestro, y para conseguir ese objetivo, no hay una sola fórmula, sino todas las que nosotros queramos inventar. Podemos tener una sesión de sexo rápido, una sesión de sexo lento, o simplemente un día de jugueteos que avive un poco nuestra llama.

 El sexo puede ser “algo más”, y sobre todo, un disfrute y no un trámite por el que pasar. Todo depende de proponérselo, y brindarle no sólo tiempo, sino también ganas. Modas, gurús y libros de consejos aparte, cada uno puede encontrar la manera de disfrutarlo cómo más le guste, si al menos le dedica un tiempo a averiguarlo. 

Fuente: El País