Según diversos estudios científicos, los mitos para fin de año –donde entran las supersticiones sexuales- pueden dañar nuestra salud sexual. ¿Por qué? Porque los tomamos como “ley”, como verdad absoluta y por lo tanto, nos impiden ejercer libremente nuestra sexualidad.

Comencemos por definir qué es una superstición. Según la Real Academia Española, “es una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”. Es una especie de explicación mística, mágica, musical a una serie de fenómenos o eventos y sus relaciones que no logramos entender de otra manera — sino a través del ilusionismo—.

Esto es justo lo que nos ocurre con el sexo, el amor y las relaciones humanas en general. Escapan, en muchas ocasiones, a toda explicación lógica, simplemente suceden.

Muchos de los rituales de fin de año son una respuesta a esta incertidumbre, y pensamos que si los llevamos a cabo adquiriremos seguridad en el área donde somos débiles y — mágicamente —, ocurrirá el milagro del amor/pasión/entrega.

Para muestra, un botón:

– Usar ropa interior de color rojo o un listón rojo amarrado a la cintura.

– Intercambio de prendas. Se cree que fortalece la relación con nuestra pareja, pues al canjear una prenda que traigan puesta los destinos estarán ligados durante todo el año.

– Amarre rojo. Para que una persona “entregue” su amor, se ata una foto suya con un listón rojo para ponerla bajo la almohada y dormir así.

– Juego de las sillas. Para contraer matrimonio, siéntate y párate en cada una de las sillas del comedor, con cada una de las 12 campanadas del reloj.

– Quien pase primero. Por extraño que pueda sonar, este ritual es muy famoso en Francia. Consiste en besar a la primer persona desconocida (del género que te atraiga) y con esto, aseguras que el amor no falte durante el año que inicia.

– Champaña “milagrosa”. Si ya estás casada(o), mete tu anillo en una copa de champaña, tómatela, luego saca el anillo y póntelo. Supuestamente esta es la clave para un matrimonio feliz y en armonía.

Los rituales en sí, no hacen daño a nadie, el problema es cuando creemos que con esto, ya no tendremos que hacer más a lo largo del año. Para qué “echarle ganas” y ver qué me pasa con la pareja si ya hice un “amarre”, debe llegar solito…

Sin embargo, si tomamos estos rituales como gestos simbólicos, nos podría servir para tomar fuerza e ir por lo que queremos.

Yo estoy convencida que todo sirve, solo depende de cómo lo usemos. Se vale que sea a nuestro favor y hacer algo con ellos. Lo que no nos apoya mucho es darles todo nuestro poder y luego sentarnos a esperar… la magia la hacemos nosotros.

En el amor, en el sexo y en las relaciones humanas, nada está escrito… la historia la hacemos nosotros.

Las supersticiones y los rituales pueden ser muy divertidos y forman parte de nuestra cultura. Yo hago más de uno cada 31 de diciembre porque, como diría mi abuela, “nunca está de más”.

Fuente: CNN