Aunque todavía faltan algunas semanas para que llegue la primavera, agosto es uno de los mejores meses para empezar a preparar el jardín. Las temperaturas comienzan a moderarse, los días se alargan y muchas especies aprovechan este período para desarrollar sus raíces antes de la floración.

Si la siembra se realiza ahora, es posible disfrutar de un jardín repleto de flores apenas cambie la estación. Entre las opciones más recomendadas se encuentran la caléndula, el alelí y la nigella, tres especies fáciles de cultivar y que aportan color durante varios meses.

Caléndula: la primera en florecer

La caléndula (Calendula officinalis) es una de las flores más elegidas para sembrar a fines del invierno. Resiste bien el frío y suele ser de las primeras en florecer cuando llegan los días más templados.

Además de su atractivo ornamental, ayuda a atraer abejas y otros insectos polinizadores, favoreciendo el desarrollo del resto del jardín.

Puede sembrarse directamente en tierra o en macetas, siempre en un lugar donde reciba entre cuatro y seis horas de sol por día. Conviene mantener el sustrato húmedo, pero evitando el exceso de agua.

Alelí: perfume y color durante semanas

Otra excelente opción es el alelí (Matthiola incana), una planta muy valorada por el intenso perfume de sus flores.

Sus racimos pueden presentarse en tonos blancos, lilas, rosados, amarillos o violetas y, si se siembran durante agosto, desarrollan un sistema radicular fuerte antes de la primavera.

Necesita pleno sol, un suelo fértil con buen drenaje y riegos moderados para crecer sin inconvenientes.

Nigella: una flor delicada y diferente

La Nigella damascena, conocida popularmente como “amor en la niebla”, se distingue por sus delicadas flores azules, blancas o rosadas rodeadas de un fino follaje que le da un aspecto muy particular.

Lo ideal es sembrarla directamente en el lugar donde crecerá, ya que no tolera bien los trasplantes. También requiere buena exposición al sol y un suelo liviano que permita un correcto drenaje.