Siempre estuve interesada en el vínculo que existe entre el cine, la música y la moda. En realidad, mi acercamiento al mundo de la moda fue a partir de este nexo, que con el paso del tiempo se vuelve cada vez más estrecho.
Es así como al encontrarme con un film íntegro, desde su guión hasta su vestuario, me dedico a desglosar las distintas piezas que forman parte de los personajes y que ayudan a definirlo. Esto es justamente lo que me sucedió con Un viaje de 10 metros.
Con una historia que transcurre en el sur de Francia, y una impecable dirección de fotografía, esta película nos invita a un exquisito “amanecer de los sentidos”.

Sus acertadas elecciones de vestuario logran fusionar el estilo vibrante de los colores de la India con siluetas clásicas y sofisticadas, reflejando entre líneas el choque de culturas que forma parte del argumento de la película.
En uno de sus personajes principales, Madame Mallory – interpretado por Helen Mirren – el vestuario juega un papel protagónico, ya que expone las características del personaje a través de la elección de texturas, estampas y tipologías: chaquetas de tweed, trajes en tonos clásicos, camisas en tonos neutros, faldas en línea A, accesorios vintage… éstos son sólo algunos de los detalles que convierten al vestuario en uno de los elementos para dar cuenta de los rasgos del personaje.

Lo más interesante es cuando la moda como forma de expresión trasciende la pantalla, como en el caso de Helen Mirren, que convierte cada uno de sus looks de avant premiere en una elección acertada, mostrando elegancia, armonía y sofisticación. ¿Sus claves? El corte a la cintura, la combinación de estampas y texturas sutiles, y los sacos de hilo como mejor aliado para para reemplazar las mangas largas.

Un viaje de 10 metros, y definitivamente un 10 como ícono de estilo.

Imágenes: Google Images y Just Jared
