Uno de los secretos es controlar tu musculatura respiratoria, para mejorar tu carrera sin sobrecargar las piernas.
Cuando corrés a nivel aeróbico o moderado durante un periodo largo, el ritmo baja por fatiga muscular y pulmonar. El motivo es el cansancio de los músculos inspiradores, siendo el principal el diafragma, que se contrae en la inspiración y el de los músculos locomotores (piernas), que compiten por el oxígeno, que escasea cuando incrementás el ritmo.
Cada uno tiene un ciclo respiratorio diferente, en función de su genética, o el estado de forma. Para modificarlo y beneficiarte como corredor, tenés que seguir unos sencillos pasos que requieren concentración, práctica y olvidarte de la velocidad, que adecuarás al ritmo respiratorio:
Identificá tu ritmo: contá los pasos que tardás en inspirar y en espirar cuando corrés a un paso cómodo. Puede ser un ritmo de 2 en 2, (inspirar en 2, espirar en 2) o de 3 en 3. Tomate un par de semanas para determinarlo.
Mejorá la eficiencia: solo tenés que consumir menos oxígeno. Se utiliza en sesiones de intensidad baja o moderada, acortá la inspiración y mantené o alargá la espiración. Es decir, si partís de 2 en 2, pasa a 1 a 3.
Aumentá tu velocidad: practicalo en nivel anaeróbico, el que trabajás en series, cuestas o intervalos de alta intensidad. Se trata de aumentar la inspiración, se hace en 3 tiempos, y acortar la espiración en 1.
¡Ponelo en práctica y verás los resultados!
