Creo que en invierno es cuando más hay que recurrir a los colores fuertes y llamativos…

Yo no vivo la moda como un instrumento más que nos acompaña en nuestro camino por la vida, sino como un lenguaje que nos permite expresarnos, jugar, generar contradicciones y desafiar al mundo que nos rodea. No me entusiasma camuflarme entre los pastizales o los edificios, sino que me gusta agregarle color y energía a esta ciudad que está invernando.

Me gustaría ver más rojo o fucsia entre esos sacos grises. O que un cuello amarillo de camisa se asome debajo de la bufanda. Quizás una cartera con un color estridente, o unos pantalones floreados.

No nos damos cuenta de la fuerza que tienen los colores, del poder que tienen sobre nosotros. Cuando una empresa tiene que elegir su color institucional, hace un estudio exhaustivo para dar con el tono que mejor lo representa y que genera en el público el efecto que ellos buscan. Los diseñadores más prestigiosos pagan fortunas a los estudiosos de las tendencias del color. Ellos saben que una mala paleta de colores en su colección puede significar una baja en las ventas.

Así que no subestimemos el poder del color en nuestro placard de invierno. El negro, camel, gris y beige son colores neutros que pueden ser muy respetables y elegantes, pero necesitan de un color con vida y energía para completar su mensaje.