Un comercial de la marca automotriz japonesa Toyota muestra la crianza de una niña desde dos emotivas perspectivas. La publicidad titulada “Loving Eyes” se divide en dos partes: desde los ojos del padre y la hija que muestran los mismos sucesos.

La historia comienza cuando se ve al padre emocionado con su bebé recién nacida. A medida que crece su hija, que se gradúa, la historia da vuelta atrás en el tiempo, hasta que pega un calco en su auto que dice: “Bebé a bordo”.

El verdadero sentido del comercial llega en la segunda mitad, que sigue la misma historia, pero contada desde la perspectiva de la hija, que muestra las reacciones o la vista que tendría un adolescente al sentir que sus padres a veces son molestos, pero siguen protegiéndola.