Una expedición científica australiana que tenía como principal objetivo estudiar el impacto del calentamiento global sobre los glaciares de la Antártida terminó con un hallazgo inesperado: los investigadores recolectaron una gran variedad de criaturas marinas, algunas de las cuales podrían ser nuevas especies para la ciencia.
La misión se extendió durante 60 días y se realizó a bordo del rompehielos RSV Nuyina, en una de las regiones más extremas y menos exploradas del planeta. El equipo concentró parte de sus trabajos en las inmediaciones del glaciar Denman, ubicado en la Antártida Oriental y considerado especialmente relevante para estudiar los cambios que atraviesa el continente blanco.
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El objetivo inicial era analizar cuánto calor circula desde las aguas profundas hacia la plataforma de hielo y determinar cómo ese fenómeno puede afectar su estabilidad. Sin embargo, al desplegar redes en sectores del fondo marino prácticamente inexplorados, los científicos se encontraron con una biodiversidad mucho más llamativa de la esperada.
Las extrañas criaturas encontradas
Entre los ejemplares recolectados durante la expedición aparecieron pulpos, estrellas de mar, crustáceos y enormes arañas marinas, además de organismos mucho menos conocidos para el público.
Uno de los grupos que más llamó la atención fue el de los llamados cerdos marinos, pertenecientes a la especie Protelpidia murrayi. Se trata de organismos translúcidos y sin ojos que están emparentados con los pepinos de mar y que viven sobre el fondo oceánico.
También fueron encontrados ejemplares de mariposas de mar, pequeños caracoles marinos de la especie Clio pyramidata. A diferencia de los caracoles terrestres, estos animales se desplazan por el agua utilizando estructuras similares a pequeñas alas.
La expedición también permitió observar arañas marinas de grandes dimensiones, un fenómeno relacionado con el denominado gigantismo polar, por el cual algunas especies de invertebrados alcanzan tamaños considerablemente mayores que sus parientes de otras regiones del planeta.
Una mariposa de mar puso huevos durante la expedición
Uno de los momentos más llamativos ocurrió a bordo del RSV Nuyina, cuando un ejemplar de mariposa de mar recolectado por los investigadores comenzó a poner huevos dentro de uno de los recipientes utilizados para conservar las muestras.
El episodio permitió a los científicos observar en vivo un proceso reproductivo que habitualmente resulta muy difícil de estudiar en las condiciones naturales de las profundidades antárticas.
Laura Herraiz Borreguero, especialista vinculada a la Asociación del Programa Antártico Australiano, destacó el valor de poder mantener al animal bajo observación y seguir su evolución.
El hallazgo convirtió una simple muestra recolectada durante la investigación en una oportunidad para analizar de cerca el comportamiento y el desarrollo de estos pequeños organismos marinos.
Un iceberg verde sorprendió a los científicos
La expedición también dejó otra imagen poco habitual. Durante la travesía, los científicos observaron un iceberg de color verde azulado, con una tonalidad que recordó al jade.
La explicación podría encontrarse en su composición. La profesora Delphine Lannuzel, del Centro Australiano para la Excelencia en Ciencias Antárticas, señaló que la tonalidad podría estar relacionada con una elevada presencia de hierro.
El fenómeno volvió a poner de manifiesto la particularidad de los ambientes antárticos, donde las condiciones físicas y químicas pueden generar paisajes y ecosistemas muy diferentes de los observados en otras regiones del planeta.
