Debido a que los requerimientos calóricos aumentan en los meses de frío, es normal que muchas personas ganen unos kilos durante el otoño e invierno. Sin embargo, la clave no es realizar cambios drásticos en la dieta para llegar al verano, sino que es necesario controlar las calorías que se consumen para lograr un descenso gradual de peso.

El cambio de hábitos alimentarios, entonces, resulta fundamental. Luego del invierno el organismo necesita depurarse, eliminar toxinas y mejorar el aporte de nutrientes para afrontar los cambios bruscos de temperatura y los días más largos.

Uno de los cambios más difíciles que deben incorporar las personas que desean perder peso es no saltear comidas. Este es el talón de Aquiles de mucha gente, sobre todo de aquellas que trabajan. Ya sea porque el lugar de trabajo no tiene comedor o por el costo que implica comer afuera de manera sana y adecuada. Un alto porcentaje de la población activa no almuerza y a la hora de la merienda “toman un cafecito”, lo que conspira directamente en el estado de salud y en un aumento gradual pero sostenido de peso.

Una posible solución es incorporar a la vianda opciones saludables para un día de rutina como tartas de verduras, ensaladas con vegetales de estación o algún sándwich que sea de pan árabe o integral y agregar 1 fruta, 1 yogur o 1 postre diet. También es aconsejable no pasar toda la tarde sin comer para evitar llegar a la casa con demasiada hambre. Por eso se recomienda ingerir a la tarde mínimamente 1 infusión con 4 o 5 galletitas de agua, 1 barra de cereal o 1 turrón de maní que ayudan a cumplir con un mínimo fraccionamiento de la dieta. Si la opción es ir a comer a un restaurante se puede elegir optar por parrilla (cortes de carne magro pollo, pescado o cerdo magro) y/o abundante salad bar, sobre todo aquellas ensaladas verdes o con tomates de cualquier tipo (vegetales del grupo A) que son muy hipocalóricas (tienen un promedio de 60 calorías cada 500 grs. de vegetal).

Los pilares de la alimentación en primavera son las frutas y las verduras que en función de la cantidad de vitaminas antioxidantes y minerales que aportan son especialmente útiles para cumplir funciones depurativas y regenerativas del organismo teniendo en cuenta además su adecuado valor calórico. Entre frutas y verduras deberíamos incorporar 4 o 5 porciones en el día siempre priorizando consumirlos crudos para mantener sus principios nutritivos y el buen nivel de antioxidantes.

Los vegetales son muy útiles para la depuración del organismo porque tienen un bajísimo valor calórico (solo aportan 3 % de hidratos de carbono y el resto es agua y fibras), lo que implica que aunque comamos 1 Kg. de vegetales de hojas verdes sólo aportamos 120 calorías. 

-Asesoró Lic. Marcela Ciaño – Jefa de Nutrición de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, MN. 1113