Sofía (31) Nicolás (24)

“¡Hay cada tiro al aire de 40!”

“A mi novio lo conozco desde que era más chica, pero no lo veía tanto. Nuestros padres tienen amigos en común y un día, cuando él ya era más grande, nos encontramos en una fiesta de fin de año y empezamos a charlar. Yo tengo 31 años y Nicolás, 24. Tengo una casa de decoración, estoy abriendo un nuevo local y el hecho de que mi novio tenga siete años menos que yo me da un margen de tiempo para seguir avanzando con mis proyectos profesionales. Él estudia Ingeniería, le falta un poco para recibirse y yo solo siento la diferencia de edad en cuanto a la experiencia; no se trata de un tema de madurez o inmadurez. En nuestro caso, él es más maduro que yo en muchas cosas, pero yo tengo unos años más de experiencia de vida. Por ejemplo, vivo sola desde los 18 y él nunca vivió solo. Eso, además de la experiencia laboral, porque yo tuve varios trabajos antes de concretar mi proyecto y él recién está haciendo su primera experiencia en una empresa. Por lo demás, él sabe muy bien lo que quiere y es muy maduro.

Cuando empezamos a salir, tuve alguna crisis que me llevó a cuestionarme y plantearle cosas, pero después lo descarté porque no tenía motivos para dejar una relación que me hace muy feliz. ¡Hay cada tiro al aire de 31, 36 o 40 y cada tipo interesante y piola de 24 o 25! En la pareja hay dos personas que se encuentran y la idea es que tengan un plan de vida similar. ¿Convivir? Casi lo hacemos, pero informalmente, porque él sigue viviendo en lo de sus padres y viene a casa.

Un machista diría que soy como el hombre de la relación, porque en lo económico soy la que aporto más a la pareja. Pero trabajo, vivo de lo que hago, y no me molesta para nada compartir lo que tengo con él, invitarlo a comer o pagarle un viaje. Cuando estamos juntos, para nosotros y para los que nos quieren, la diferencia de edad se esfuma. Si estás rodeado de buenos amigos, de una buena familia, algo así no puede ser importante. Nunca lo sentí como una presión, algo que pesara o nada por el estilo”.

María Elena (60) Jorge (52)

“La diferencia solo la ven los de afuera”

“Cuando conocí a Jorge, yo tenía 29 y él, 21. Se había ido a vivir solo con unos amigos y así nos conocimos. Casi me muero cuando me dijo su edad, porque no parecía tan chico; era reservado, serio, maduro. Empezamos a salir y la relación se fue dando. Me había separado de mi primer marido hacía un año; mi ex me llevaba trece años y yo le llevaba ocho a Jorge, así que el cambio fue enorme. Mientras que mi primer marido a veces se ponía muy pesado, con Jorge todo era más fresco, nuevo, divertido; con él me dieron ganas de formar una familia desde el primer momento. Jorge siempre dice que al principio le llamó la atención mi aspecto y las cosas que yo decía; creo que lo que pasa es que la gente más grande despierta más curiosidad, tenés más experiencias y conocés más cosas. Eso resulta atractivo. Creo recordar que Jorge se asombraba cuando hacíamos cosas que él descubría por primera vez. A mí, me parecía el más buenmozo del mundo y era un buen tipo, atractivo por muchos motivos… Nos enamoramos enseguida, nos fuimos a vivir juntos al poco tiempo y el año pasado cumplimos treinta años juntos.

En estos años tuvimos tres hijas, que hoy tienen 26, 22 y 19, y pasamos muchas etapas. Muchas veces me dijeron: “Nena, lo tenés que cuidar porque tu marido es más joven”. Pero esos son prejuicios… Seré inconsciente, pero no lo veo por ese lado, porque, si no, no podés vivir, te empezás a torturar y ¿qué sentido tiene? Además, yo también era llamativa y recuerdo momentos en los que él se ponía celoso. Cuando era joven, Jorge era más inseguro, pero con los años se puso muy firme; tiene mucha determinación, está muy bien plantado.

Las ocasiones de infidelidad se dan en todos lados. Si tenés una mala relación, hay cosas que se van perdiendo. Lo que no podés perder son ciertas cosas en común y el diálogo, la manera de comunicarte; en eso hay que esforzarse todos los días. Después de tantos años de matrimonio lo que tenemos es un amor profundo… Después de tanto tiempo juntos, lo único que puedo decirte es que a la diferencia de edad la ve mucho más la gente de afuera que uno”.

Mariana (42) Lukas (31)

“No es fácil, pero vale la pena”

“Con Lukas nos conocimos en 2008 durante un festival de teatro. Yo tenía 39 y él, 28. Fue un impacto visual desde el primer momento y empezamos a salir apenas nos encontramos. La cosa fue muy directa, no hubo nada de histeriqueo o esas cosas que pasan cuando sos más chica. Él se movía sin miedos, sin vueltas… más fresco que otros tipos con los que había salido.

Lukas es alemán y cuando lo conocí vivía acá desde hacía cinco meses; empezamos a salir cuando terminaba el verano y para la primavera estábamos conviviendo. Después nos fuimos de viaje juntos al interior, donde viven mi papá y otros familiares, y al tiempo de volver a Buenos Aires, yo quedé embarazada de nuestra hija, Julia. La noticia del embarazo reafirmó nuestro deseo de formalizar, así que un par de meses después nos casamos en el campo de mis abuelos en Mendoza.

En ese momento, yo no pensaba demasiado en la diferencia de edad que teníamos. Estaba tan enamorada que no podía creer tener un hombre más normal, más natural, al lado mío. Y durante los primeros tiempos, no salíamos demasiado, estábamos conociéndonos y nos gustaba quedarnos en casa, o salir a comer, o tal vez ir al cine… A mí ya me daba fiaca ir a fiestas y salir. Lo que más me gustó de Lukas fue su approach, su manera de acercarse, tan directo. He tenido muchos pretendientes y con ellos todo era un ir y venir. Cuando lo conocí, pensaba: ‘Si me gusta alguien, quiero que la cosas fluya, quiero tener una relación estable, más franca, más real y posible’.

Al principio, no pensaba en la diferencia de edad, pero con el tiempo y la convivencia empezó a notarse; y más todavía cuando nació Julia. En ese momento, las cosas empezaron a mostrar otras facetas. De pronto, empecé a sentir que salía de ese aura romántica que lo teñía todo de optimismo y las cosas comenzaron a ser meas reales. Poco a poco, empecé a notar una brecha casi insalvable. Al tener 41 años yo y 30 él, la diferencia en términos de experiencia es gigante.

Por empezar, él no está armado económicamente y yo estoy más asentada, mejor encaminada. Si bien no tengo mi propio negocio todavía, voy en camino a concretarlo; soy diseñadora textil y productora de moda. Él estudia Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y está haciendo su carrera. Cuando llegó, quería salir de su país, conocer un poco el mundo, porque es muy inquieto y tiene una inteligencia admirable. Por ahora, con un poco de ayuda de una beca, está apostando a terminar la carrera, y después se verá, porque es muy probable que vuelva a su país a hacer una especialización, cuando se reciba.

Cuando estoy con él y con la beba, para ser sincera, a veces siento que soy la mamá de los dos, y eso es algo que no me gusta para nada. Pero después también los veo jugar y abrazarse, y siento que el esfuerzo y la paciencia que pueda tener valen la pena.

Cuando tenés un hijo, querés que tu pareja se convierta en más compañero, en más proveedor. Las mujeres argentinas tenemos ese chip latino que nos hace querer que el hombre nos proteja y nos sostenga económicamente más y mejor, sobre todo mientras los hijos son chiquitos… En Alemania, en cambio, las mujeres son muy independientes, las cosas son más parejas, y, de por sí, no tienen muchos hijos.

También me pasa que, a nivel social, mis amigas tienen parejas mayores. A pesar de que él parece un hombre y tiene un aspecto maduro físicamente y una tranquilidad que da una sensación de temple y madurez, hay una diferencia. Igual se integra muy bien en todos los grupos porque es sociable y le interesa todo.

Una amiga siempre me dice: ‘Vos tenés un marido joven que estudia, tenés que esperar que termine para ver sus frutos’. Yo sigo enamorada de él, lo quiero, lo admiro, y cuando lo veo hablar de lo que le gusta, me encanta ver su entusiasmo y sus ganas de conocer y saber más y más. Con la chiquita tiene una conexión increíble, es muy amoroso. La baña, la lleva a la plaza… Con Lukas formamos una familia y eso es lo que estamos construyendo todos los días, cuidando, sosteniendo juntos. No es fácil, pero vale la pena seguir tirando para adelante”.

María (28) Martín (21)

“Estábamos en distintas etapas”

A Martín lo conocí en una fiesta de un amigo en común; me encantó en cuanto lo vi y a él le pasó lo mismo conmigo. Me di cuenta de que era más chico, pero no pensé que tanto. No me dijo su edad hasta la tercera salida, porque se daba cuenta de que a mí eso me ponía nerviosa. Yo ya tenía 28 años, estaba asentada en mi laburo (soy abogada) y me había ido a vivir sola hacía poco. Él vivía con sus padres, estaba estudiando ¡y tenía 21 años! Cuando me lo dijo, casi me muero, pero, igual, poco a poco fui aceptando su edad porque estaba enamorada de él. Sin embargo, era obvio que en casa no les iba a gustar nada: mi familia es muy tradicional y mamá soñaba con que yo saliera con un tipo más grande, con un buen trabajo, ya hecho… Así que al principio no les dije nada, pero pasaron los meses y preferí presentárselo a seguir mintiéndoles. No sé si fue la mejor elección, porque le hicieron sentir la diferencia desde el primer minuto. Mamá, por ejemplo, un día le dijo que yo ya estaba en edad para casarme y le preguntó en cuánto tiempo pensaba él que lo estaría también. Le decían esas cosas todo el tiempo y él lo pasaba mal, así que dejé de llevarlo a las reuniones en lo de mis viejos. Además, mi familia me quemaba la cabeza a mí.

A mis amigas Martín les caía bien, pero se notaba la diferencia cuando salíamos en pareja. No sé si era por él, o por la presión que sentía yo, pero empezó a haber cosas que me molestaban; por ejemplo, me hablaba de sus compañeros de facultad o de las cosas que hacían en la facultad y yo sentía que a esa etapa yo ya la había pasado. O quizá los fines de semana se encerraba a estudiar y no podíamos salir. Podía hacer programa con mis amigas, pero yo ya quería formar una pareja más adulta… Así fui empezando a pensar que la diferencia de edad hacía que la relación fuese imposible y decidí cortar. Le expliqué que no quería que acelerara los tiempos por mí, que quemara etapas, y tampoco me parecía justo que yo tuviera que retroceder en el tiempo. Me dolió mucho cortar, pero estábamos en distintas etapas de la vida. Tal vez nos volvamos a encontrar, no lo sé; pero ese no era el momento”.

Florencia (37) Alejandro (30)

“Yo quiero un hijo y él todavía no”

Estoy de novia con Alejandro desde hace tres años y, aunque le llevo siete años, la diferencia de edad recién se empezó a notar más en el momento en el que yo le planteé que quería tener un hijo y él me dijo que todavía no estaba con ganas. Desde entonces, con todo lo lindo que nos une, porque nos llevamos muy bien y nos queremos un montón, siento que estoy para algunas cosas y Alejandro todavía no.

Hoy por hoy, estamos con negociaciones. Desde un primer momento, tuve en claro que íbamos a tener esta diferencia con el tema de los hijos, y se lo planteé; le dije que para que yo pudiera tener un hijo, él iba a ser un padre más joven.

Hace poco me puse más firme, porque no puedo dejar de ver que ya cumplí 37 años, y eso le trajo una crisis a él, que repercutió en la relación. Se estuvo preguntando si era más importante para los dos seguir con la relación y tener hijos en un momento en el que él no sentía un deseo o pagar un precio tan alto como separarnos. Al final, decidimos seguir, y estamos considerando la posibilidad de buscar un hijo dentro de un tiempo. Estamos viendo cuándo.

Puedo entender que Alejandro no quiera tener hijos ahora, porque a los 30 años a mí tampoco se me pasaba la idea por la cabeza. Después de que lo conocí a él, pensé que tenía que esperarlo porque era chico. Creía que tenía que respetar sus tiempos, pero ahora ya cumplí 37 años y no me tengo tanto tiempo más para tener hijos. Además, el deseo es cada vez más fuerte y más claro; ya no tengo ninguna duda de que quiero tener hijos y quiero tenerlos con él.

No quiero forzar nada, pero el tiempo pasa y ya no tengo el mismo margen que cuando nos conocimos… En los próximos meses veremos qué pasa. No puedo imaginarme con otra persona, ni con un padre diferente para mi hijo, y sé que tengo todo el amor de Alejandro. El tiempo dirá”.