Hasta no hace mucho tiempo, los pinceles eran de uso exclusivo de los maquilladores profesionales, y el resto de las mortales hacía milagros con esos aplicadores de gomaespuma que vienen en los estuches de sombras. O con las micro brochas de las polveras y/o los estuches de rubor.
Hoy, en cambio, cualquier entusiasta amateur del maquillaje tiene a su disposición una cantidad de pinceles que por un lado le cambian la vida y por el otro marean a cualquiera. ¿Necesito todos? ¿Necesito muchos? ¿Me maquillo con los dedos? Aquí, una pequeña guía para conocerlos y aprovecharlos mejor:
Pinceles de rostro
Para el día a día no es necesario aplicar la base con pincel. Un buen hidratante con color o una base aplicada con los dedos garantizan un resultado natural, translúcido y sentador. Los pinceles dan un acabado más cubritivo, especial para la noche o para pieles con muchas imperfecciones.
Les presento el primer modelo:

Con este hay que trabajar rápido y con movimientos largos para que no queden rayas ni marcas.
Va el segundo:

Con esta brocha hay que aplicar la base dando golpecitos sobre el rostro para marcar “puntitos”, y luego barrer con movimientos largos para unificar. Este modelo también es genial para aplicar el polvo volátil o compacto.
Los pinceles para aplicar corrector son siempre de pelo sintético y tienen esta forma de “lengua de gato”:

Y suelen ser muy útiles… para pintar los labios. Para aplicar corrector, nada mejor que los dedos o, en su defecto, este tipo de pinceles destinados a esfumar sombras:

¿El truco? Aplicar poca cantidad desde el lagrimal hacia la comisura, con movimientos circulares.
Por último, pasar de la brochita de mango inexistente que traen todos los rubores a una brocha biselada como ésta:

Realmente marca un antes y un después y es una inversión que se justifica.
Y ustedes, ¿usan pinceles para maquillarse?
