Hay personas que llegan al final del día con dolor de cabeza. Otras sienten la mandíbula cansada, amanecen con los dientes sensibles o descubren que durante una reunión llevan varios minutos apretando la boca sin darse cuenta. El denominador común puede estar en un gesto pequeño y repetitivo: mantener los dientes en contacto cuando no deberían estarlo.
Eso es el bruxismo de vigilia. Durante el sueño puede manifestarse como actividad rítmica o sostenida de los músculos de la masticación. El consenso internacional actualmente recomienda diferenciar ambos fenómenos y, especialmente, no considerar automáticamente al bruxismo como una enfermedad: en una persona sana puede ser una conducta que aumenta el riesgo de determinadas consecuencias clínicas.
Una fotografía de Argentina
Los datos argentinos disponibles permiten dimensionar el fenómeno, aunque hay que leerlos con cuidado. Una investigación de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, publicada en Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, analizó 2.081 respuestas recogidas entre marzo y abril de 2023. El 20,4% informó bruxismo y el 8,7% señaló haberlo experimentado al menos tres veces por semana. El estudio encontró, además, que el 68,3% de los participantes presentaba mala calidad de sueño y que el 34,9% dormía menos de seis horas.
Hay una precisión metodológica importante: ese 20,4% corresponde a síntomas reportados por los participantes, no a diagnósticos confirmados mediante polisomnografía. Por eso no sería correcto decir que uno de cada cinco argentinos tiene bruxismo. La muestra tampoco fue diseñada como una encuesta representativa de toda la población. Aun así, el dato muestra una asociación que merece atención: el bruxismo aparece dentro de un escenario donde también son frecuentes el sueño insuficiente y la fragmentación del descanso.
La mandíbula trabaja más de lo que parece
La articulación temporomandibular conecta la mandíbula con el cráneo y funciona como una verdadera bisagra móvil, aunque su mecánica es mucho más compleja. Para masticar, hablar, bostezar o tragar intervienen músculos como el masetero, temporal y pterigoideos, coordinados con estructuras articulares, ligamentos y el sistema nervioso.
Cuando aparece el bruxismo, la actividad muscular puede mantenerse o repetirse sin que exista una función alimentaria que la justifique. El resultado puede ser dolor o fatiga muscular, cefaleas, sensibilidad dentaria, desgaste de las superficies de los dientes y molestias en la articulación temporomandibular.
Pero hay algo más interesante: la mandíbula no trabaja aislada del resto del cuerpo. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró una asociación entre bruxismo y determinados parámetros de posición cervical, particularmente con una posición más anterior de la columna cervical. Los autores advierten, sin embargo, que se trata principalmente de evidencia observacional: encontrar una asociación no demuestra que el bruxismo sea la causa de una determinada postura.
Esto modifica la mirada sobre el problema. La pregunta deja de ser solamente “¿por qué aprieto los dientes?” y empieza a ser: ¿qué está ocurriendo con todo mi sistema cuando aprieto los dientes?
El estrés no explica todo
Durante años fue frecuente escuchar que el bruxismo era simplemente “producto del estrés”. La evidencia actual es más compleja. El estrés, la ansiedad, la carga emocional y determinados problemas del sueño pueden relacionarse con el bruxismo, pero no existe una única causa. El consenso internacional plantea que intervienen múltiples factores y que la actividad muscular debe analizarse dentro de un continuo.
También existen diferencias entre el bruxismo de vigilia y el que ocurre durante el sueño. Durante el día puede aparecer asociado a situaciones muy concretas: concentración frente a una pantalla, conducción, entrenamiento intenso, reuniones, ansiedad o incluso momentos en los que la persona no percibe ninguna tensión evidente. Una señal sencilla puede ayudar a detectarlo: los dientes deberían estar separados cuando no estamos hablando, comiendo o tragando.
¿Y qué pasa con quienes hacen deporte?
Aquí aparece una conexión particularmente interesante. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 estimó una prevalencia global de bruxismo de aproximadamente 34% entre atletas, aunque los autores remarcan la heterogeneidad de los estudios y el predominio del autorreporte. Otra revisión, publicada en International Journal of Sports Medicine, analizó 11 estudios y encontró una prevalencia agrupada del 38%, con cifras particularmente elevadas en algunos deportes de fuerza y combate. También encontró asociaciones entre bruxismo y peor sueño, ansiedad y determinados indicadores de rendimiento.
El dato resulta relevante porque apretar la mandíbula también puede formar parte de la estrategia motora de una persona durante un esfuerzo máximo. Eso no significa que apretar los dientes sea necesariamente perjudicial durante cada gesto deportivo. De hecho, investigaciones recientes estudian cómo determinados dispositivos bucales y el apretamiento mandibular pueden modificar la activación neuromuscular durante acciones de fuerza. El problema aparece cuando esa activación deja de estar relacionada con el esfuerzo y se convierte en un patrón permanente.
La conexión cuello-mandíbula
Desde la biomecánica, la cabeza, la columna cervical y la mandíbula forman un sistema estrechamente coordinado. Por eso, cuando una persona pasa horas con la cabeza adelantada frente a una pantalla, eleva los hombros y mantiene tensión cervical, puede aumentar la carga percibida en la región craneocervical.
Esto no significa que una mala postura provoque bruxismo. La relación es más compleja y bidireccional. Pero sí existe evidencia creciente de que trabajar sobre la región cervical y orofacial puede ayudar en personas que presentan dolor y trastornos temporomandibulares. Una revisión y metaanálisis reciente encontró que la terapia manual y el ejercicio dirigidos al cuello pueden mejorar determinados parámetros de dolor y sensibilidad muscular en pacientes con trastornos temporomandibulares, aunque también señala la necesidad de estudios de mayor calidad. Ahí es donde el movimiento puede ocupar un lugar complementario.
¿Puede el yoga ayudar?
Sí, como herramienta complementaria, especialmente para trabajar conciencia corporal, respiración, movilidad cervical, relajación y regulación de la tensión. Pero conviene evitar una promesa frecuente en redes sociales: no existe evidencia suficiente para afirmar que una rutina de yoga “cura” el bruxismo.
Una revisión sistemática sobre fisioterapia encontró resultados potencialmente favorables para diferentes intervenciones, pero calificó la evidencia como muy baja debido a la calidad metodológica de muchos estudios. Una revisión más reciente también encontró posibles beneficios de la fisioterapia, particularmente cuando el bruxismo se acompaña de dolor orofacial, cefaleas o trastornos temporomandibulares, pero señala que la evidencia continúa siendo limitada y heterogénea. Por eso, el enfoque más razonable es interdisciplinario: odontología, medicina del sueño, fisioterapia y trabajo corporal pueden complementarse según cada caso.
Datos curiosos sobre el bruxismo
- No siempre hay rechinamiento. El bruxismo también puede manifestarse como apretar o mantener la mandíbula rígida.
- Puede ocurrir despierto. Muchas personas lo hacen mientras trabajan, estudian, conducen o se concentran.
- El desgaste dental no confirma por sí solo un diagnóstico. El consenso internacional recomienda combinar diferentes métodos de evaluación.
- Dormir mal y bruxar pueden coexistir. En la encuesta argentina, el bruxismo apareció dentro de una población con una elevada frecuencia de problemas de sueño.
- Los deportistas tampoco quedan afuera. La literatura reciente encuentra cifras relevantes de bruxismo en población atlética, aunque todavía faltan estudios más homogéneos.
- La mandíbula puede ser una señal de tensión corporal. Pero no todo dolor mandibular es bruxismo y no todo bruxismo tiene como causa el estrés.
Una consigna sencilla para empezar hoy
Durante el día, hacé varias veces este chequeo: ¿estoy apretando los dientes ahora? Si la respuesta es sí, separá suavemente los dientes, apoyá la lengua relajada en el paladar y dejá caer la mandíbula sin forzarla. Después observá qué ocurre con los hombros y la respiración.
Muchas veces el primer paso no es hacer más fuerza. Es dejar de hacer una fuerza que el cuerpo estaba haciendo sin necesidad.
