Es difícil de explicar, pero básicamente creo que lo que pasa, es que una cosa te lleva a la otra. Esto sucede en muchos ámbitos de la vida. Por ejemplo si te gustan las plantas cada vez aprendés más y sabés más y avanzás. Lo mismo sucede con la alimentación. Si sos curioso y empezaste a interesarte y aprender, cada vez querrás ir más allá.

Y así me pasó a mí. Primero fueron las semillas y luego me volví loca con los germinados y los brotes. No sólo por sus características y sus propiedades en el cuerpo, sino por el la fascinación que me produce su sabor, su textura. Para mí son incomparables. Deliciosos, crujientes y si encima les cuento todo lo que hacen en nuestro cuerpo, se volverán fanáticos como yo.

 

Tenemos que entender que la alimentación es una herramienta que nos permitirá vivir los años que tengamos que vivir, pero con calidad y buen estado de salud. Eso los orientales lo entendieron mucho antes que nosotros. Y lo importantes que con pequeños cambios podemos hacer mucho.

Cada vez que le comento a alguien sobre mi fascinación con los brotes, se ríe. – “Como los que hacíamos en la primaria, me dicen.” Y yo me río. Más o menos. Solo que estos se comen, son deliciosos y son comida viva. Un concepto muy interesante para desarrollar. Digamos que la semilla está latente, cuando la hidratamos y le damos oxigeno, calor y agua, ella explota, cambia muchas de sus propiedades y se transforma en un alimento maravilloso.

Los germinados son más nutritivos y fáciles de digerir.  Los granos de cereales y leguminosas son alimentos “concentrados” y, debido a su bajo contenido en agua y su riqueza en hidratos de carbono complejos -como el almidón- y proteínas, no deben consumirse crudos. Para que al organismo le resulte más fácil su asimilación se comen cocidos o asados. Con ello, se realiza una especie de “pre-digestión” que nuestro organismo no podría realizar por sí sólo. Los germinados, en cambio, es como si ya hubieran alcanzado ese estado.

Otra cosa muy interesante que sucede es la formación de la clorofila, que ella lleva oxígeno a las células y es un buen agente desintoxicante y regenerador del organismo. Una vez en la sangre la clorofila activa el metabolismo celular, mejora las defensas, resistencia y capacidad regeneradora de las células así como su respiración; potencia los procesos naturales de curación, depura la sangre, frena las infecciones y equilibra la relación ácido-base en el organismo.

Las semillas germinadas pueden aumentan su peso un 600% y su volumen un 2.900%. Lo mismo ocurre con sus aportes de nutrientes. En la soja germinada el contenido de vitamina A y carotenos se duplica en 2 días, alcanza el 280% a las 54 horas y llega al 370% de su cantidad inicial en apenas 72. La vitamina C contenida en el trigo aumenta un 600% en los primeros días de germinación y su vitamina E se triplica en cuatro días. De un kilo de granos secos de porotos mung se pueden lograr hasta 8 kilos de brotes.

Entonces, sumando virtudes, beneficios y placer, el cultivo de brotes y germinados nos abre la puerta al conocimiento real de lo que comemos.

Y lo más interesante es la posibilidad de hacerlos en casa, de mostrarle a nuestros hijos, las cosas esenciales de la vida. Mostrarles como una semilla se transforma en un brote y ese brote en una planta que nos alimenta. Mostrarles la enseñanza que nunca olvidarán.

Como curiosidad los cereales germinados constituyen el grueso de la dieta de los hunzas, un pueblo del norte de Pakistán famoso por su buena salud y longevidad.

Se conoce que durante sus largos viajes, la tripulación del capitán Cook se protegió o curó del escorbuto con un famoso «cóctel»: una parte de cebada germinada, tres de agua hirviendo, y miel.

Es posible germinar casi cualquier semilla comestible para su consumo:

Legumbres: alfalfa, fenogreco, frijol chino, lenteja, judía, guisante, trébol, etc.

Cereales: avena, trigo, maíz, mijo, centeno, alforfón, cebada, quinoa, arroz, etcétera.

Oleaginosas: sésamo, girasol y frutos secos como la almendra, la nuez, etcétera.

Verduras: zanahoria, apio, repollo, espinaca, hinojo, nabo, cebolla, puerro, perejil, rábano, etcétera.

Mucilaginosas: berro, lino, rúcula, mostaza, etcétera.

 

Ahora bien, ya sabemos que son maravillosos para el cuerpo, pero cómo podemos incorporarlos en nuestras comidas: En ensaladas, en pastas, en licuados. A mí no me gusta cocinarlos ya que de alguna forma los atacamos. Pero se puede calentar un poco. Yo adoro colocarlos encima de cualquier preparación, a puñados son deliciosos, sobre una tostada de pan integral con queso blanco.

En la degustación:

Brotes

Aroma: fresco, natural.

Sabor: Crujiente, vegetal, acuoso, exquisito.

Textura: Crocante.

Precio: Es difícil especificar ya que depende si se hacen en casa o se compran.  

¿Lo llevamos a casa? Sí, sí y sí. Con las mismas legumbres que compramos podemos empezar a germinar ya mismo. En un par de días podremos tener nuestros brotes listos para consumir.