El maquillaje con brillos suele parecernos intimidante y difícil de manejar. A todas nos atrae la idea de lucir iluminadas y radiantes, pero tememos cruzar la incierta línea entre lo delicado y lo vulgar, el hada y la reina del corso, el brillo sutil y la bola de espejos de la era disco, el rostro resplandeciente y el pan de manteca. Para colmo, la mayor parte de los polvos faciales se empecinan en contener mucho brillo, sembrándonos la incertidumbre de no saber nunca si lo que en el espejo del baño parecía luminoso sin excesos no irá a dejar ciegos a los que nos crucen bajo la luz del sol. Y así, nunca llega el día de estreno para esas bellas sombras metalizadas que adquirimos en un rapto de audacia, y nosotras volvemos a caer una y otra vez en la sombrita que sabemos que nos queda bien y en el delineado que “nos sale”.
La premisa básica para no fallar iluminándonos, sin embargo, es más que simple: apenas un toque. Y no me refiero únicamente a elegir sólo un área del rostro (labios, ojos, piel), sino también a mantener el efecto sutil en la zona elegida. Otro detalle importante es que el tono brillante/metalizado elegido armonice con los que vamos a aplicar en el resto de la cara: de lo contrario, el efecto puede llegar a ser catastrófico.
Para animarse a las sombras metalizadas lo ideal es empezar utilizándolas como iluminador y marcando el ángulo interno de los ojos hasta la mitad del párpado, como en este caso:

Para que el efecto iluminado no se pierda es importante no esfumar demasiado los contornos. A diferencia de las sombras oscuras o los colores puros, poco amigas de los contornos definidos, un iluminador muy esfumado da un aspecto fantasmal que no termina de ser ni color, ni luz, ni nada.
Las sombras doradas o bronces sientan bien en general a todos los tonos de pieles, y los plateados a las pieles más claras.

Y luego está el grupo formado por la gente que es Jennifer López, al que le queda bien todo.

Quien no se anima a aplicarse polvos iluminadores por temor a convertirse en una tarjeta de cumpleaños viviente puede dar luz a su piel recurriendo a hidratantes labiales en barra o pomada, o a esas cremas restauradoras que tienen consistencia de pomada también, como la famosa Eight Hour Cream, de Elizabeth Arden, o la línea Noruega, de Neutrógena.

¿La clave? Aplicar una pequeñísima cantidad en el centro del párpado, bajo el arco de la ceja y en la parte más sobresaliente del pómulo, esfumando apenas con leves toquecitos. En la cantidad indicada no produce enchastres, refleja la luz con un efecto natural y sentador y nos hace salir bien en las fotos, neutralizando el efecto ¿falta mucho para las vacaciones?
¿Quién se anima a un maquillaje para brillar?
