La sociedad actual ha creado la necesidad del ser, de reinventarse a través de una imagen auténtica. Esta construcción de la identidad que resultaría natural es, hoy, ideada bajo un proceso creativo. Se desarrolla a través de un brief de trabajo en el cuál se plantean los objetivos, qué se quiere decir, a quiénes se quiere llegar y con qué consecuencias.
El modo en que queremos que nos vean, entonces, es un acto estratégico. Para ello, particulares y empresas contratan a diseñadores que con astucia y encanto visual los hace únicos ante el mundo.
Y en este campo, hablar de diseño en Mendoza es sinónimo de Boldrini y Ficcardi, un estudio con más de 23 años de experiencia, que ha diseñado la nueva marca del diario El Sol y que en el último tiempo -se dice- está un paso más cerca del “cielo” por haber creado la imagen de “Todos”, el vino elegido por el papa Francisco para celebrar sus misas en el Vaticano.
El Fondo Vitivinícola, el INTA de Mendoza y la corporación vitivinícola idearon este vino certificado por el Arzobispado de Mendoza como “vino de misa”. Las uvas provienen de fincas de pequeños viticultores de la provincia de Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y Río Negro.
Para el diseño de la imagen se llamó a reconocidos estudios con experiencia en diseño de etiquetas y la propuesta de Víctor (Pupo) Boldrini y Leonardo (Gato) Ficcardi fue la seleccionada. “Todos” responde a la idea ecuménica de que “el vino nos une”.
“Diseñamos tres propuestas bajo los conceptos de lo integrador, lo ecuménico, lo sencillo y lo que transmite unidad. El que más se acercó fue “Todos”, comentan los creativos. “Los vinos son como sus dueños, si el dueño es formal y habla en voz baja, el vino va a ser formal y hablará en voz baja, diferente será si es extrovertido”, agregan.
En su estudio, las obras de arte de reconocidos artistas conviven con libros de diseño y una vinoteca en la que exhiben las más de mil etiquetas que han ideado desde que Pupo y Gato se conocieron en segundo año de la Facultad de Diseño. Este último trabajo habla mucho de ellos, más allá del sentido religioso.
A lo largo de los años han alcanzado una simbiosis tal que los conceptos de uno, son completados por el otro en una unidad creativa. Esto se refleja en el modo en que encaran sus proyectos. No por nada es uno de los estudios más prestigiosos en el sector del vino y de bebidas alcohólicas que ha ganado importantes premios y menciones.

¿Cómo fue el proceso de trabajo para la creación de “Todos”?
Gato– Trabajamos con opuestos. Buscamos una etiqueta que tuviera mucha formalidad, otra que fuera solemne y una más humana, que es la que finalmente ganó. Fue un verdadero trabajo en equipo. Una de las chicas, Ornella, escribió la palabra varias veces y elegimos la de mejor grafismo. Otra de nuestras colaboradoras hizo los ajustes de tipografía, el Pupo modificó el escudo… todos metimos el gancho.
P– Pensamos cómo sería una etiqueta para este papa, no para el Vaticano, con todo lo que implica. Una imagen que represente a Francisco, un papa más humilde, más despojado… Ideamos una etiqueta con buenos materiales y buena calidad, pero que transmitiera franqueza, por eso usamos la palabra escrita a mano, que era lo más humano posible.
¿Qué significa para ustedes que el vino que se usará para las misas en el Vaticano tenga su marca?
P– Es extraño, siempre hacemos el vino para que sea comprado, y en este caso, es un vino que va por otro camino.
G– Es un vino que no se puede vender, es algo abstracto; pero sí es mundialmente conocido. No es que una persona pueda agarrar una botella de la góndola.
P– Sin dudas, es lo más simbólico que hemos hecho. Hemos trabajado en la creación de más de mil etiquetas entre nacionales e internacionales , pero esto es diferente. Por un lado, que el papa sea argentino, que el vino que use sea argentino, realizado con uvas de diferentes regiones y que sea ideado por el INTA, un organismo no privado, la suma de todas esas cosas, lo hace muy simbólico.
¿Qué diferencias estéticas hay entre los pedidos que les hacen los clientes del extranjero y los de acá?
P– Hay diferencias culturales, clientes que están más cerca de una estética que de otra. En EE.UU. son más desprejuiciados sobre algún estilo de vino mientras que en Europa son más formales, esto a grandes rasgos. No es algo determinante, más bien tiene que ver con los segmentos de los vinos. Ahora las góndolas son globales, entonces todos conviven. Hay un look para un vino más caro y para uno más joven. Al más joven se le permite la falta de personalidad o una etiqueta más arriesgada y provocativa.
¿Hasta qué punto ceden a nivel conceptual?
G– Cuando sos joven y te llama algún cliente también joven de cabeza o de edad, podés tener una idea qué defender. Pero cuando empezás a trabajar en empresas más grandes, la puja se transforma en trabajo equipo. Por ejemplo, para crear la marca de El Sol pujamos bastante pero nosotros nos sentimos conformes y el diario también. No hay tire y afloje, vamos consensuando hasta que se cumplen los objetivos.
P– Después de todo, el que va a correr el verdadero riesgo es el cliente por lo que nosotros no podemos cargarle nuestro capricho o irresponsabilidad y decirle a nosotros nos gusta esto. Hay que ver cuál es el mejor modo de acercarse a ese objetivo. Entonces, ahí se disipan las disputas. Como dicen “es fácil ser valiente en el cuerpo ajeno”.
En el desarrollo del logo de El Sol, que ya estaba consolidado como imagen, ¿qué debieron tener en cuenta para modificarlo y darle una impronta nueva?, teniendo en cuenta que es el único medio digital cuya marca está creada por diseñadores mendocinos.
P- Convivían dos marcas, una en el papel y otra en el online, tratamos de transformarlos en un símbolo nuevo.
G- Para el desarrollo de la idea trabajamos con los elementos disponibles, optimizando los recursos que ya se tenían, una S y una palabra. Evaluamos diferentes posibilidades cromáticas pero el color que se imponía era el rojo, se cambiaron las tipografías para poder desprender el icono en el app y desplazándose en diferentes segmentos.
¿Cómo ven el diseño actual?, ¿hay espacio para los diseñadores jóvenes?
G– Si lo ponés en perspectiva hay mucho espacio para diseñadores jóvenes y muy poco para diseñadores viejos. Los diseñadores viejos van siendo profesores. Los diseñadores jóvenes cobran menos y tienen más energía. Pero lo difícil es la transición desde que pasás de novato o aprendiz a profesional.
Cuando hablan del estudio creen que no están consolidados aún, que es mucho el trabajo que tienen por delante y ganas de seguir creando.
G– Nosotros hicimos una cosa arriesgada pero está muy buena. Nunca trabajamos con fee mensual, siempre lo hicimos por proyecto, eso nos ha obligado a trabajar con muchos proyectos y tener muchos recursos. La gran mayoría de los estudios trabajan con una cartera de clientes y les hace a todos un fee mensual. Eso está bien porque las cuentas cierran perfectamente, pero creativamente no nos gustaba porque tenés que ser más ejecutivo que creativo, estar mucho tiempo hablando por teléfono, pasando información, coordinando.
Muchas agencias que tenían cuenta fija comenzaron a tercerizar la creatividad, ahí dijimos, ¿qué pasa? Entonces tener un estudio grande es agarrar clientes, no es trabajar de verdad, eso no nos gusta.

Muchas personas creen que no es necesario contratar a un diseñador, que con una buena idea y algo de gusto se puede sacar un trabajo adelante. ¿Esto ha mejorado o se sigue trabajando de forma amateur?
P– Hay distintos niveles, y decisiones que involucran a mucha gente. Por ejemplo, con las etiquetas, si un producto debe renovarse debe ir a un comité para su aprobación, no puede ser sostenido por la hija de alguien que sólo tiene buen gusto. Pero, en casos más chicos, una tienda que depende de uno, puede animarse a eso. En las otras empresas, donde hay comité detrás, cambia la decisión, nadie quiere quedar como pegado, por eso eligen a los mejores del segmento y la decisión queda en el profesional . No puede venir uno del comité y decir “lo hizo mi hija” porque si anda mal, queda expuesto.
¿Una empresa puede andar mal por un inapropiado diseño de marca?
P– Puede verse afectada. A veces nos llegan productos que los mismos importadores recomiendan cambiar la imagen porque se vende poco. Puede que la imagen no sea mala, si no que haya quedado desactualizada y todavía no llega a ser retro.
¿Cada cuánto un vino actualiza su marca?
G– Las marcas no tanto pero, sí las etiquetas, casi cada año o cada dos temporadas, en el segmento de mayor ventas. Los vinos nuevos o más económicos se actualizan más rápido que los más caros.
¿Con qué artistas han trabajado?
A veces ilustramos nosotros y otras a diferentes artistas, depende del estilo. Hemos trabajado con Roggerone, con Cris Delhez, Toti Reynaud, Gabriel Fernández, Marchese y muchos ilustradores que se adaptan al estilo que queremos transmitir.
En esta última pregunta, Boldrini y Ficcardi comenzaron a repasar sus etiquetas llenas de anécdotas. Toman la botella de su primer diseño y comentan: “No estaba nada mal”.
