Alicia Nudler.

Alicia Nudler, licenciada en Psicología y doctora en Historia y Teoría de las Artes, visitó Mendoza para recabar información sobre el porqué del interés en la obra de Samuel Beckett en esta provincia donde, muy tempranamente, su puesta más conocida, Esperando a Godot, fue representada en 1964 —ocho después que en Buenos Aires— además de Final de partida. Se entrevistó con Walter Neira —actor y director—; con Guillermo Troncoso —también actor— y visitó, para documentarse, entre otros sitios, la Biblioteca General San Martín y Radio Nacional.

La entrevista

Vos sos psicóloga.

Sí, de origen, de título de grado, soy licenciada en Psicología de la UBA.

¿También estudiaste teatro?

Soy de Buenos Aires pero parte de mi infancia y adolescencia transcurrió en Bariloche, lugar en donde vivo ahora. Comencé a estudiar teatro allá, en la adolescencia; después, cuando me fui a Buenos Aires a estudiar psicología, seguí estudiando teatro unos años. Hice algunas pocas cosas en teatro. Después, la vida me fue llevando por mi profesión.

¿Te interesaste primero por el teatro o fue en simultáneo con la psicología?

Primero fue por el teatro, porque comencé a estudiarlo en la secundaria y a actuar en algunas obras con un grupo que hubo muchísimos años allá, en Bariloche, el Teatro IVAD. Cronológicamente, empecé a estudiar teatro antes que psicología. En 1982 comencé la carrera de psicología, me recibí y fui transitando por distintas áreas de esa disciplina.

También estudié mucha danza, que fue y es mi pasión: siempre tenía como dos mundos separados, ¿no? Yo era psicóloga, después hice una maestría en terapia familiar en Estados Unidos. Fui transitando por distintas áreas de la psicología, también llevada por las oportunidades que se me presentaban, porque había que trabajar. Volví a Bariloche, a la Universidad del Comahue, di clase muchos años y, paralelamente, fui haciendo una carrera amateur en danza.

Tenía los dos ámbitos un poco o totalmente separados hasta que, en 2009, se fundó la Universidad Nacional de Río Negro y se abrieron dos carreras de teatro: Licenciatura de Arte Dramático y Profesorado de Teatro, y me convocaron. Fue en ese momento cuando pude aunar mis dos vertientes porque daba clases en una carrera artística.

Entonces son tres áreas: la danza, el teatro y la psicología.

Sí, en el fondo, la danza y el teatro están muy unidos porque son artes escénicas. Cuando comencé a dar clases en la Universidad de Río Negro me fui volcando más al teatro como disciplina, no actuando, sino investigando. Primero me formé porque tenía que leer y estudiar muchísimo, ya que no había sido mi formación, para darles a los estudiantes una psicología que les hiciera sentido y que tuviera que ver con lo que estaban cursando. 

En ese momento inicié otra etapa, ya que empecé el doctorado de Historia y Teoría de las Artes de la UBA, que terminé en 2024. Hacer una tesis me dio mucha más sistematicidad, un montón de cosas, y fue en el curso de la tesis de doctorado que llegué a Samuel Beckett.

Beckett, Joyce, Dublin y París

¿Cuál fue relación entre Beckett y James Joyce?

Ellos eran amigos pero James Joyce era un modelo para Beckett. Joyce se va de Irlanda a París mucho antes que Beckett, quien emigró de muy joven, se fue de Irlanda, de Dublin, de donde también era Joyce.

¿Con una beca se fue?

Sí, en realidad se fue con un puesto en la Ecole Normale Supérieure en París, pero luego de dos años volvió a Dublin, también estuvo un tiempo en Londres y, luego, se radicó en París, porque había regresado a Dublin para trabajar como profesor en Trinity College, donde había estudiado, pero se dio cuenta de que la docencia no era lo suyo.

Viajó nuevamente a París y conoció a Joyce, al que admiraba absolutamente. Muchos dicen que era el secretario; en realidad, era el amigo, es cierto que, a veces tipeaba cosas que Joyce necesitaba escribir. No me acuerdo si Joyce ya tenía problemas de vista o por qué, pero, sobre todo, siempre hablaban de la obra que Joyce estaba produciendo. Beckett también lo ayudaba a traducir su obra al francés. Joyce era un modelo para él… además, hay una historia bastante trágica, que es que la hija de Joyce, Lucía…

¿Fueron pareja?

En realidad no eran pareja, aunque pasaban tiempo juntos. Ella estaba enamorada de Beckett y él no le correspondía el amor porque, en realidad, lo que él quería era estar cerca de Joyce, no de su hija. La apreciaba, pero esa es una historia bastante trágica. La cuestión es que, en un momento, y esto es muy interesante, Beckett tiene una visión.

Estando en el cuarto de su madre, a quien había ido a visitar, en Dublin, Foxrock, la zona donde él había nacido y se había criado, mientras miraba por la ventana tuvo una epifanía, digamos, y se dio cuenta de que él no tenía que escribir como Joyce, sino de la manera opuesta, que era hacerlo de una forma súper simple y mínima, porque Joyce es un escritor muy florido.

Además, Joyce inventaba palabras, ¿no?

Totalmente, claro. Además era muy erudito, tenía muchísimas referencias históricas y geográficas, de todo tipo, y Beckett tiene esa visión de que tiene que ir a lo menos, menos, menos. Y decide, que es muy lindo eso, me parece, empezar a escribir en francés. ¿Por qué? Porque dice: “Yo quiero escribir simple; en inglés, que es mi idioma, no puedo, por eso comenzaré a escribir en francés”.

El escepticismo y la desesperanza de Beckett y Joyce, ¿creés que tienen que ver con la Primera y Segunda guerras mundiales, sobre todo, porque, en esa época, había mucha pobreza en Irlanda?

Exactamente. Sí, es un aspecto del que se habla mucho: ¿de dónde sale esa cosa tan desesperanzada que tenía? Por un lado, esto último que mencionás; sí, él era protestante, de una familia bien posicionada económicamente; vivía en una zona muy acomodada de Dublin. Yo visité la casa, no por dentro, porque no se puede entrar, sí por fuera. El barrio se llama Foxrock, es un lugar muy hermoso.

¿Y está protegida por el gobierno?

No, no, es de un privado, vive gente común que la compró.

¿Y la han conservado?

Es una casa en la cual vive una familia; se puede ir, mirar y espiar un poquito desde la entrada en la calle. En una especie de plazoleta pequeña, a unas cuadras, hay varios bancos, eso es muy bonito, con unas placas con las leyendas Come and Go– que es una de las obras de Beckett– y Waiting for Godot. También, muy cerca de ahí, está el hipódromo, donde Beckett iba siempre a caminar con su padre, quien murió cuando él era joven, hecho que le generó mucha nostalgia.

Toda esa zona es muy interesante de visitar pero esta historia venía a que Beckett tuvo una crianza muy protegida en ese lugar. Fue en la época de la guerra de la independencia de Irlanda y el Levantamiento de Pascua, la rebelión de los que querían separar Irlanda del Reino Unido.

Creo que fue en 1922 cuando, finalmente, se creó el Irish Free State, que fue el comienzo de lo que después sería la República de Irlanda. Beckett nació en 1906, época de gran conflicto, con mucha violencia, razón por la cual los padres, de la minoría protestante, enviaron a su hijo a estudiar la secundaria al Portora College, en el norte, que era totalmente zona británica, predominantemente protestante, en una ciudad llamada Enniskillen. También estuve allí, es impactante. Oscar Wilde también estudió allí.

En ese colegio comienza también a destacarse en el deporte…

Exactamente, jugaba al rugby, me parece. También se destaca mucho en la literatura. Con respecto a lo que me preguntabas acerca de la pobreza, cuando empieza sus estudios en Trinity College tiene que viajar al centro de Dublin, ya no se puede quedar en Foxrock, y se dice que le impacta muchísimo ver a la gente en la calle, los vagabundos, personas pidiendo, los mendigos.

Y es muy interesante tu pregunta porque en los congresos a los que he ido, a veces noto que hay, obviamente, distintas interpretaciones. Están quienes hablan de Beckett como un autor existencialista –que habla de la angustia humana en general– y otros que lo miran desde el punto de vista irlandés: “No es la angustia en general; él vio a gente muriéndose de hambre en la calle, a eso se refiere, a los desposeídos”.

En inglés se dice disenfranchised “los desposeídos”, la gente que no tiene nada. Esa fue una experiencia muy fuerte para él. Luego, cuando emigra a París, se hace muy amigo de un hombre que se llamaba Alfred Péron, quien formaba parte de la Resistencia Francesa, porque después ya es la época en la que los nazis ocupan París. 

La cuestión es que Beckett pasó a formar parte de una célula de resistencia hasta que una parte de esa célula lo traiciona y la Gestapo comenzó a buscarlo. Él se escapó de casualidad y se refugió varios meses en el sur de Francia, en Rousillon, pero varios de sus amigos murieron en los campos. Por eso, otro aspecto que se ve y se trasunta en su obra es el horror de la Segunda Guerra; no tanto de la Primera, ya que él era chico y no la vivió de manera directa.

¿Creés que eso fue determinante en su nihilismo y escepticismo?

No lo sé. Yo sólo leí el teatro de Beckett, y muy poquito de sus cuentos, todavía no comencé con sus novelas, que es algo muy importante. Empieza tarde a escribir teatro, su primera obra teatral es Esperando a Godot.

Su obra más conocida, representada en Mendoza

Es su obra más conocida, sí. No sé qué determinó su mirada escéptica. Beckett es tan complejo, de repente también tiene mucho humor, mucho humor.

¿Es humor irónico, ácido?

Sí, es una especie de humor negro porque, por ejemplo, en Esperando a Godot…

Típico de la persona inteligente, culta, a quien no le queda remedio más que burlarse de toda la realidad para soportarla.

Claro, algo así, ¿no? Porque, por ejemplo, en Esperando a Godot, están los dos vagabundos, se supone, esperando a Godot, quien nunca viene, y hay unas escenas muy cómicas. En una de ellas uno dice: “¡Ay, qué lástima que no tenemos una soga”. Recordemos que en la obra hay un árbol, pero es tan bajito que llegan a la conclusión de que no podrán suicidarse y empiezan a reírse de eso. Y rematan: “Tendríamos que haberlo hecho desde la Torre Eiffel, hace 40 años”.

¿Te aproximaste a Beckett por el teatro, la psicología o por las dos cosas?

Te diría que fue por la psicología y te cuento por qué. Mi tesis de doctorado fue un trabajo en el cual quise comprender algo del fenómeno de presenciar teatro como espectador, más allá de lo lingüístico. O sea, me parecía que la mayor parte de los análisis teatrales son semióticos, es decir, ponen mucho énfasis en el significado y la decodificación: qué se entiende, qué no se entiende. Y me interesaba ver qué nos pasa, más allá de una descripción general, qué otros aspectos se ponen en juego cuando estamos presenciando teatro, cómo es esa afectación corporal.

O sea, no el concepto sino la emoción.

Algo así, ¿no? La emoción, y cómo resonamos con lo que vemos. Hacía mucho tiempo que yo estaba en contacto con una teoría del psiquiatra Daniel Stern: cómo comprendemos la realidad más allá del lenguaje, desde la mente infantil, los bebés, todo otro punto de vista.

Yo necesitaba un caso de obra teatral para estudiar distintas puestas y ver cómo nos resuenan. Mi codirector de tesis, que es de teatro, me decía que hiciera teatro físico. Mi directora me decía que la hiciera sobre danza, pero yo decía que no porque quería hacer teatro con lenguaje para entender cómo se solapan los dos aspectos. Y, por pura casualidad, encontré un artículo de alguien que usaba la obra La última cinta de Krapp, de Samuel Beckett, para aplicar la teoría de Daniel Stern; o sea, lo mismo que yo.

Entonces pensé: “¿Qué es esta obra?” La leí, luego viajé a Buenos Aires y justo la estaba dando Héctor Bidonde, la vi y me fascinó.

Todo lo que cuentas parece ser obra de la sincronicidad, a la que se ha referido mucho el gran psicólogo suizo Carl Jung.

Perfecto, claro.

Leí que Beckett hizo terapia en Londres y ahí se conecta con la obra de Carl Jung.

Él hizo terapia con Wilfred Bion en Londres y fue con él a una conferencia de Jung y eso se ve reflejado en alguna obra de teatro, lo que eso le impactó, pero ahora no me acuerdo en cuál.

La importancia de Beckett en Mendoza

Ahora empecé un proyecto para recabar información sobre las puestas teatrales de las obras de Beckett. Mi proyecto más ambicioso es en todo el país, pero eso es bastante, así que voy por zonas. Y Mendoza es muy importante en relación con Beckett porque acá se montó su obra muy tempranamente. Estoy rastreando para tener más detalles, conozco el año y algunas de las circunstancias.

En 1964 se estrena en Mendoza Esperando a Godot, con dirección de don Armando Lucero. Estuve charlando con su hija, fue muy hermoso. En esta puesta, de 1964, actuaron José, a quien le dicen Pepe, Parlanti, Luis Wolberg, Miguel Ángel González, Oscar Tello, y el mensajero es Oscar Omar García.

Nota periodística al Grupo de Teatro Popular, que representó Esperando a Godot, 1964.

La iluminación la hizo Estelvio Suárez Arfen, el maquillaje es de Antonio Baena. El traspunte, se ve que había traspunte en esa época, de Juan Carlos Vázquez, y la dirección de Armando Miguel Lucero. 

Cuando supe esto me interesó muchísimo porque, en Buenos Aires, Esperando a Godot se estrenó en 1956; hecho, a su vez, muy temprano porque esa obra se representó en París en 1953 y, si no me equivoco, muy poquito después que en Londres. Y en Mendoza, unos pocos años después, porque son once años de diferencia con el estreno parisino, en una época en la que no había globalización ni internet.

En Buenos Aires no es de extrañar, pero, en Mendoza, sí, sobre todo, porque las circunstancias fueron muy distintas. En Buenos Aires se representó en la Casa de Mendoza. Luego, en esos primeros años, se dio en el Instituto Di Tella, donde se montó Esperando a Godot y La última cinta de Krapp, dirigidas por Petraglia, quien fue un gran director y un actor muy importante.

La recepción que tuvo Beckett en Buenos Aires fue muy ambivalente porque la izquierda, los sectores de izquierda y del teatro independiente, los dramaturgos de ese momento, decían que era teatro burgués y europeizante, criticaban que era un tipo de teatro que no tenía un personaje positivo.

En los años sesenta había toda esa euforia, esa fe de que se podía hacer la revolución y la creencia de que el teatro tenía que contribuir a esa misión concientizadora o movilizadora. Entonces, en ese contexto, una obra de un escritor francés, donde no pasa nada, porque en Esperando a Godot no pasa nada…

Hubo un crítico teatral que, cuando la vio o la leyó, dijo: “Es la primera obra de teatro en la cual no pasa nada dos veces”. Esto es porque en el primer acto no pasa nada y, en el segundo acto, pasa lo mismo, que es nada. Se la pasan hablando y no llega Godot.

Y Godot quizás sea la tranquilidad, la paz, Dios…

No se sabe, le preguntaron a Beckett quién era Godot y dijo: “Si supiera quién es Godot, lo hubiera dicho en la obra. Punto”.

No se sabe quién es Godot. Acá, en Argentina, se decía mucho que era Dios, por God, pero cada uno entiende lo que quiere. La cuestión es que es algo o alguien que nunca llega. En Buenos Aires, como recién decía, tuvo una recepción muy mixta. Los grupos de izquierda opinaban eso. También, muchos periodistas le daban con un caño y publicaban en los diarios que era un teatro aburridísimo, que eso no iba a pasar de acá y que ese escritor no llegaría a ningún lado. Realmente, es medio cómico leer las reseñas de la época.

¿Accediste a ese material?

Sí, sí, en los archivos, en Buenos Aires. También hay algunos artículos; me fui a los archivos de allá, a Argentores, al Centro de Documentación del San Martín.

Con respecto a la recepción de la obra acá, en Mendoza, aparentemente, esto es en parte lo que estoy tratando de investigar, fue muy distinta de la que tuvo en Buenos Aires. Hay muchos motivos, por eso debo seguir investigando, para confirmar si es como creo. En primer lugar, esta puesta la hizo un grupo que se llamaba Teatro Popular, formado en el Club Huracán Las Heras, de extracción obrera, o sea, eran trabajadores. 

El propio don Armando venía de un origen sumamente humilde. Su hija Alejandra, un amor, con quien estuve toda una mañana, me contó muchísimas cosas de su papá. Este señor, don Armando, era muy querido en el ámbito teatral, creo que no tuvo una formación teatral sistemática, pero de eso no estoy segura. Alejandra me dijo que creía que no; él trabajaba como mozo durante el día y formó este grupo de teatro popular en el Club Huracán Las Heras. 

Cuando estrena Esperando…, Estragón es Pepe Parlanti, al que voy a ver el sábado, no lo puedo creer, estoy emocionada. Tiene 93 años, salió en una nota, me dijeron el otro día, a raíz de la Vendimia, de la fiesta, porque él participó en muchas vendimias, le hicieron una nota. Me contacté con su hija, quien aceptó para llevarme con él.

¿Qué te va a contar de primera mano?

No sé si se acordará, porque fue hace 60 años, 62 años, 61 años en el 64, y él tiene 93 ahora, pero capaz que algún recuerdo tiene, alguna imagen, algo. Yo conseguí dos fotos, y esta puesta se hizo en la Sociedad Árabe Islámica, lugar al que aún tengo que ir, porque no sé, ahí se hacían bastantes cosas, parece. Entonces, por un lado esto, toda esta raíz, digamos, de clase trabajadora, distinto de lo que pasaba en Buenos Aires, que lo hicieron estudiantes de la Facultad de Arquitectura, o sea, nada que ver el origen social.

¿Cómo te enterás de que eso sucede en Mendoza?

Porque hay una historiadora de acá, Graciela González de Díaz Araujo, que en varios escritos menciona el tema. Hay un libro de Jorge Dubatti, que es un historiador y crítico teatral muy importante de Argentina, quizás el más importante hoy. Él tiene un libro que sacaron en 2006, me parece, que se llama Samuel Becket en Argentina, y recopilan mucha información, pero, en cuanto al llamado interior, solo de Mendoza. Y ahí hay un capítulo de Graciela González de Díaz Araujo y otro de Ángela Verdejo

Programa de Esperando a Godot, en la Sociedad Árabe Islámica, 1964.

Entonces, en ese capítulo, más en el libro Historia del Teatro Argentino en las Provincias, que son varios tomos que editó Osvaldo Pellettieri, el otro crítico teatral e historiador importante, pero que falleció, también, Graciela de Díaz Araujo cuenta distintos aspectos de esta historia.

Así me enteré y comencé a rastrear para conseguir más información. Bueno, finalmente terminé viniendo a Mendoza, no sólo por esta puesta, sino por otras, muchas, que vinieron después. Pero esta inicial es muy importante. 

Y otra cosa que pasó en esos años, que tuvo mucho que ver con la recepción que tuvo Esperando Godot, es que Antonio Di Benedetto era el director del diario de Los Andes en esos años. Él, además de ser escritor, era periodista. El viajó en 1960 a Europa y conoció personalmente a Eugène Ionesco –que es el otro gran escritor que engloban en el teatro del absurdo– y, aparentemente, asistió a funciones de teatro del absurdo, por lo que se interiorizó de esas tendencias, del teatro que se estaba viendo en ese momento sobre todo quizás en París.

Esperando a Godot en Mendoza

Esperando a Godot se estrenó en Mendoza en 1964, pero, por un comentario de Graciela González de Díaz Araujo –la historiadora– yo sabía que en 1960 o 1961 en Radio Nacional Mendoza se había difundido La última cinta magnética (el original, en inglés, Krapp’s last tape), la obra que yo estudié en mi tesis. Yo quería verificar ese dato y obtener más información, por lo que estuve “peinando” los archivos del diario Los Andes correspondientes a esos dos años en la Biblioteca San Martín, lugar en el que, entre paréntesis, me atendieron de maravillas. 

La investigadora en la Biblioteca San Martín.

A medida que iba revisando el diario, me di cuenta de que, durante muchos días aparecía un anuncio en un pequeño recuadro hacia el final de la edición, cerca de los clasificados, de lo que se transmitiría ese día en Radio Nacional,  que, casi todos los martes, y, ocasionalmente, algún otro día de la semana, incluía un Ciclo Nocturno de Teatro Breve

Finalmente y, para mi gran alegría, di con el dato que buscaba: el 25 de julio de 1961, el anuncio decía que ese día se difundiría La última cinta magnética, de Samuel Beckett.

Podemos decir, entonces, que esa información está verificada, pero lo que resta ahora saber es cómo llegó esa obra a Radio Nacional Mendoza. Es llamativo porque Beckett publicó esa obra en inglés en el verano europeo de 1958, su estreno londinense fue en octubre de ese año y la traducción del propio Beckett al francés se publicó en 1959.

Además, está la incógnita de saber qué traducción se utilizó, ya que no se registra traducción en español publicada con anterioridad a 1965. Tengo dos hipótesis pero, por supuesto, ninguna certeza. 

Una posibilidad es que Di Benedetto, Clara Giol Bressan (otra importante referente teatral de la época) o algún otro agente cultural de la época hayan presenciado la puesta que hizo Jorge Petraglia en febrero de 1960 en el Instituto de Arte Moderno en Buenos Aires y así hayan conocido la obra e, incluso, le hayan pedido a Petraglia la traducción al castellano, que aparentemente había hecho él mismo, seguramente de la versión en francés. 

La otra es que Di Benedetto, que en 1960 viajó a Europa, como decía, haya visto la versión estreno que se produjo en París en marzo de 1960 y él mismo u otra persona hayan hecho una traducción al español. Todos estos interrogantes habrá que seguir investigándolos y, quizás, nunca se puedan responder.

Luego de encontrar el anuncio que te comento en el diario, fui a Radio Nacional Mendoza con la esperanza de recolectar más información pero la encontré prácticamente desmantelada. Un operador me atendió muy amablemente y me confirmó que sólo hay una programación mínima porque el gobierno nacional está desmantelando las repetidoras, lamentablemente.

Por eso, él supone que pueden existir esos archivos o incluso los audios, pero es muy difícil saber dónde puedan estar guardados.

Universidad Nacional de México

¿Qué te motiva para realizar toda esta investigación sobre Beckett y el viaje a Mendoza?

Voy a escribir un capítulo para un libro, el proyecto que tengo a corto plazo es ese. Me invitaron de la UNAM, la Universidad Nacional de México, porque van a editar un libro sobre Beckett en Latinoamérica, y yo propuse Beckett en Mendoza porque, si bien no se escribe tanto tampoco de Beckett en Buenos Aires, me parecía lindo hacer un homenaje a todo esta rica historia de acá. 

En Buenos Aires en general no saben que Beckett se conoció tan tempranamente acá, además de que fue con otra impronta, que es lo que quiero descubrir, no sólo de los años 60, sino de todas las puestas que vinieron después. Esto no es para decir que todas tuvieron la misma impronta, en absoluto, pero, evidentemente, hay algo acá con Beckett, porque se lo ha montado mucho. 

¿Por eso vas a reunirte con Walter Neira?

Sí, él dirigió varias obras de Beckett. En el 93, en un ciclo que se llamó Solo Dúo, hizo Esperando a Godot y también Final de Partida –otra obra clave de Beckett– ambas reducidas a sólo dos personajes. Después, en 1996, volvió a montar Final de Partida, que además es una obra muy fuerte, ahí sí, con todos los personajes.

Alberto Pascual (Hamm) y Guillermo Troncoso (Clov), en Final de Partida, dirigida por Ángela Verdejo. Foto: gentileza Javier López Rotella.

La obra trata acerca de un hombre que está ciego y paralítico, en una silla de ruedas, y tiene un hijo adoptivo, medio esclavo, medio sirviente, algo así, que no se puede sentar. Es decir, siempre está de pie y caminando, porque no se puede sentar; y el otro está en silla de ruedas y ciego y lo martiriza. Además, a sus padres los tiene en dos tachos de basura, uno en cado uno. Cada tanto, uno de sus progenitores emerge del tacho y dice: “Tengo hambre”. Entonces, Hamm, el hijo, le dice a Clov, el “esclavo”: “Llevales una galletita, que no molesten, o cerrales la tapa”.

Es algo tremendo. Además, le pide a Clov que mire por unas ventanas altas que hay, que Beckett describe en la escenografía, como unos ventanucos altos, y que le cuente qué se ve fuera. ¿Y qué le dice su esclavo? Que fuera es la desolación, el páramo; salvo hacia el final, que manifiesta que ve a alguien, que parece un chico. Es como que, a veces, cada tanto, Beckett te deja una mínima esperanza.

El interés por Beckett

¿Qué es lo que te interesa de Beckett y su obra; la escritura, el lenguaje, la trama?

Hay una serie de cosas. Por un lado, es la obra en sí, la teatral, porque, como te dije, las novelas todavía no las abordé. Además, me fascina la vida de él, y esto de lo que no te hablé hasta ahora: la comunidad beckettiana internacional, que es algo increíble.

Hay organizaciones de estudio de la obra de Beckett, de sus puestas y montajes por todos lados; entonces, cuando viajo a alguna de estas cosas, me encuentro con esta gente, que es un mundo aparte. En general, estamos relacionando la obra de Beckett con el presente, porque su obra nos habla del presente, de una manera u otra.

Pensaba eso, a las puertas de la Tercera Guerra Mundial en la que estamos.

Sí, absolutamente. O sea, Beckett, vos lo leés o lo ves y te habla del presente, de alguna manera u otra. El año pasado fui a un congreso sobre Beckett y la justicia, y había muchas ponencias que planteaban distintos problemas terribles que hay en el mundo: injusticia, desigualdad, lo que fuera.

Se me ocurre que también se podría hacer eso con George Orwell y Aldous Huxley…

Por supuesto. Sí, por algún motivo, Beckett es un clásico; también, supongo, por el componente de humor, aunque después, las últimas obras fueron casi sin palabras porque va despojándolas…  por eso, también, me interesa. Va apareciendo el puro cuerpo ahí. No sé, hay un montón de cosas, además de las distintas lecturas que se pueden hacer.

Otra cosa que me fascina son las traducciones, porque él escribió en inglés, luego en francés; y se traducía a sí mismo. Yo leo bien en inglés, pero no sé francés, ahora lo estoy estudiando. Lo leo siempre en inglés y, en castellano, cuando quiero entender cómo hicieron algo acá, y en general me agarro la cabeza con las traducciones, me quiero matar. Siempre me están dando ganas de traducir de nuevo o busco las distintas traducciones… Esperando a Godot la escribió originalmente en francés.

Su vida en París

¿Qué lo atrapa de París, por qué se queda ahí?

Creo que toda esa vida tan de artistas e intelectuales; de hecho, estaba Joyce ahí. Con respecto a mi investigación, en 1971 vino a Mendoza Petraglia con Esperando a Godot al Teatro Independencia. En 1981, un director chileno hizo Final de Partida.

En 1993, Fabián Castellani hace Actos sin palabras, que es otra obra muy hermosa, como de mimo, sin palabras. Y, después, Walter Neira montó Esperando a Godot y Final de Partida, en un ciclo llamado Sólo Dúo, reduciendo cada obra a dos personajes. Luego, en 1996, esto a mí también me llamó muchísimo la atención de Mendoza, hay dos puestas de Final de Partida: la de Walter Neira y la de Ángela Verdejo.

Neira  coloca al personaje del sirviente, el hijo adoptivo en Final de Partida, en zancos, durante toda la obra y agarrada de unos hilos, porque es una mujer: Sara Torres, quien ahora vive en España. Le pregunté a Walter: “¿Por qué está en zancos? Y me respondió: “Y, como no se puede sentar, la puse en zancos, así extremo esa idea”. Yo vi esa puesta, estoy tratando de conseguir algún video.

Y Ángela Verdejo era la esposa del director de la Alianza Francesa en Mendoza, especialista en Beckett. Ella es filóloga e hizo, con Guillermo Troncoso y varios actores, una puesta completamente fiel a la obra de Beckett. Después, en 2023, Neira montó de nuevo Final de Partida, casi 30 años después, con la misma actriz: Silvia del Castillo, que hacía de Hamm, el ciego en silla de ruedas. Entonces, algo pasa con Beckett en Mendoza que no sé qué es.

Alicia Nudler y Guillermo Troncoso.

Beckett, su esposa y amantes

¿Tuvo hijos?

Él no tuvo hijos, estuvo casado durante 50 años con Suzanne Déchevaux-Dumesnil, de quien, recién ahora, se está poniendo en valor su figura porque quedó siempre opacada, como suele suceder, por Beckett. Ella era una pianista muy buena, también escritora; ahora se están recuperando sus escritos y también se está empezando a entender cómo contribuyó a la obra de Beckett porque, en realidad aportó muchísimo.

Era francesa y, sin duda, lo ayudaba todo el tiempo cuando él escribía en francés. Beckett tenía muchas relaciones y tuvo una amante, paralelamente a su relación con Suzanne, durante 30 años, que fue Barbara Bray, productora de la BBC. También se está revalorizando muchísimo su figura porque contribuyó mucho a la obra de Beckett.

Hay una señora que es una académica beckettiana muy importante, irlandesa, con quien estuve varias veces, y, la última vez, le pregunté: “¿Conociste a Beckett? Y me dijo: “Sí; mirá, de muy de joven, el biógrafo —que era su director de tesis— me preguntó si quería conocer a Sam” (a Beckett le dicen Sam). “Fui y no le podía preguntar nada porque era muy serio e imponente”. Parece que Sam tenía unos ojos celestes con una mirada que te atravesaba, es algo que, incluso, puede verse en las fotos.

Acerca de Alicia Nudler

Alicia Nudler es licenciada en Psicología (Universidad de Buenos Aires), magíster en Educación (Universidad de Massachusetts) y doctora de la Universidad de Buenos Aires, área Historia y Teoría de las Artes. Reside en la ciudad de Bariloche, Río Negro. Ejerció la docencia por décadas en la Universidad del Comahue y en la Universidad de Río Negro.

Es investigadora en el Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA y pertenece a la Samuel Beckett International Society y al Samuel Beckett Working Group de IFTR (International Federation of Theatre Research).

Su investigación se centra en la obra dramática de Samuel Beckett, con un foco en las puestas teatrales en Argentina, desde los inicios en los años cincuenta hasta la actualidad.

Ha publicado artículos académicos en diversas revistas nacionales e internacionales, tales como Beckettiana, Samuel Beckett Today/Aujourd’hui, Journal of Beckett Studies y The Beckett Review.

Ha realizado presentaciones sobre su tema de estudio en numerosas reuniones académicas nacionales en Buenos Aires y Bariloche e internacionales en Reading (Reino Unido), Dublin (Irlanda), Los Ángeles (EEUU), Reykjavik (Islandia) y Colonia (Alemania).

Actualmente escribe un capítulo sobre Samuel Beckett en Mendoza para un libro de la Universidad Nacional de México UNAM (México) sobre Beckett en Latinoamérica, y prepara una ponencia sobre Le Dépeupleur (El Despoblador) para la próxima reunión anual de la Sociedad Beckett en Amberes, Bélgica.