Las mellizas Malvinas, de Xil Buffone.

Prestigiosos teóricos, críticos de arte y de literatura coinciden en señalar que el asunto de Malvinas atraviesa las manifestaciones culturales argentinas desde el momento de la guerra hasta la actualidad. El escritor y crítico literario David Viñas definía como manchas temáticas a los núcleos significativos traumáticos que se registraban reiteradamente a través del tiempo en nuestro imaginario literario. La guerra de Malvinas, entonces, sería una “mancha temática”, es decir, un tópico que se reitera en las ficciones nacionales. Su huella y su poder simbólico supera largamente los 74 días que duró el conflicto bélico en 1982. La recurrencia del tema puede rastrearse no sólo en los libros, sino también en el cine, la música y el arte todo de nuestro país.

Composiciones emblemáticas del rock nacional cantan la guerra prácticamente en simultáneo, mientras está sucediendo, como es el caso de Reina Madre de Raúl Porchetto, escrita en 1982, o No bombardeen Buenos Aires, estrenada en vivo por Charly García en un recital en noviembre de ese mismo año y cantada luego en un recital del 26 de diciembre en el estadio de Ferrocarril Oeste durante la presentación oficial del disco Yendo de la cama al living, que finaliza con pirotecnia simulando un bombardeo.

En el cine, Los chicos de la guerra (1984), de Bebe Kamín, fue el primer largometraje sobre Malvinas, estrenado 2 años después de la rendición argentina frente a los ingleses. A partir de este film, pueden contarse múltiples producciones, entre documentales y ficción cinematográfica, hasta llegar a Falklinas (2021) de Santiago García Isler, Nosotras también estuvimos (2021) de Federico Strifezzo, que rescata la gesta de las enfermeras de la guerra, invisibilizada durante décadas, o Los medios de la guerra (Télam y RTA, 2022), entre muchas otras cintas que evocan la contienda y rescatan testimonios de los protagonistas.

En las artes plásticas ocurre lo mismo. Un exhaustivo estudio de Florence Baranger Malvinas: Paisaje y memoria 1982-1922. Una mirada desde las artes visuales, recoge obras de arte de 45 artistas argentinos inspiradas en Malvinas a lo largo de cuarenta años.

En la literatura, el libro que abre la puerta de Malvinas es Los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill (1982), escrito con el telón de fondo de los últimos ruidos de las ametralladoras, mientras el país estaba aún en pleno conflicto. Es la primera ficción de la guerra y la primera novela de Fogwill, que, como él mismo afirmaba: “No fue escrita contra la guerra, sino contra una manera estúpida de pensar la guerra y la literatura”.

Según sus propios dichos, la escribió en 3 días, encerrado en su departamento, del 11 al 13 de junio de 1982. “En esa época yo vivía en un piso décimo, mi mamá vivía en el quinto. Yo bajaba, al mediodía, y a la tardecita, a morfar algo, y estaba el televisor prendido todo el tiempo. Esa fue mi única relación con Malvinas”, ha contado en entrevistas.

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La novela narra la historia de un grupo de soldados argentinos en Malvinas que desertan y se ocultan en un refugio subterráneo. Han sido dados por muertos por el Ejército. Su único objetivo es sobrevivir para poder volver a casa. Se autodenominan “pichiciegos” por considerarse similares al armadillo: “Un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -un caparazón- y no ve. Anda de noche”, como dice uno de los personajes del relato.

Los personajes pasan la mayor parte del tiempo en la cueva, se organizan para realizar tareas para mantenerse vivos. Entre ellas, el intercambio de mercaderías y comestibles con los ingleses y los habitantes de las islas. La trama narra la lucha de los pichis contra el frío, las enfermedades y el miedo, a la guerra y a ser descubiertos por el Ejército argentino.

Los Pichiciegos presenta el contradiscurso de la heroicidad y el patriotismo que enarbolaba el gobierno militar de facto. El relato es una clara denuncia contra la manipulación, el poder y el sinsentido de la guerra, que se publicó clandestinamente en 1983. Es, además, una ficción pionera, que inaugura una clave para narrar y procesar un episodio histórico que parece imposible de ser narrado, a menos, claro está, que se haga desde la parodia y el grotesco.

Muchas otras obras literarias nacionales de todos los géneros y para destinatarios de diferentes edades abordaron la guerra después de Fogwill y a lo largo de estos 42 años. La lista es larga y advertimos el riesgo de varias omisiones. Simplemente, mencionaremos algunos títulos que, en nuestra opinión, merecen ser leídos por quienes buscan guías para pensar la guerra, para descubrir aspectos y misterios todavía ocultos, que continúan sin cerrarse, para conjurar el largo olvido de un hecho histórico que nos atraviesa y nos interpela aún hoy, a 42 años de haber ocurrido.

  • Primera Línea, de Carlos Gardini (cuento, 1983)
  • “Juan López y John Ward” y “Milonga del muerto”, de Jorge Luis Borges (poemas, 1985)
  • Radar en la tormenta, de Alfredo Veiravé (poemas, 1985)
  • La soberanía nacional, de Rodrigo Fresán (cuento, 1991)
  • Las islas, de Carlos Gamerro (novela, 1998)
  • Una puta mierda, de Patricio Pron (novela, 2007)
  • Cuando te vi caer, de Sebastián Basualdo (novela, 2008)
  • Soldados, de Gustavo Caso Rosendi (poemas, 2009)
  • Nadar de pie, de Sandra Comino (novela, 2010)
  • Trasfondo, de Patricia Ratto (novela, 2012)
  • Sobrevivientes, de Fernando Monacelli (novela, 2012)
  • El día en que Madryn se quedó sin pan, de Federico Lorenz (cuento, 2016)
  • Tito nunca más, de Mempo Giardinelli (cuento, 2017)
  • Postales desde Malvinas, de Federico Lorenz (2021)
  • Ovejas, de Sebastián Ávila (novela, 2022)
  • La guerra menos pensada, (autores varios, relatos, 2022)
  • Memorias de Onoda, de Germán Pinazo (novela, 2022)