Mariana Enriquez.

“Nuestra parte de la noche” (Our share of night), la cuarta novela de Mariana Enríquez, traducida al inglés por Megan McDowell, es una de las 70 candidatas a quedarse con el Premio Literario Dublín (uno de los más valiosos del mundo, para obras escritas en inglés o traducidas), que ofrece 75.000 euros para la escritora y 25.000 para la traductora.

La obra de la “dama del terror argentino”, ya había sido elegida entre los “libros imprescindibles” (Must-read books) de la prestigiosa revista neoyorquina Time.

Las novelas participantes son postuladas por bibliotecas de todo el mundo. El ganador se divulgará el 23 de mayo y el premio se entregará en una ceremonia durante el Festival Internacional de Literatura de Dublín ese mismo mes.

La autora argentina es, sin dudas, una de las más destacadas plumas nacionales, representante de la llamada “nueva narrativa argentina” (NNA), que surge en los 90 bajo la tutela de la Biblioteca del Sur de Juan Forn, quien, de hecho, descubrió a Enríquez y publicó su primera novela, “Bajar es lo peor” (1995), cuando ella tenía 22 años.

Según Elsa Drucaroff (catedrática de la UBA), lo que caracteriza a la NNA, contextualizada en la posdictadura argentina, es la figura recurrente de “el fantasma” como signo de “una generación que se crió con el fantasma de los desaparecidos deambulando entre ellos”.

Enríquez ha publicado más de una docena de obras, entre novelas, ensayos, libros de cuentos y crónicas. Ha ganado muchísimos premios y distinciones. Ha sido traducida a varios idiomas y, durante el 2023, giró por el país con su espectáculo “No traigan flores”. En Mendoza, lo presentó en el teatro Plaza en agosto pasado.

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La clave de su literatura es la combinación de los íconos del género de terror anglosajón con la realidad política e histórica latinoamericana. Así, la dictadura es para Enríquez el contexto de la época fantasmal de su infancia. Pero, además, apuesta por un rescate de la oralidad y de las historias del horror específicamente latinoamericano y rioplatense.

En ese sentido, reconoce las influencias de Borges, del Cortázar más oscuro, de las niñas malditas de Silvina Ocampo y de Manuel Puig, en su apuesta por los géneros menores y desprestigiados (como el terror). Sin embargo, remarca que la generación de escritores de la que se considera parte no abreva únicamente en herencias literarias, sino que se nutre también del cine, los videojuegos, las series, el rock, las traducciones y la literatura popular. 

En sus narraciones, el cine y la música son fundamentales. La presencia del rock (Led Zeppelin, David Bowie)  y el punk, sobre todo, constituyen una mitología. Como ha puntualizado en algunas entrevistas, el fin del sueño hippie en los 70, el derrumbe de la utopía de que los jóvenes cambiarían el mundo, coincide en Argentina con la negrura de la dictadura.

Ese pesimismo llega, en ambos casos, con el horror y la afluencia de terrores de la cotidianidad (no ya sobrenaturales). En el mundo anglosajón de los 70, el terror se vuelve elevado y surgen películas de prestigio (“El bebé de Rosemarie” de Polanski, “El exorcista” y el primer cine slasher de John Carpenter). De todo este bagaje del género, Enríquez rescata en muchos de sus relatos la idea del adolescente que camina hacia el peligro y luego no puede librarse, como también la figura del fantasma como el cuerpo sin tumba que regresa a pedir justicia, tan cercana a la realidad de los desaparecidos del proceso.

Nuestra parte de noche

La cuarta novela de la escritora ha sido multipremiada. Entre otros, obtuvo el premio Herralde de Novela. Dividida en secciones con variadas texturas narrativas, en cuanto a géneros, la escritura va desde el relato del viaje de un padre y un hijo hacia las Cataratas del Iguazú hasta la novela de iniciación. Con múltiples voces narradoras y variaciones temáticas, la trama, temporalmente desordenada, abarca de 1960 a 1997 y tiene como eje la historia de Gaspar y sus padres (Juan y Rosario). La autora amasa, espeluznantemente, en casi 700 páginas, todos los ingredientes e influencias que ya han aparecido en sus libros de cuentos previos. Encontramos sectas u órdenes secretas, casas encantadas, mediums, rituales demoníacos, el rock psicodélico y los elementos clásicos del terror contextualizados en la realidad sociopolítica argentina e, incluso, con la presencia de un personaje que ya aparece en otro de sus relatos (Adela). Todo esto, atravesado por temáticas profundas, como el crecimiento, la amistad, el primer amor  y la compleja relación entre madres/padres e hijos.