Gabriel Jimenez. Foto gentileza: Caterina Amezaga.

El calor del verano invita a permanecer quieto a la sombra de algún árbol benefactor. El cuerpo inmóvil pero la mente activa, sugerimos desde El Sol. Con muy poco, prisioneros de la crisis que manda la economía de los hogares en estos días, se puede disfrutar de la mejor compañía: el talento de los autores mendocinos.

Te proponemos un recorrido por escritos mágicos y, en este caso, liberadores, “hechos en Mendoza”. Un encuentro con gente que apuesta por el maravilloso arte de la palabra.

Nuevos romances de prisioneros

Gabriel Jiménez es lasherino. Se presenta como redactor creativo, profesor de Filosofía, sommelier y enganche. Jugador libre y freelancer. Coordina la comisión de cultura del Club Atlético Gimnasia y Esgrima. Hace fanzines y columnas radiales.

En sus primeros pasos en la escritura, gracias a becas del Fondo Nacional de las Artes (FNA) se capacitó en poesía con Alicia Genovese y Tamara Kamenzsain. Luego, también becado, asistió a un taller de narrativa con Gabriela Cabezón Cámara. Con Eliana Drajer y Mercedes Parral (compañeras becarias), conformaron en Mendoza, el colectivo poético La Moledora de Carne, que realizó intervenciones, publicó fanzines y dictó talleres creativos.

Durante 14 años dio clases en contexto de encierro en Mendoza, y coordinó varios talleres literarios, de los que surgieron revistas escritas desde la cárceles de mujeres y de hombres, como La ganzúa, De este lado y La esquela, entre otras.

Su primer libro de poemas, Vidrio Molido (Carbónico), se editó en el 2009. En el 2013 publicó Coso (Ediciones del Dock) y, en el 2015, ganó el Certamen Literario Vendimia de Poesía con Motín.

Su obra dramática Sirenas fue premiada por el Teatro Nacional Cervantes y se produjo durante la pandemia. Podés verla desde el canal de YouTube del teatro:

YouTube video

Los poemas que aquí te presentamos son inéditos:

Política spam

la sonrisa sostenida en el cartel

la mirada vacía, la piel tersa 

la realidad pixelada y tensa

por un alambre al poste 

en un gesto rígido de campaña  

mientras 

en el semáforo de costanera 

se turnan vendedores, limpiavidrios y mendigos

en sus malabares por sobrevivir,

y mi hijo pregunta 

¿de qué se ríe, el señor de la foto? 

Consejo de mi abuela para lavar las ollas quemadas

no insistas 

en fregar lo que no sale

nada se saca con furia

ni se limpia con fuerza

los cuidados siempre son sutiles

es inútil 

cualquier intento por modificar

lo que el fuego tiñó de negro

no hay químicos ni productos

tan fuertes como sus publicidades

es engañoso querer volver a cero

hay que dejar

los cacharros al sol

y que el tiempo seque las costras

las heridas cicatrizan solas

y lo que sobra

cae por su propio peso. 

Los mismos de siempre

en los recitales desconocidos

en las tribunas del ascenso

en las marchas y los paros

no vamos por el éxito

sino por las derrotas

que llevamos a cuestas.

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