El calor del verano invita a permanecer quieto a la sombra de algún árbol benefactor. El cuerpo inmóvil pero la mente activa, sugerimos desde El Sol. Con muy poco, prisioneros de la crisis que manda la economía de los hogares en estos días, se puede disfrutar de la mejor compañía: el talento de los autores mendocinos.
Te proponemos un recorrido por escritos mágicos y, en este caso, liberadores, “hechos en Mendoza”. Un encuentro con gente que apuesta por el maravilloso arte de la palabra.

Nuevos romances de prisioneros
Gabriel Jiménez es lasherino. Se presenta como redactor creativo, profesor de Filosofía, sommelier y enganche. Jugador libre y freelancer. Coordina la comisión de cultura del Club Atlético Gimnasia y Esgrima. Hace fanzines y columnas radiales.
En sus primeros pasos en la escritura, gracias a becas del Fondo Nacional de las Artes (FNA) se capacitó en poesía con Alicia Genovese y Tamara Kamenzsain. Luego, también becado, asistió a un taller de narrativa con Gabriela Cabezón Cámara. Con Eliana Drajer y Mercedes Parral (compañeras becarias), conformaron en Mendoza, el colectivo poético La Moledora de Carne, que realizó intervenciones, publicó fanzines y dictó talleres creativos.
Durante 14 años dio clases en contexto de encierro en Mendoza, y coordinó varios talleres literarios, de los que surgieron revistas escritas desde la cárceles de mujeres y de hombres, como La ganzúa, De este lado y La esquela, entre otras.

Su primer libro de poemas, Vidrio Molido (Carbónico), se editó en el 2009. En el 2013 publicó Coso (Ediciones del Dock) y, en el 2015, ganó el Certamen Literario Vendimia de Poesía con Motín.
Su obra dramática Sirenas fue premiada por el Teatro Nacional Cervantes y se produjo durante la pandemia. Podés verla desde el canal de YouTube del teatro:
Los poemas que aquí te presentamos son inéditos:
Política spam
la sonrisa sostenida en el cartel
la mirada vacía, la piel tersa
la realidad pixelada y tensa
por un alambre al poste
en un gesto rígido de campaña
mientras
en el semáforo de costanera
se turnan vendedores, limpiavidrios y mendigos
en sus malabares por sobrevivir,
y mi hijo pregunta
¿de qué se ríe, el señor de la foto?

Consejo de mi abuela para lavar las ollas quemadas
no insistas
en fregar lo que no sale
nada se saca con furia
ni se limpia con fuerza
los cuidados siempre son sutiles
es inútil
cualquier intento por modificar
lo que el fuego tiñó de negro
no hay químicos ni productos
tan fuertes como sus publicidades
es engañoso querer volver a cero
hay que dejar
los cacharros al sol
y que el tiempo seque las costras
las heridas cicatrizan solas
y lo que sobra
cae por su propio peso.
Los mismos de siempre
en los recitales desconocidos
en las tribunas del ascenso
en las marchas y los paros
no vamos por el éxito
sino por las derrotas
que llevamos a cuestas.
No dejes de seguir a Gabriel Jiménez en las redes:

