Mar Vilchez.

Mar Vilchez Aruani es poeta, dramaturga, actriz, directora de teatro, narradora oral e iluminadora. En el género teatral, ha escrito Blasfemia, Los Papeles, Cardo, microteatro y Desigual 1996. Con su obra más reciente, “Nada se rompe como un corazón”, obtuvo el primer premio del Certamen Literario Vendimia 2024 en la categoría de Dramaturgia. Conversamos con ella acerca de la obra ganadora, la escritura y la situación del teatro mendocino. En blog de poesía se pueden leer algunos de sus textos.

¿Desde hace cuánto escribís?

Escribo de toda la vida, esa es la verdad. Pero bueno, yo no estudié en la universidad nada relacionado con la escritura. Estudié Teatro en la universidad y me dedico al teatro. Mis trabajos en la vida adulta siempre han tenido que ver con el teatro. El teatro es como la escritura más disciplinada que tengo.

¿Cómo descubriste la importancia de formarte y desarrollar un enfoque más sistemático en la escritura teatral?

Me tuve que gestionar las herramientas teóricas, ojo, porque tampoco es que exista la formación de escritura teatral en la facu. Pero cuando me di cuenta de que quería escribir teatro, cuando empecé a escribir teatro seriamente, bueno, me di cuenta de que necesitaba estudiar. Entonces ahí me fui gestionando como los recursos y aprender a escribir teatro me dio como una mirada como más seria sobre la escritura en relación a la parte que tiene de oficio de la escritura. Porque si bien yo había escrito toda la vida, esto de volver sistemáticamente a lo escrito, corregir, retrabajar un texto muchas veces, tallerearlo, estudiar diferentes materiales o diferentes lenguajes para poder ir y venir de un texto al otro, eso vino a mi vida con la escritura teatral. Después se expandió a las otras también, ¿no?

¿Cuándo te diste cuenta de que no eras solo actriz, sino que vos también querías o ibas a producir tus propios textos?

Me di cuenta un tiempo antes de empezar a hacerlo efectivamente, por esto que te digo de que siempre tuve un vínculo muy estrecho con la escritura, es una de las cosas que más amo profundamente, escribo desde que era una niña.

¿Qué escribías cuando eras niña?

Cuentos, cuentos. Escribía cuentos muchísimos y poesías. Y los primeros intentos de escritura teatral aparecieron apenas dentro de la Facultad de Teatro, pero fueron unos intentos muy torpes, el lenguaje teatral es muy específico, entonces hay que comprenderlo para poder escribirlo, no es tan simple. Entonces yo creo que recién cuando escribí la segunda obra de teatro que escribí completa, que fue un proceso largo, que tuvo que ver con talleres y demás, que fue una obra que después yo dirigí y puse en escena, que es una obra que se llama Blasfemia, a la que le tengo mucho cariño, ahí fue como que me terminó de hacer ese click en la cabeza de ese vínculo entre la escritura y la escena, que en realidad es lo que más me entusiasma, digamos.

En Mendoza no hay formación en Dramaturgia, hay formación en entrenamiento actoral. ¿Cómo te formaste?

Sí. Y en Dirección, tal vez en Cinematografía, sé que hay varias, pero no hay específicamente en Dramaturgia. Acá en Mendoza hay algunos talleres. Yo estudié con el Osjar Navarro Correa, quien este año ganó el premio en Poesía.

¿Te sentís más poeta o dramaturga o las dos cosas?

Las dos cosas, las dos cosas. Absolutamente queer de lenguajes también. En realidad me gustan los lenguajes no tan puros, me gusta la cruza. Con esta obra que ganó el Certamen Vendimia, yo tenía un poco por ahí de miedo. Tenía esta obra y tenía otra para mandar. Las dos listas. Y la otra es una obra graciosa convencional que yo sabía que gustaba. Y esta era más rara, porque lo que justamente hace es un cruce entre un lenguaje muy coloquial, de los dos personajes, que son dos amigas, su manera de hablar entre sí, y unos textos que son bastante poéticos, que son traídos de mi trabajo en la poesía. Entonces, es raro ese cruce.

¿La poesía se infiltra en tu escritura?

Sí, se infiltra. Y ahora, hoy en día, la dramaturgia ya no les exige a los dramaturgas que sean puros. Por suerte, porque eso es después potencia de escena, entonces, mejor.

¿Y qué tipo de obra es “Nada se rompe como un corazón”? Es un título maravilloso, me da la impresión de ser romántica.

Sí, en realidad, no es una historia de amor así, tal cual, como podría sugerir el título. Es la historia del amor entre dos amigas. Son dos amigas que están varadas en el medio de la ruta. La obra tiene un subtítulo que es “Exilio interrumpido que dura lo que una puesta de sol”. Que da como una idea de la estructura, ¿no? Entonces, estas dos amigas están varadas en el medio de la ruta, en el desierto, y lo que sucede es que van transcurriendo las horas, se va poniendo el sol, ellas se van quedando cada vez con menos agua, hace muchísimo calor, mientras tanto están esperando la grúa. Y la premisa es que han huido, han huido de algo, que se va como un poco develando a lo largo de la obra. Entonces, si bien un poco el corazón roto, el amor, podría ser esta idea de la que ellas se escapan, así como un spoiler te digo. La obra habla más del vínculo entre ellas, que son dos amigas muy cercanas de hace muchos años, que se conocen mucho y que se bancan mucho. Podría decirte que es un drama, si tuviera que ponerme rigurosa con el género, digamos, pero tiene muchos momentos que son muy graciosos. El habla entre ellas es muy coloquial, tienen esas palabras bobas que usan a veces las amigas para hablarse entre sí.

Expresiones generacionales, tal vez, me imagino.

Generacionales y territoriales también. Porque, bueno, un poco el desierto, ese paisaje que para mí está escrito muy fuertemente en esta obra, es una de las cosas que más me gustan. Ese paisaje está escrito en la lengua también, está la lengua del desierto, de la sequía, del polvo, del Zonda, del calor, todo eso está.

¿Cuando la escribías, pensaste en actrices específicas?

Me encanta esa pregunta. Mira, a veces me ha pasado que estoy escribiendo y pienso en alguna actriz o algún actor particularmente para algún personaje, o en alguna referencia de algún personaje que haya visto en alguna ficción que me haya gustado, en una serie, una peli, ¿no? Pero lo que más me gusta, creo a mí, de la escritura teatral, es que hay un momento en el que el personaje cobra una independencia de mí. Es lo que sucede con la escritura, que yo no lo puedo disponer voluntariamente desde mi cabeza. Es lo que me va pidiendo el personaje. Y sucede en un momento particular de la escritura y cuando eso empieza a suceder, esto he aprendido de Osjar, que es mi maestro, bueno, mi tarea es disponer para que ese personaje se despliegue sin juzgar.

Te dejás llevar, atravesada por el personaje.

Esto que te decía de que es algo que por ahí hace falta estudiar porque es muy complejo y no sé qué, bueno, lo que me pasaba al principio, así como estas primeras escrituras muy inocentes, muy jóvenes, eran mucho de lo que yo quería disponer en la escritura, De la cabeza, de la idea, de la bajada de línea. El mensaje. Muy autoritario, muy bajada de línea. Entonces cuando aprendí que en realidad la escritura era algo que se iba construyendo sobre sí misma, a medida que uno escribe, bueno, todo eso fue yéndose. Lo que sucede es que los personajes terminan no teniendo que ver con un actor o una actriz verdadera que exista, sino que son un personaje en sí mismo. Y bueno, y eso termina sorprendiéndome a mí, a mis propios personajes.

Más allá de tu obra y de lo que vos hacés, ¿qué rol tiene hoy el texto dramático en el teatro de Mendoza?

Es una pregunta linda. Mira, yo creo que sería una respuesta muy diferente a la que te daría si me hubieras preguntado cuál sería el rol del dramaturgo a nivel país. Pero acá en Mendoza lo que sucede es esto, que hay como un lugar por ahí muy chiquito, muy difuso para la dramaturgia. Y hay gente que escribe teatro. Entonces, quizás es necesario que existan ciertas plataformas que refuercen esas escrituras teatrales. Por ejemplo, bueno, en los espacios de formación hay una cátedra de Dramaturgia en la Facultad de Teatro, que hace poquito la empezó a dar Pablo Longo. Yo soy su adscripta de la cátedra. Pero no estaba antes. Antes, el profesor de Dramaturgia era un profesor de historia. De Historia del Arte, ¿no? Era otro enfoque, las personas que escribimos teatro nos hemos tenido que ir gestionando nuestra formación por acá, un poco por allá. Por ahí falta esa pata institucional fuerte que solidifique. No sé, ahora, por ejemplo… Bueno, el año que viene se va a abrir un doctorado en Artes en la Facultad de Teatro. Eso es importante porque quizás ahí empieza… También nosotros, como teatreres, tenemos la misión o la tarea de decir che, trabajemos con nuestros compas de acá de Mendoza que escriben teatro, ¿no?, en vez de irnos a buscar autores de afuera . Pero sí, yo creo que lo que sucede es que hay poco desarrollo de eso. Porque no hay espacios de formación ni de intercambio. Y quizás los dramaturgos han quedado perdidos también por esto, porque no hay una investigación que hable de su trabajo. No hay espacios de legitimación, como por ejemplo esto, ¿no? Que alguien alguna vez te publique un libro.

Hay mucho de escritura para un determinado elenco, para el grupo del que se forma parte también, ¿no?

Sí, en ese sentido, lo interesante es pensar la dramaturgia como no solamente como un libro o como un texto escrito así en los términos formales, sino como este concepto ampliado de la dramaturgia que tiene que ver con poder pensar dentro de esa palabra a todos los lenguajes que escriben escena. En ese caso hay un montón de dramaturgas que quizás nunca bajaron sistemáticamente a un papel la obra. Pero sí hay mucha gente que ha escrito escena.

¿Y cómo ves tu obra? ¿Es una obra que puede ser tranquilamente leída o que está más para ser representada?

A mí me gusta escribir un teatro que sea interesante también en la lectura. No sé si es que hay algún teatro que no lo sea, tampoco es que estoy diciendo eso. De hecho hay componentes visuales en la escritura. Que tienen que ver con cómo está organizado el texto en la hoja, cómo son elementos que para mí hacen a la escritura también, como al ritmo, la cadencia, a estas cosas de la escritura que no son palabras, pero sí se escriben de alguna manera. Entonces eso está en la lectura. Y después, ¿quién va a poner esa obra en escena? Bueno, eso también será información que de alguna manera decidirá o no trasladar a la escena.

¿Para qué público es?

Creo que es una obra para público adulto, para lectores adultos o jóvenes, quizás no necesariamente mayores de edad, pero adolescentes sí. Porque si bien no es cruel ni violenta, ni tiene alguna de esas por ahí complejidades como tener cierto cuidado, sí hay temáticas complejas: la herida, el dolor, la muerte. Después, a mí me gustaría pensar que no hay una restricción de público. El teatro que yo escribo no es heterosexual, pero eso no significa que sea solamente para la gente queer o para la comunidad LGBT. Me gusta pensar en un texto que puede conmover a cualquiera que lo quiera leer.

¿El premio, además de la publicación y dinero, incluye el montaje de la obra?

No, ya no. Hasta el 2020 se hacía pero se descontinuó. Ojalá se vuelva a implementar. Pero a mí me encantaría montar esta obra, e incluso, la actuaría.

Sos poeta y dramaturga pero también tenés otro oficio, sos iluminadora. ¿Qué ha aportado la iluminación a tu escritura?

Es otro de los lenguajes que hacen escena. Es la escritura con luz en el tiempo. Es muy compleja la iluminación y requiere mucho esfuerzo. Es la técnica dura y pura: cargar peso, ensuciarse las manos, trabajar en altura. Te da mucho oficio del detrás de escena. De toda la complejidad que hace posible que la escena ocurra.

Pero supongo que también tiene que ver con la mirada, el punto de vista, ¿no?

Sí, eso tiene que ver con el diseño de la iluminación. Es difícil porque hoy en día lasconsolas son difíciles de usar. Pero cuando diseñás te ocupás del punto de vista, elrecorte,la paletaa de colores,esalgo bellísimo. Podés cambiar una escena por completo con las luces. Dibujás, pintás, agrandás, deformás, lo que quieras…

¿Y cómo se traduce esa experiencia de espectáculo en tu escritura?

Sí, muchas veces me han dicho que mi escritura es cinematográfica. Es un halago, pero estoy en desacuerdo porque no creo que una imagen literaria fuerte tenga que relacionarse con el cine. Para mí es teatral. Pero sí hay algo lindo. Uno de los aprendizajes es que no hay que escribir la puesta en escena porque le quitamos potencia al texto.

Antes de esta obra, ¿qué has escrito?

Escribí Blasfemia, Los papeles (publicada en la Ediunc), Cardo, los monólogos de microteatro y una obra de ciencia ficción, Desigual 1996.

¿Cuáles han sido representadas?

Solo Blasfemia. Pero Desigual 1996 está lista para representarse. Esas dos obras han ganado menciones en años anteriores en el Vendimia. La obra de microteatro la representan unas actrices de Bahía Blanca.

¿Qué líneas temáticas podés encontrar en tu obra como conjunto?

Bueno, yo creo que lo que atraviesa mi escritura teatral es el vínculo de la amistad, por sobre todo. Es lo que sostiene esos cuerpos. Me interesa además el habla de los personajes. No tan solo un registro de la oralidad sino más bien tratar de inventar una oralidad, inventar el habla de los personajes: códigos, modismos, etc.

¿Y qué anclaje cultural y social hay en estos vínculos de amistad?

Hay mucho, por cierto. Es la amistad completamente atravesada por lo cultural.

¿A qué dramaturgos admirás o han influido en tu escritura?

Admiro mucho a Osjar Navarro Correa y a su hacer teatral. También a mariano tentoni blanco,un dramaturgo de buenos aires. A la chilena Manuela Infante, su obra Vegetal, por ejemplo. Lola Arias, que hace ficción con la no ficción. Todos me han ido enseñando cosas. Pero también me influyen lecturas de otros géneros. Leo de todo, todo el tiempo. Por eso a veces también me gusta trabajar el contacto entre distintos lenguajes.

¿Cómo es eso?

La idea es no trabajar con un lenguaje tan puro, sino permitirse el cruce, el borde, el punto de contacto entre varios géneros. Por ejemplo ahora estoy escribiendo algo con uno de los personajes de la obra Blasfemia, pero no estoy segura de si será narrativa o teatro. Me interesa pensar desde la escena y desde la escritura en la no pureza de los lenguajes.

Son muy pocas las personas que leen teatro, ¿cómo es la relación con esos lectores o se escribe pensando en el espectáculo?

Ambas cosas. Creo que el texto teatral es valioso para ser leído más allá de su representación o no. Pero también creo que no se escribe solo. Hay siempre una necesidad de devolución. Yo, por lo menos, no escribo en solitario, tengo siempre personas que me hacen devoluciones y trabajo con esas devoluciones.

¿Quiénes son esas personas?

Maestros o gente con la que comparto talleres. Mis amigues, y entre la comunidad teatral de Mendoza y quienes escribimos teatro hacemos encuentros que tienen que ver con aperturas de procesos teatrales y en esas oportunidades se lee mucho lo que se está escribiendo y se representan. Por ejemplo, este año se hizo un ciclo en el Teatro El Taller que se llamó “Teatristas en qué andan”, en el que se leían muchos textos en proceso de escritura. Yo he aprendido a escribir así, compartiendo con otros. La mirada del otro te hace crecer.

¿Escribís al mismo tiempo teatro y poesía, quiero decir, proyectos diferentes?

Sí, claro. Porque imaginate que cada obra de teatro que escribí me llevó más o menos un año. Mientras tanto, he escrito poesía.

Hablando de la poesía, participaste en un evento muy bueno que se llama “Gental”. ¿Podrías contar algo de eso?

Es un ciclo de conversación entre el texto y la escena que organiza Garúa, una editorial independiente. Entonces la editorial hace una publicación de los textos, en este caso, sin curaduría, elegidos por el autor y, antes de editarlos, un grupo de artistas recibe los textos y prepara una performance, desde distintas áreas artísticas, que dialoga con los textos. Entonces, el público, antes de leer la publicación, ve esas conversaciones con los textos. Es muy interesante. Después podés comprar el libro.

¿Qué significa el premio Vendimia para vos?

Algo muy hermoso. La posibilidad de editar un libro es increíble, porque es muy difícil lograrlo, hay poca circulación además.

Pensando en el título de tu obra, “Nada se rompe como un corazón”, te pregunto: ¿cómo se rompe un corazón?

(Risas). Bueno, el título es la traducción de una canción que canta Miley Cirus, pero creo que hay una declaración en ese título que, no es necesariamente lo que yo pienso como autora, sino que es lo que les está pasando a los personajes. Específicamente a uno de ellos, que piensa que podrán existir muchas tristezas en la vida pero ninguna tan grande como la que está sintiendo, porque su corazón no se había roto nunca tan brutalmente.

¿Qué edad tienen los personajes?

Son treintañeros.

¿La obra ocurre en Mendoza?

No está especificado, aunque está escrita desde un mendocinismo absoluto, pero hay un juego que tiene que ver con este paisaje poético interior que sugiere ambigüedad.

¿Hay mucha gente escribiendo teatro en Mendoza?

Sí, hay mucha, y hay una comunidad, porque la mayoría de los que escribimos teatro también hacemos teatro. Los estilos de escritura son muy variados porque venimos de distintas formaciones, con distintos objetivos y deseos. Es muy interesante pero el problema es que no hay recursos. Quedan solamente 3 salas independientes funcionando. Se han ido cerrando porque no se pueden sostener. Hace falta más apoyo, que se produzcan obras con estímulos y recursos estatales. En otras provincias veo más fomento.

¿Qué se podría hacer que hayas visto en otros lados?

Fomentar las distintas etapas: la creación, por ejemplo, con algún subsidio. También sería buenísimo que existiera más apoyo desde el ámbito privado, no necesariamente dinero, sino materiales, aspectos técnicos, como luz y sonido, y fundamentalmente espacios para trabajar.

¿Eso es lo más urgente?

La problemática espacial es la más grave, sí. No hay salas de ensayo. Los pocos espacios que hay no pueden contener todas las propuestas. Después también está el tema de la circulación, de las obras, de la escritura, no sólo de acá, sino nacionales. Hay que generar circuitos. Hay algunos programas provinciales, como la comedia municipal, la iniciativa del campo histórico El Plumerillo, lo que se hace durante las vacaciones de julio. Eso está muy bien, pero se necesita mucho más. Antes existían los “corredores del teatro” del Instituto Nacional del Teatro (INT), pero ya no están más.

¿Cómo ves lo que vendrá?

Está muy difícil, pero el teatro es un arte de resistencia, así que va a sobrevivir.