El cineasta sanjuanino Mariano Donoso participará en la Competencia Internacional de Doclisboa, el prestigioso festival de cine documental que se desarrolla en Portugal del 15 al 25 de octubre, con el estreno de su largometraje Saturno o Pequeño Tratado de la Melancolía. La película tendrá dos funciones, los días 19 y 23 de octubre, en el histórico Cinema São Jorge de Lisboa, y constituye la primera entrega de una trilogía cinematográfica concebida a lo largo de doce años en las comunidades del secano de Guanacache.

La obra forma parte de la denominada Trilogía de los Pequeños Tratados, un proyecto que propone explorar tres dimensiones de la experiencia humana: la melancolía, la imagen y la magia. Aunque sus títulos remiten a conceptos abstractos, las películas comparten un mismo territorio y una historia ligada a las comunidades del secano lavallino y las antiguas lagunas de Guanacache, entre Mendoza y San Juan.

“Parecen nombres abstractos, pero las tres suceden alrededor de un ecosistema humano y geográfico específico: las comunidades del secano lavallino y las antiguas lagunas de Guanacache, entre Mendoza y San Juan”, explica Donoso.

Una ceremonia ancestral en el corazón de Guanacache

El proyecto comenzó en 2014, cuando el realizador tomó contacto con los habitantes de la región y, particularmente, con Rubén Díaz, un sanador de la comunidad conocido como Caballo Loco. Artesano y veterano de la Guerra de Malvinas, Díaz protagoniza esta primera película a través de un ritual de sanación que realiza cada 23 de junio, durante el solsticio de invierno.

En Lagunas del Rosario, en el árido territorio mendocino, el curandero organiza una ceremonia reservada a iniciados, que convoca a peregrinos llegados desde distintos lugares en busca de alivio para sus enfermedades, dolores y tristezas. La vigilia se extiende durante toda la noche, entre fogatas, oraciones y relatos ancestrales, hasta culminar al amanecer con una gran hoguera y la sanación de los asistentes.

En medio de un paisaje marcado por la sequía y la desaparición de las antiguas lagunas, la ceremonia adquiere una dimensión que trasciende lo religioso: expresa también la resistencia de una comunidad que busca preservar sus prácticas culturales y recuperar el vínculo con un territorio profundamente transformado.

“Desde chico en San Juan me fascinaba la idea de Guanacache. Cuando llegué en 2014 sentí que era mi lugar destinado para filmar”, recuerda el director. Para abordar ese universo, su principal desafío fue evitar una mirada condescendiente o explicativa que redujera los rituales a un objeto de estudio.

Mariano Donoso, director de “Saturno o Pequeño Tratado de la Melancolía”.

“El cine suele volver exótico a lo distinto; mi trabajo fue borrar los puntos de referencia para ofrecer una experiencia artística pura”, señala.

La melancolía de un paisaje desaparecido

Más que documentar una ceremonia, Saturno o Pequeño Tratado de la Melancolía indaga en la tristeza que provoca la transformación del paisaje y la pérdida de las lagunas que alguna vez dieron identidad a la región. La película observa cómo la fe, los rituales y las tradiciones permanecen como formas de resistencia frente a la desaparición de un mundo y como herramientas para reconstruir una identidad ancestral.

En ese sentido, Saturno representa la melancolía de habitar un territorio que, de alguna manera, ya no existe tal como fue. La ausencia del agua y la transformación del entorno se convierten en el trasfondo de una búsqueda colectiva por recuperar aquello que se ha perdido.

La propuesta cinematográfica también se distingue por su método de producción. Durante más de una década, Donoso trabajó junto a un equipo reducido de colaboradores cercanos, entre ellos, Mariana Guzzante y Alejandro Alonso, con una cámara antigua que imponía una limitación singular: apenas 33 minutos de registro por año.

Esta restricción técnica se convirtió en parte esencial del proyecto. Lejos de responder a la velocidad y la abundancia de imágenes propias del cine contemporáneo, el dispositivo buscó acompasar el tiempo de filmación con el aprendizaje del equipo y su relación con el territorio. Cada fragmento registrado pasó así a integrar un archivo audiovisual construido lentamente a lo largo de doce años.

En el plano estético, la película apuesta por una imagen dominada por los tonos rojos y negros y prescinde de las explicaciones pedagógicas o de los enfoques etnográficos convencionales. La intención es proponer una experiencia sensorial en la que la memoria, la ausencia y la atmósfera ocupen el centro de la narración.

Una trilogía sobre la imagen, la lengua y la memoria

El universo de Los Pequeños Tratados continuará con otras dos películas que ampliarán las preguntas planteadas en esta primera entrega.

La segunda parte, actualmente en etapa de edición, abordará los dilemas éticos y metodológicos que atravesaron los propios realizadores durante el proceso de filmación en el secano. La experiencia de registrar las prácticas de una comunidad durante tantos años se convierte, en este caso, en el tema central de la obra.

La tercera película, en tanto, explorará la pérdida de las lenguas originarias a partir de los primeros registros escritos que se conservan del milcayac y el allentiac, idiomas vinculados al pueblo huarpe. Para ello, Donoso proyecta filmar en Roma, en la Biblioteca Vaticana, donde se encuentra un ejemplar de la traducción al castellano realizada en 1598 por fray Luis de Valdivia.

“De ahí sale todo lo poco que se sabe de la lengua de los huarpes. Traer filmado ese archivo es una recuperación simbólica, un acto psicomágico”, afirma el realizador.

La propuesta plantea así un recorrido que conecta el territorio, las imágenes y la lengua como dimensiones de una misma búsqueda: recuperar, a través del cine, fragmentos de una memoria cultural amenazada por el paso del tiempo y las transformaciones históricas.

De Guanacache al circuito internacional

La selección de Saturno o Pequeño Tratado de la Melancolía en la Competencia Internacional de Doclisboa representa un paso importante para la circulación internacional de la obra. Según explica Donoso, la llegada al festival fue posible luego de que Cintia Gil, programadora asociada de la muestra, revisara el material, con el acompañamiento de referentes del sector como Roger Koza y Mariano Llinás.

La participación en Lisboa permitirá acercar a nuevas audiencias una película concebida desde una metodología analógica y artesanal, profundamente vinculada con la geografía y las comunidades de Guanacache. Se trata de una producción que propone una forma de hacer cine basada en la observación prolongada, el vínculo humano y la construcción paciente de una mirada.

Para Donoso, el proyecto representa mucho más que una película o una experiencia profesional. “Es la obra de mi vida. No por una cuestión de capacidad, sino porque sé que no me voy a volver a encontrar nunca más con este nivel de entrega, con estos exorcismos y con estas comunidades que hoy ya son mis amigos”, concluye.

Con su estreno en Doclisboa, el realizador sanjuanino lleva a la escena internacional una historia arraigada en el secano cuyano, donde la pérdida del paisaje, la persistencia de los rituales y la búsqueda de la memoria se convierten en materia cinematográfica.