A poco más de un mes del cierre de la convocatoria de la editorial mendocina LEO Libros a su primer certamen de cuentos, se acaba de anunciar al ganador del concurso. El premio, que consiste en la publicación de la obra, le fue otorgado al escritor sanrafaelino Fernando Carpena por un jurado integrado por la Dra. Marta Castellino, la profesora Brenda Sánchez y el periodista y editor Alejandro Frias.

La obra seleccionada entre las 24 que participaron del concurso, “Una bolsa llena de ojos”, es una colección de 13 cuentos de terror.

Entrevistamos al autor, con quien charlamos sobre su libro, su escritura y el terror literario.

¿De qué se trata “Una bolsa llena de ojos”? Hablame un poco del libro.

“Una bolsa llena de ojos” es una colección de cuentos de terror o, como prefiero llamarlos, cuentos incómodos. Son de duraciones variadas, desde diez páginas hasta apenas un párrafo, porque el horror puede tener tallas distintas. Me interesaba explorar nuestros miedos profundos, aquello que nos une a todos en esos temas universales de soledad, muerte, enfermedad, vejez y convertir esos tópicos en cuentos. El terror es un género que se ha revalorizado de un tiempo a esta parte, gracias al éxito de Mariana Enríquez, Luciano Lamberti y otros autores, y esta puesta en valor fue lo que me sedujo a abordar los cuentos desde una perspectiva vinculada al espanto y a lo oscuro. Hay algo que, de alguna manera, nos resulta atractivo del miedo: nos subimos a montañas rusas, nos desafiamos en pasillos oscuros y vemos películas de monstruos con las luces apagadas. Hay algo seductor en el miedo, hay algo que hace que no podamos evitar verlo de cerca, aunque sepamos que es espantoso lo que nos espera. Es como si fuera una bolsa llena de ojos: desagradable, pero inevitable a la hora de ser observada.

¿Qué monstruos y qué miedos aparecen en tus textos? ¿Para qué lector está pensado?

Con este libro me acerco a una audiencia adulta. Hasta ahora, mi obra publicada (3 libros en Argentina, uno en España y uno en Ecuador) apuntaban a un público infantil juvenil, pero con “Una bolsa llena de ojos” doy el salto a un público maduro.
Las criaturas que aparecen en el libro son variadas. Algunas son formas de espanto conocidas, como los clásicos cuentos de fantasmas o el mito del lobizón, pero otros miedos son profundamente humanos: el deterioro de la vejez, enfermedades insólitas, el fin de la niñez, la muerte en sus más variadas formas. Situaciones cercanas que nos pueden pasar y que no deseamos que ocurran, por eso lo que mencionaba antes de “incómodo”.

¿Cómo fue que te presentaste al concurso? ¿Ya tenías el libro armado?

Me presenté al concurso al ver en Instagram la publicación. El libro estaba armado, efectivamente. Solo tuve que cambiar algunos detalles de un par de cuentos para ajustarlo para que coincidiera con lo pedido en las bases.

¿Qué representa para vos este premio?

Para mí este premio representa el poder dar a conocer mi trabajo y sobre todo, mostrar y colaborar en fomentar la literatura mendocina de género. Muchas personas que me he cruzado tienen la idea de que la literatura mendocina siempre gira en torno a cierto temas regionales y me interesaba mostrar que eso no debe ser así. Además, tengo la alegría de poder colaborar con Ale Frias (director y editor de Leo Libros), a quien respeto mucho por todo su trabajo y con quien siempre anduvimos buscando un punto de encuentro. Bueno, este libro lo es y me alegra mucho.

¿Cuáles son tus referentes en el género del terror?

Referentes en el género: lo más clásico como Poe o Lovecraft, algo más moderno, como Gaiman, Stephen King, Clive Barker, Shirley Jackson, John Ajvide Lindqvist. En Argentina, obviamente, Mariana Enríquez, a quien le debo el empujón de asomarme al género, Cortázar tiene un par de cuentos de terror alucinantes, Luciano Lamberti y Samantha Schweblin, que incorpora el horror muy naturalmente a relatos que no parecen ser del género.

¿Te parece que ahora se puso de moda este género a partir del boom de escritoras latinoamericanas que lo escriben?

Es cierto que hay un boom del género, pero no sé si es debido a una cuestión de que sean escritoras. Sí me parece que lo latinoamericano surge con fuerza en el terror actual , gracias a que somos un continente riquísimo en leyendas y mitos que ponen los pelos de punta. Hasta ahora vivíamos en historias de espanto heredadas de Europa y Norteamérica, con una cultura de vampiros, hombres lobo y zombies y ahora se descubrió que tenemos un bestiario inmenso y atractivo para conocer y explotar. Mariana Enríquez está haciendo un gran trabajo con el tema.

¿Qué pasó para que el género pasara de ser desprestigiado a ser lo más en la actualidad?

El éxito del género creo que responde al empuje que tuvo a partir de la pandemia. Me parece que precisábamos meternos en una realidad que hiciera parecer a la nuestra como algo “no tan malo”. Más allá de la fascinación normal que sentimos por el terror, la aparición de una literatura superior, que ya no se quedaba en algo descriptivo de tripas y sangre, sino que ahondaba en un espanto más profundo e invisible, hizo que lectores que hasta ese día menospreciaban el género se interesaran.

¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en que cada vez más escritores se vuelquen al terror?

No veo nada particularmente bueno ni malo en que los escritores nos volquemos hacia el lado del terror. Como con cualquier género, habrá productos mediocres y habrá maravillas. El lector sabrá elegir. Sí se podría decir que hay una “moda” del terror y eso atrae siempre. Sí podría ocurrir que en la sobreabundancia se pierdan algunas joyas, peor creo que, con el tiempo, el género se tamiza y queda lo bueno.

¿Qué cuentos de terror te han impactado?

Hay varios cuentos de terror que me han impactado: uno de los primeros fue “La pata del mono”, de W. Jacobs. Luego, “Berenice”, de Poe; “La lotería”, de Shirley Jackson; “Nieve, cristal, manzanas”, de Neil Gaiman; “Los espías”, de Manuel Mujica Láinez; “El método de respiración”, de Stephen King, y muchos más.

¿Tus cinco libros previos son también de terror?

Mis libros previos son de literatura juvenil. Novelas con personajes fantásticos o animales, o una historia de entrada a la adolescencia. No se vinculan con el terror.

¿Cómo es que has editado en España y Ecuador?

Tanto en España como en Ecuador gané concursos literarios y más allá del premio económico, había como premio extra la publicación. En España publiqué “Hotel ocupado” y, en Ecuador, “Tiberio y Catarina”.

¿Por qué pasaste de la literatura infantil y juvenil a escribir para adultos?

Pasé a escribir para adultos porque la inspiración así me lo pedía. Hace rato lo vengo haciendo. Tengo una novela policial que será publicada por Ed. Diotima a finales de este año; otra policial fantástica ya terminada que espera su momento de brillar y estoy ahora mismo escribiendo una nueva sobre un mundo distópico. Todas estas obras, para adultos. Seguramente volveré alguna vez a lo juvenil, pero quería un desafío nuevo y salir de la zona de confort.


Volviendo a “Una bolsa llena de ojos”, ¿cuántos cuentos son y dónde ocurren las historias?

Una bolsa llena de ojos” es una colección de 13 cuentos. Las historias ocurren en ámbitos conocidos: pueblos, ciudades que podrían ser la de uno, el campo, futuros cercanos posibles. La idea es lograr una identificación para lograr que estos miedos sean más tangibles.

¿Mencionaste algo sobre el título antes?

Sí, el título, como te contaba más arriba, obedece a la fascinación y magnetismo que ejerce lo espantoso y, al mismo tiempo, la repulsión. Uno no puede evitar mirar, por más que dé asco. Es como una bolsa llena de ojos: inevitable de observar con una curiosidad llena de morbo y de repulsión.

¿Qué es lo que hace, para vos, que un cuento de terror sea bueno? ¿Cómo se asusta?

Es difícil definir qué hace que un cuento de terror sea bueno. Los miedos en la gente varían y lo que me asusta a mí, tal vez no asuste a otro. No sé si hay fórmulas, como no sé si hay fórmulas para lo cómico. Creo que el desafío es ahondar en la profundidad de lo que nos hermana a la hora del miedo, lo más primitivo. Siempre consideré que lo siniestro, entendiendo esto como aquello que nos resulta familiar y que de pronto empieza a resultarnos amenazante, es una de las fórmulas más efectivas del miedo. Por eso siempre es interesante escuchar a la gente para establecer el patrón en común de aquello que nos incomoda: vejez, enfermedad, muertes, silencios inesperados, espacios liminales, el elemento inesperado. Encontrar esto y usarlo en combinación con ciertos trucos literarios nos puede acercar a un cuento sólido del género de terror.

¿Además de escribir, a qué te dedicás?

Soy director de arte en una empresa argentina que desarrolla videojuegos para clientes del exterior. Investigo, diseño cómo se verá un juego, y trabajo junto a programadores y artistas técnicos para hacer que los juegos sean atractivos y llenos de efectos visuales.

Ese trabajo supongo que te ha reportado insumos para tu creación literaria
Está todo muy relacionado. Me sirve de inspiración y, entre lo que es un videojuego y una novela, hay elementos similares, hay de todo.

¿Escribías antes de ser director de arte?

Sí, desde chico. Siempre fue mi pasatiempo y mi recreo mental.

Fragmento de uno de los cuentos de “Una bolsa llena de ojos”

OBRA EN CONSTRUCCIÓN

La casa era casi una obsesión para nosotros. Pasábamos todos los días, camino al colegio, por la vereda de enfrente, eso sí. Emilio había escuchado que estaba embrujada; que habían matado a alguien adentro, que si pasabas de noche se oían risas feas y a veces, gritos. Yo, que todavía no andaba con ganas de tener opinión propia, le decía que sí. Era difícil estar en desacuerdo, voy a decir en mi defensa. La casa, ahí parada, contrahecha, mordida por el tiempo, distraída de la urbanidad, obligaba a que le tuvieran miedo…