El viernes 4, a las 20, el Museo Carlos Alonso – Mansión Stoppel —Avenida Emilio Civit 348, Ciudad— abrirá sus puertas para recibir una de las propuestas visuales y conceptuales más fascinantes de la escena contemporánea: la muestra Luz, materia, universo, dedicada a la obra de la artista argentina Ana Kozel (1937-2024).

La exposición propone un recorrido profundo por el universo creativo de una creadora que consagró su vida a pintar el Cosmos, tendiendo puentes inseparables entre el arte, la ciencia y la espiritualidad.

Acerca de la artista

Nacida en Bernal y criada en un campo de Verónica (provincia de Buenos Aires), Ana Kozel desarrolló desde su infancia una fascinación única por el cielo nocturno. Autodidacta en sus comienzos y nutrida por el estudio de grandes maestros como Leonardo Da Vinci, Vincent Van Gogh y Paul Cézanne, la artista construyó un lenguaje en constante evolución.

Utilizó el dibujo, el grabado, el collage, la acuarela, la tinta, el óleo y el acrílico como vehículos de una exploración rigurosa, donde la técnica siempre estuvo al servicio de una pregunta existencial: ¿Qué lugar ocupa el hombre en este planeta, en el Cosmos?

Su obra

Expuso individualmente en Argentina, República Dominicana, Puerto Rico y Estados Unidos, invitada por instituciones como la OEA en Washington D.C. Su obra integra colecciones de relevancia internacional, entre ellas, el Museo Nacional del Aire y del Espacio de Washington, el Centro Pompidou de París y el Museo de Arte Moderno de Oxford.

En 1995 alcanzó un hito irrepetible: su obra Desde el Origen viajó a bordo de la Estación Espacial Mir, seleccionada entre cincuenta pinturas de todo el mundo. Fue la primera obra de una artista argentina e hispanoamericana en llegar al espacio.

Años más tarde, su nombre volvió a cruzar la frontera del planeta al integrar el listado de miembros de la Sociedad Planetaria Internacional que la misión Spirit de la NASA transportó hasta Marte.

Inspirada en las premisas del Manifiesto Blanco (1966) de Lucio Fontana —quien abogaba por un arte integral donde la humanidad integra sus valores y conocimientos a partir de la ciencia moderna—, la obra de Kozel desestructura los conceptos tradicionales del arte.

En el núcleo de la muestra destaca la emblemática Serie de la Luz, realizada principalmente en acrílico, donde la luz deja de ser un simple recurso pictórico para transformarse en materia, energía y símbolo del origen y la expansión del Universo.

La relación de Ana Kozel con Mendoza guarda, además, una especial sintonía. Tal como ella misma recordaba tras exponer en San Rafael, la conexión con los cielos provinciales y la sensibilidad del público local lograban conmover a quienes se dejaban inundar por la armonía y el misterio del cosmos plasmado en sus telas.

A los diez años ya dibujaba la Tierra vista desde el espacio; décadas después, esa misma mirada la convertiría en una de las artistas más singulares de la pintura espacial contemporánea.

Cada nueva investigación la llevó a experimentar con materiales y procedimientos diferentes. El dibujo, el grabado, el collage, la acuarela, la tinta, el óleo y el acrílico formaron parte de un proceso continuo de exploración, donde la técnica estuvo siempre al servicio de una pregunta más profunda.

Cada obra fue el resultado de un proceso de investigación sostenido en el tiempo, donde la observación, la intuición y el estudio convivieron como parte de una misma práctica artística.

Sus viajes marcaron profundamente esa evolución. La experiencia de Machu Picchu, los glaciares patagónicos, el Museo del Aire y del Espacio de Washington, el Museo Guggenheim y el encuentro con las grandes obras del arte universal ampliaron su mirada y la impulsaron a desarrollar un lenguaje propio, donde el arte dialoga con la ciencia, la filosofía y la espiritualidad.

Ana Kozel falleció en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2024. Su obra continúa tendiendo puentes entre el arte y el conocimiento e invita a contemplar el universo como un territorio de origen, energía y trascendencia.