Natalia Greta Martínez es profesora de Lengua y Literatura y se ha profesionalizado en el ámbito de las letras con varios posgrados: diplomaturas y especializaciones en Escritura Creativa, Corrección ortográfica y de estilo, Lectura y Escritura. Su perfil es el de una persona apasionada por el idioma en todos los aspectos. Como escritora ha publicado con antelación a este premio el libro de poemas Patio Interior (2020) y ha formado parte junto con un grupo de escritores y amigos de la antología En la oscuridad las cosas también respiran (2024).

En diciembre del año pasado, El Sol divulgó uno de sus cuentos inéditos en la publicación periódica dedicada a Cuentos mendocinos.

Este martes 10 de junio fue anunciada como la ganadora del primer premio del Certamen literario Vendimia 2025 en poesía, con su libro de poemas “Cosernos del revés para que no se note”. Radiante y feliz aceptó entrevistarse con Cultura de El Sol para conversar sobre su obra y mucho más.

¿Cómo te enteraste de que habías ganado este premio?

Me llamaron de Cultura y me dijeron: “Hola, Ariadna”. Yo estaba esperando al 11 de junio, que era cuando iban anunciar el resultado. Se adelantaron un día y, cuando escuché “Ariadna”, que era el seudónimo que usé, empecé a gritar y llorar, porque ya sabía de qué se trataba. Me dijeron que no podía contarlo hasta que no saliera la comunicación oficial, así que solo se lo conté a mi marido (el escritor Juan Manuel Montes) y a mi hermana, que es el único familiar que yo tengo ahora, porque mi mamá y mi papá fallecieron.

Lo siento, no sabía.

No, está bien, es uno de los temas del poemario. Que empecé a escribir en el 2020, cuando murió mi madre, y lo terminé el año pasado.

¿Habías participado antes en el concurso?

Había participado muchas veces antes. No obviamente con el mismo libro. Muchas veces, no te puedo decir cuántas, pero por lo menos 5 o 6 veces seguro. El año pasado participé con este libro. Lo presenté. Después hablé con los jurados. Y me dijeron: “Tu libro lo habíamos seleccionado”. Bueno, yo dije, hay algo. Estuve desde diciembre corrigiéndolo. Y lo volví a mandar.

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¿Y cómo lo corregiste? ¿Lo leíste con alguien?

Lo corregí con una poeta de Uruguay y también con una de acá, porque siempre necesitas la mirada de otros.

¿Cómo es esto del título: “Cosernos del revés para que no se note”? ¿Qué tiene que ver el tema de la costura?

El tema principal es el duelo. No sólo el duelo de mis padres. El duelo en general. El duelo, la pérdida, la soledad, o sea, pero, sobre todo… sí, el perder. El perder. Lo uno mucho con el tejido y con la costura porque mi mamá era modista y he estado en ese mundo de coser, costura, el revés, esto, lo otro. El detalle para que no se note, que quede todo perfecto. Y del otro lado es un desastre, pero vos lo ves de este lado y es hermoso.

Todo lo que estás diciendo aparte tiene mucho que ver con la escritura.

Sí, sí. Y con el tejido. Yo tejo, entonces, los textos son tejidos. O sea, son hacer una vuelta, desarmar, volver, y eso es de lo que hablamos, de la corrección, de todo eso. El tema principal, yo siempre voy a decir que es el duelo, pero también hay naturaleza, hay soledad, hay también alegría.

¿Y a quién le dedicás el libro?

Está dedicado a Juan Manuel, en realidad. No puse dedicatoria, porque si yo ponía “a Juan Manuel Montes”, todo el mundo iba a saber quién era.

¿Cómo te conociste con él?

En la facultad. Yo empecé en la facultad porque me gustaba mucho la literatura. La literatura fue un refugio para mí, desde chica. O sea, mi mamá me compraba los libros de Billiken, los rojitos. La literatura fue para mí un refugio, fue donde me encontré. Después surgió la necesidad de responderle a esa literatura, de crear. Pero no entré a la facultad porque quería escribir. Estaba latente, yo entré porque me gustaba la literatura. Leer, más que nada. La docencia, hoy por hoy me encanta, estoy en el curso y es un lugar feliz para mí. Enseñar es maravilloso. Lo que pasa es que después te pasan miles de otras cosas que vienen. La burocracia. Pero estar ahí enfrente del curso es hermoso.

Bueno, volviendo a tu unión con Juan Manuel, ¿es fácil o difícil estar con otro escritor?

Es fácil, yo no lo veo como competencia y él creo que tampoco. Nuestras escrituras son muy diferentes. Yo soy más de la poesía y la ciencia ficción, del texto que salió de ciencia ficción. Y Juan Manuel de narrativa, microrrelato y literatura juvenil. Él ha ganado dos veces el Vendimia juvenil. Pero ambos miramos desde la literatura, es la mirada que uno tiene, la estética del mundo. Él es mi primer lector y yo soy su primera lectora y, por suerte, no dejamos que el cariño nos obnubile. Nos damos con un hacha porque vos siempre querés lo mejor para tu pareja. Entonces, bueno, yo quiero que lo que él escriba sea bueno.

¿Te ayudó con este libro?

Me ayudó un montón a estructurarlo. A pesar de que él no es muy poeta, va más para el lado narrativo.

¿Y vos en qué género te sentís como más cómoda? ¿En la poesía o en la narrativa?

En la poesía me siento muy cómoda. Me encuesta mucho más, es un desafío. Puedo estar, por ejemplo, toda una mañana para hacer un poema, y después tengo que escribir un cuento y me sale un cuento en total. Después, bueno, viene la corrección, que es esto, que es lo otro, todo, pero me sale un cuento de una carilla, dos carillas.

Y todos contamos cosas permanentemente, pero… en cambio, los desafíos de la poesía son diferentes. Porque no importa solamente el contenido, importa también la música. Y eso es lo que siempre cuesta más de la poesía, de llegar a tu lector.

¿En qué te ayudó que otra gente te leyera y te ayudara a estructurar? ¿Cambió tu libro, el que me decís que presentaste inicialmente y después lo corregiste?

El libro en sí es el mismo. Ha cambiado porque tiene distintas miradas. El libro, a ver, el poema es mío, es como decir, trabajé con una inteligencia artificial, que no sería eso, porque fueron otros seres humanos… que me decían: “mira, esta palabra, por ejemplo, es muy general. Fíjate, ¿qué querés decir con eso?” Entonces buscar una palabra más precisa, más acorde. O, por ejemplo, mi poemario anterior, no tiene títulos. En este poemario, los poemas sí tienen títulos, salvo un apartado que son numéricos. Entonces, hice un juego que es muy de la microficción, que es que el título tiene sentido con el texto. Un mecanismo muy de la microficción. Que cobra sentido el título a partir de… O cobra sentido el relato a partir del título.

¿Cómo es tu poesía? ¿Cómo la describirías?

Lo primero que yo me digo es que mi poesía no es críptica. Porque a veces leo poemas en los que me cuesta llegar a lo que quieren decir. O sea, el mensaje está encriptado. Por eso siempre digo que yo hago una poesía más simple, más sencilla. El poemario anterior era más interior. Por eso, era Patio interior. Jugaba con la naturaleza y la ciudad, pero era más introspectivo. Este también es interior porque trata del duelo, pero son temas universales.

¿Y cuáles son los duelos que aparecen?

El de la pérdida del ser querido, el de crecer, el del hogar, el de…

¿A qué te referís con “el del hogar”?

Cuando abandonás tu hogar. No solo el hogar familiar. También teniendo en cuenta, por ejemplo, la gente que se va de su país. Sí, todos esos tipos de duelo. Hay duelo también por la maternidad. Hay un montón de duelos.

Me gustaría que habláramos de tu perfil profesional. Porque vos sos una profesional de las letras y de la escritura. Sos profe de lengua, ¿no?

Sí, profe de lengua.

¿Das clases en terciario, en secundario...?

En terciario y secundario. Y aparte, me he ido especializando.

¿Dónde ejerces? ¿En qué escuela?

Ejerzo en Nelson Mandela, en la doctor Nelson Mandela y en Alfonsina Storni.

¿Cuántas horas tenés?

Estoy con 34 horas. Un montón. Y después tengo en el Cultural de Mendoza. Tengo unas materias en español. Es el profesorado de Inglés, pero les doy unas materias en español.

¿Como enseñás en la escuela? ¿Cómo das la literatura? ¿Cómo haces para que los chicos se entusiasmen?

Y hay que endulzarlos. Trato de darles cuentos que llamen la atención. Por ejemplo, Horacio Quiroga, les lees El almohadón de plumas y se les vuela a la cabeza a los más chicos. Ya en los cursos más grandes, que es cuarto, quinto, que ya es como un panorama más grande, por ejemplo, hay temas que los tenés que ver. Por ejemplo, Martín Fierro, Romanticismo, El Matadero. Lo podemos ir relacionando con lecturas actuales. Por ejemplo, hay un cuento de Martín Kohan o la novela de Cabezón Cámara. Siempre les cuento la anécdota de que cuando se murió Hernández, dijeron “se murió Martín Fierro”. Que lo confundían. Hablo de todos los problemas que tuvo con ese libro. Hay que llamarles la atención…

Aparte de la docencia, hiciste una especialización en Escritura y Literatura, ¿sí? Y después una diplomatura en Corrección ortográfica y de estilo.

Exactamente.

Después viene la diplomatura en Escritura y Literatura en la Untref. Todo esto te debe haber llevado a encarar la lengua y la escritura de manera distinta. Vos sos una persona que escribe con herramientas, diferente a eso de “aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela” o el “yo no soy cantor letrao”, del Martín Fierro. Vos sos cantora letrada, sos una persona que se ha especializado, ¿qué te aportó todo esto? ¿Y por qué seguiste cada vez más?

Y es que si no, uno se estanca, y uno estancado no es nada. Conozco varios escritores que te dicen, “yo no leo porque me contamino”. Lo que más tenés que hacer es leer, o sea, ahí está, leer, ver el mundo, salir a la calle. Las carreras que seguí estudiando, la primera, la especialización, me sirvió mucho más para la parte docente, porque es una especialización en lectura y escritura, y después la de corrección ortográfica y de estilo me sirvió un montón. Ahora, agarro un libro y veo un montón de errores, por mi oficio de correctora.

¿Cómo combinás la docencia y la escritura? ¿Tenés tiempo?

Este año es el primer año que me he podido acomodar los horarios. Ahora me estoy poniendo todas las mañanas a escribir. Tengo dos días de tesis… Yo soy una estudiante eterna. Estoy haciendo la tesis de la Licenciatura en Letras. Después tengo la Maestría en Enseñanza en Escenarios Digitales, que todavía no estoy escribiendo la tesis, y ahora me anoté en la Maestría de Lengua y Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Soy una estudiante eterna…

¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura y la lectura?

Yo creo que, a ver, mis primeras escrituras fueron plagios, tengo que decir. Me habían regalado un libro de poesías de Pablo Neruda, Mario Benedetti y otros. El primer libro del que tengo memoria, que fue, más allá de los cuentos infantiles, sacando eso, fue Mujercitas. Y después, bueno, tuve Mujercitas, Alicia en el País de las Maravillas, Alicia en el Espejo, me fascinaba. Y aparte, bueno, en mi infancia mis premios eran libros. Por otro lado, amo las libretitas desde siempre, tengo muchas libretitas, desde chica ya tenía libretitas, entonces empezaba a copiar los poemas y metía alguna frase mía y ya era mi poema, o ya lo había escrito yo. Me acuerdo de que eran de tres hojitas, de tres ganchos. Y mis primeros escritos fueron esos.

Pero empezaste escribiendo poemas.

Sí, sí, sí. Versitos, sí, versitos, bien rimados, bien, bien de esos así. Y, bueno, después, obviamente, en la adolescencia dejé de escribir, pero fue una cosa de lectura, Tolkien o Úrsula K. Le Guin, me empapé mucho de literatura. Empecé la facultad y empecé un taller en Luján con una escritora, un taller literario que se llamaba La Trampa. Y empecé ahí mi formación como escritora, en talleres literarios.

¿Y la facultad te cercenó o te ayudó?

Yo cuando entré a la facultad dejé de escribir. Bueno, es que yo entré a la facultad y la segunda cosa que nos dijeron, después de bienvenido, fue, “si ustedes quieren escribir, esta no es la carrera”. Pero había muchos profes que sí te apoyaban.

¿Cuándo fue que te decidiste a publicar? ¿Cuándo dijiste ya estoy lista?

Si hubiese esperado a decir estoy lista, no hubiese publicado. Conocí a una editora en Buenos Aires, que tiene una editorial que se llama Halley, y vio un poema mío y me dijo, “qué lindo, ¿tenés más para leerte?”. “No, no tengo”. Y me dice, “¿no estás editada?”. Hice una selección, que tuvieran una temática, le mostré y me propuso que fuéramos trabajando haciendo el libro. Me ayudó un montón. Así surgió Patio Interior.

¿Eso cuándo lo publicaste, en qué año?

En el 2020. Tuve la suerte, me llegó la caja de libros, creo que fue el 14, 15 o 16 de marzo, justo cuando nos metieron adentro. Así que, bueno, no tuve presentación, no tuve nada, porque aparte después falleció mi mamá, fue como que no quería saber absolutamente nada y bueno, quedó ahí.

Me contaste que empezaste un poco copiando, pero ahora, ¿cuáles son los poetas que te siguen acompañando? ¿Con qué poetas sentís identificación?

No sé si identificación, sino más que nada creo que es admiración. Borges, Pizarnik, Roberto Juarroz, Juan L. Ortiz, Débora Benacot, Adelina Lo Bue, de acá de Mendoza, me encantan. También autoras como Angélica Gorodischer o Ursula K. Le Guin, son más narradoras, pero bueno, la palabra la tienen y hay descripciones hermosas y hay pasajes divinos.

¿Cómo ves el panorama de la poesía ahora en Mendoza?

La poesía de Mendoza ha ganado un montón de terreno. Hace unas décadas atrás vos ibas a una librería y no había mucho de poesía. Pero, igual, por ejemplo, las editoriales grandes no apuestan a poesía. ¿Qué te venden? Una novela, un cuento. Entonces sigue siendo algo medio al margen. En contraste, tenés, por ejemplo, acá en Mendoza, Ludditas, que para mí es como un milagro, porque tiene de todo y un montón de poesía de editoriales independientes. Está re bueno que los poetas hayamos salido del sucucho para leer poesía para nuestro círculo.

¿Y vos estás dentro de algún círculo? Sé que hicieron la publicación con el grupo de gente de En la oscuridad las cosas también respiran...

Siempre nos preguntas si somos un colectivo. No, no somos un colectivo, no llegamos ni a micro, siempre decimos. Somos un grupo de amigos. El libro surgió de juntadas en nuestra casa. Nos juntábamos a escribir, cada uno tenía su proyecto… Y ahí, bueno, salió la idea de escribir este libro.

La penúltima pregunta, que ya le habrás respondido a veces a tus alumnos, ¿para qué sirve la poesía?

Para nada. Para nada, la literatura no tiene que servir para algo. La literatura es necesaria, se necesita, no sirve. Se necesita como el aire, como la música, es arte, es una necesidad. Esa es mi respuesta.

Última. ¿Estás ahora con algún otro proyecto de escritura?

Ahora estoy en las nubes. Para mí el premio Vendimia, desde que estoy escribiendo, es lo que quiero. Así que estoy muy feliz. Pero ahora, por primera vez, estoy escribiendo una novela.

Poemas de la obra ganadora, aún inédita

Nuevos trazados


La casa que confeccionamos
fue deshecha a escombros.
¿Qué habrán sentido las habitaciones
cuando se llenaron de ruinas?
¿Habrán sufrido las paredes
en su terca tarea de permanecer en pie?
Se harán nuevas vigas, se levantarán nuevos muros
que borrarán cada retazo
de lo que soñamos
ni el árbol que plantamos
se salvará.

Algunos lo llaman progreso,
yo lo llamo olvido.


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Arte poética


El vaso se vuelca de lleno,
todos tocan el vino derramado
y gritan alegría-alegría.
Dos veces, ni más ni menos.
Soy la niña que mira sin entender,
mientras escucha
un rumor de carcajadas
que se apodera del mantel, la mesa y su familia.

Comprende
desde ese día y para siempre,
que salirse de los límites
a veces
trae felicidad.


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Viaje de ida

Sentir que nos acercamos a la muerte
como ese frío inesperado en el pecho.
Tratar de abrigarnos
con una manta
hecha de retazos.