Discusión. (Imagen creada por IA)

En sentido general, un argumento es un intento de persuadir a alguien a que nos dé la razón y acepte una conclusión dada. Hacemos y escuchamos argumentos todos los días y, tan a menudo, que ni siquiera los reconocemos.

En el libro “Falacias lógicas – Las 59 falacias lógicas más poderosas“, el autor estadounidense Steve Allen explica el uso correcto de la lógica para argumentar en debates y discusiones, entre otros ámbitos.

Aprender a argumentar

Un argumento está conformado por premisas y una conclusión. A las premisas también las podemos llamar razones, evidencia de apoyo o reclamaciones. Dicho de otra manera, un argumento consta de una declaración que se presenta como conclusión, y las demás declaraciones se presentan como pruebas, evidencias o motivos de dicha conclusión.

Un argumento tiene una y sola una conclusión. Si no hay conclusión, entonces no hay argumento. En un buen argumento la conclusión sigue a las premisas. En un mal argumento esto no ocurre.

En general, los filósofos consideran que los argumentos son de dos tipos: deductivos o inductivos. En los deductivos, las premisas proporcionan un apoyo completo para la conclusión. En los inductivos, las premisas proporcionan algún grado de apoyo.

Ejemplo de argumento deductivo:

Premisa 1: todos los seres humanos son mortales.

Premisa 2: Sócrates es un ser humano.

Conclusión: Sócrates es mortal.

Ejemplo de argumento inductivo:

Premisa 1: El Sol ha salido todos los días hasta ahora.

Conclusión: por lo tanto, el Sol saldrá mañana.

Debido a que es muy poco probable que el Sol explote esta noche, se trata de un argumento inductivo o informal.

¿Qué son las falacias?

Una falacia es un error de razonamiento. Un argumento falaz es uno que incluso puede parecer correcto pero, al examinarlo, demuestra no serlo. Incluso si las premisas y la conclusión son todas correctas, un argumento puede seguir siendo falaz si el razonamiento utilizado para llegar a esa conclusión no es lógicamente válido.

Falacia de cambio de enfoque en la persona

Las falacias en esta sección tienen el objetivo de cambiar el tema, enfocándose en la persona que hace el argumento, en lugar de discutir las razones para creer o no en la conclusión.

Ad hominem abusivo

Un ataque personal se comete cuando una persona sustituye las pruebas en contra de un argumento por comentarios abusivos para atacar a la otra persona.

Esta línea de razonamiento es falaz porque el ataque se dirige a la persona que hace el reclamo y no al reclamo en sí mismo.

Se debe recordar que el valor y la veracidad de un reclamo son independientes de la persona que hace el reclamo.

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Sin embargo, no todos los ad hominem son falaces. En algunos casos, las características de un individuo pueden incidir en la veracidad de sus afirmaciones.

Por ejemplo, si alguien ha demostrado ser un mentiroso patológico, entonces lo que diga puede ser considerado poco fiable.

Pero, en cualquier caso, este tipo de ataque es débil ya que, incluso, los mentirosos patológicos podrían decir la verdad en algún momento.

En general, lo mejor es centrar la atención en el contenido y no en la persona que hizo el reclamo.

Es el contenido lo que determina la veracidad del reclamo y no las características de la persona que hace el reclamo.

Ejemplo:

Cicerón fue un orador romano de orígenes humildes que se elevó hasta convertirse en un político preeminente, abogado y orador público de su época. A pesar de su brillantez, la élite aristocrática gobernante a veces desacreditada a Cicerón, precisamente, por su origen modesto,

Se encuentra un ejemplo de este desdén en la disputa de Cicerón con Metelo Nepote, quien, al discutir con Cicerón en un tribunal, le preguntó, en repetidas ocasiones, a Cicerón: ¿Quién es tu padre?

Metelo Nepote no podía discutir contra el caso de Cicerón, así que lo atacó por sus orígenes humildes.

Los ataques a la raza clase o género del hablante son ejemplos especialmente atroces de los argumentos ad hominem.

Un argumento ad hominem es simplemente irrelevante. No contribuye en nada al propio argumento original porque solo afirma algo sobre la persona (aunque dice más sobre quien abusa del ad hominem). En un mundo ideal no habría necesidad de una defensa.

Si el oponente tiene que recurrir a ataques personales, debe quedar claro que no tiene nada que decir en contra del argumento en sí. Pero, por desgracia, no vivimos en un mundo ideal y los ataques ad hominem son muy eficaces.

Como defensa a un ataque ad hominem, basta con indicar que la respuesta es irrelevante.

También se puede replicar con un ad hominem, pero sabiendo que uno que se está rebajando al mismo nivel del oponente. En este caso, vale la pena señalar la respuesta de Cicerón a la pregunta de Metelo Nepote.

Metelo Nepote: “Cicerón, ¿quién es tu padre?”

Cicerón: “Metelo, en tu caso, tu madre ha hecho bastante difícil que puedas responder a esta misma pregunta”.

Ejemplo:

“Esta teoría sobre una potencial cura para el cáncer ha sido presentada por una doctora que es una conocida lesbiana. No veo por qué debemos permitir que alguien como ella hable en la conferencia mundial sobre el cáncer.”

Ejemplo:

“Dices que la Tierra gira alrededor del Sol, pero eres un borracho y un mujeriego.”

Ejemplo:

“Roberto nos quiere convencer de que el origen de la vida fue un accidente. Roberto no cree en Dios y ha pasado más tiempo en la cárcel que en la iglesia, por lo que lo que la  única información que consideraría escuchar de alguien como él es cómo no ser anulado en un baño de delincuentes.”

Quizás sea cierto que Roberto no cree en Dios y que ha pasado más tiempo en la cárcel que en la iglesia, pero todo eso es irrelevante para su argumento sobre el origen de la vida.

Ejemplo:

“Andrea Dworkin ha escrito varios libros hablando sobre el daño que causa la pornografía a la mujer. Pero ella es fea y amarga, así que, ¿por qué deberíamos escucharla?

La apariencia y el carácter de Andrea Dworkin, que al argumentador ha caracterizado tan poco generosamente, no tienen nada que ver con la fuerza de su argumento, así que usarlos como evidencia es una falacia ad hominem.

Cuando algunas personas te ataquen personalmente, tómalo como un cumplido a la calidad de tu argumento. Esto es usualmente un signo de desesperación de tus oponentes.

Ad hominem tu quoque

También es conocido como inconsistencia personal. Tu quoque significa ‘tú también’. Esta falacia es cometida cuando se indica que el argumento es falso porque la persona que argumenta no está actuando consistentemente con lo que declara.

Ejemplo:

Imagina que tus padres te han explicado por qué no debes fumar y te han dado muchas buenas razones: el daño a tu salud, el costo y así sucesivamente.

Y respondes: “No aceptaré tu argumento porque solías fumar cuando tenías mi edad. “¡Tú también lo hiciste!”

El hecho de que tus padres hayan hecho lo que están condenando no tiene nada que ver con la validez de sus argumentos (fumar perjudica la salud), por lo que la respuesta es falaz.

Ad hominem positivo

Un ad hominem “estándar” es una falacia en la que se rechaza una reclamación sobre la base de algunos hechos negativos irrelevantes sobre el autor o la persona que presenta la reclamación.

Un ad hominem positivo se produce cuando una relación es aceptada sobre la base de un hecho irrelevante sobre el autor o la persona que presenta el argumento

Por lo general, esta falacia consiste en dos pasos. En primer lugar, se dice algo positivo (pero irrelevante) sobre el carácter de la persona que hace la reclamación. En segundo lugar, esto se toma como evidencia de la reclamación en cuestión.

Ejemplo:

“Rafael es un hombre agradable y muy atento. Se ve muy apasionado por lo que dice, por lo tanto, debe estar en lo correcto cuando dice que debemos comprar oro”.

Ejemplo:

Sandra: “Lo que dijo fue ridículo, ¿por qué creer en él?”

Janet: “Porque es un hombre encantador, ¿cómo puede estar equivocado?”

Sandra: “Tienes razón”.