Economía.

Alex Kaiser, en su libro “El economista callejero”, explica fácil y sintéticamente los principios básicos de esta ciencia para hacerla comprensible al lector lego, no especializado. Su lectura es muy dinámica porque el autor coloca ejemplos que ilustran los enunciados descriptos.

El escritor es chileno, abogado y filósofo y preside la Fundación para el Progreso. Si bien no es economista, los pensadores y teóricos de la escuela austríaca de economía han influido en su visión sobre esta ciencia.

En el prefacio del libro, su autor, se refiere a que esta obra es el resultado de haber leído a los grandes de la economía –algunos de la escuela austríaca–, a saber: Mises, Joseph Schumpeter, Deirdre McCloskey, Milton Friedman (algunos sabrán de su influencia en la recuperación de la economía chilena en los años 70), Frédéric Bastiat, James Buchanan, Henry Hazlitt, Jean Baptiste Say, Jesús Huerta de Soto (el vehemente y polémico anarcocapitalista español que Javier Milei citó en su discurso), Adam Smith (autor del clásico La riqueza de las naciones) e Israel Kirzner.

Opina Kaiser: “Probablemente, no exista una disciplina más importante para la vida diaria de las personas que la economía y, sin embargo, el analfabetismo y la incomprensión en esta materia es mayor que cualquiera otra, salvo, tal vez, a las ciencias naturales, normalmente ajenas a la discusión pública”.

Sigue diciendo: “No se trata simplemente de que individuos sin mayores estudios o hábitos de lectura ignoren principios básicos de economía, como ocurre con la historia, la literatura, la filosofía, el derecho y otras áreas de las humanidades y ciencias sociales. Con la economía se da el curioso caso de que las élites más ilustradas suelen ser las más ignorantes en la materia”.

El libro El economista callejero.

Continúa: “Un ejemplo emblemático es el de los ‘filósofos políticos’ que especulan acerca de la redistribución de la riqueza, sin tener idea de cómo crear la riqueza que pretenden redistribuir y, menos aún, de los efectos que produce su redistribución en nombre de la ‘justicia social’.

El autor incluye a artistas que, bajo el impulso de las emociones, practican el “buenismo” –con el dinero ajeno, claro–, y culpan a los empresarios, grandes o pequeños, de la pobreza en el mundo, sin analizar (porque no saben nada de economía) las verdaderas causas de la riqueza.

¿Y por qué se habla de “las verdaderas causas de la riqueza” y no “de las causas de la pobreza”? Sencillo: porque la pobreza es el estado natural del mundo puro, sin intervención del ser humano. Esta afirmación –que se cae de madura– tuvo que aclararla Adam Smith en el libro citado más arriba, cuyo título original traducido del inglés es: Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Es sencillo: La riqueza se crea; la pobreza es innata al origen de las cosas.

Kaiser dice en el prefacio de su obra que el error de los economistas fue no comunicar los conceptos de esta ciencia en un lenguaje simple y claro, haciéndolos accesibles a todas las personas. Esto llevó a que una sólo una minoría ilustrada de especialistas –con jergas incomprensibles– comprendiera su mecanismo, privando a los legos –la ciudadanía– de un conocimiento básico y elemental para entender los “grandes números” de una economía de Estado, además de no saber cómo invertir mínimamente sus ingresos.

Robert Kiyosaki, autor del libro Padre rico, padre pobre, aboga para que la materia Economía se enseñe en las escuelas.

En El economista callejero, el autor no pretende aportar nada original a la economía como ciencia, sino divulgar lecciones básicas para la cultura general. No es una obra dirigida –dice Kaiser– al ilustrado, sino al ciudadano común.

Lección 1: Trabajar es vivir

El autor afirma en este capítulo que lo económico es el problema fundamental de la existencia porque, para sobrevivir, primero debemos resolver la escasez de recursos (de ahí que es importante la creación de la riqueza).

Una vez resueltas las necesidades básicas (alimentos, ropa, vivienda), sigue diciendo Kaiser, recién en ese momento podemos dedicarnos a las cultura, el arte y a otras actividades recreativas. La frase “Primo mangiare, dopo filosofare” lo resume perfectamente.

Por lo tanto, alimentarse, estudiar, viajar e ir a la ópera son “problemas económicos”, que deben saber gestionase para obtener y asignar los recursos necesarios para tales fines.

En resumen: sin trabajar no hay creación de riqueza, sin esta no hay bienes ni servicios y, sin estos, hay escasez: o sea, pobreza.

En la antigüedad –básicamente, antes de la Revolución Industrial– la provisión de lo más elemental para la subsistencia, la comida, se gestionaba personalmente y familiarmente, manualmente, con escasas herramientas y poquísima producción.

Es a partir de la mitad del Siglo XVIII cuando las máquinas irrumpen en Inglaterra para producir alimentos masivamente. Esto sacó a millones de personas de la pobreza extrema (se calcula que era de 95% en ese entonces).

Si bien la industrialización hizo que pudiéramos trabajar menos para tener lo suficiente, es necesario un mínimo de trabajo que aporte al proceso productivo. Por eso, trabajar es vivir.

Lección 2: Sólo se puede vivir del trabajo propio o del ajeno

Aquí, Kaiser se refiere a que hay dos formas de obtener los recursos necesarios para la subsistencia: o nos esforzamos nosotros mismos o nos valemos del esfuerzo ajeno: no hay más.

Claro que los niños, ancianos y enfermos dependen del trabajo ajeno de sus amigos o familiares para sobrevivir. El autor habla sobre los que, pudiendo trabajar, parasitan a la sociedad exigiendo recursos sin aportar nada a cambio.

En la segunda categoría están quienes creen que hay una alternativa mágica. Dice textualmente Kaiser: “Suele afirmarse que el Estado debe proveer, de manera gratuita, salud, educación, vivienda y muchos de los llamados ‘derechos sociales’.

”Aunque empatice con esa posición, un buen economista callejero evidencia inmediatamente la falacia económica que hay en ella: el Estado no es un dios que pueda proveer recursos, creándolos de la nada. Si queremos salud, educación y vivienda gratis y para todos, alguien debe trabajar para crearlos o producirlos ya que todos dependen de la creación de bienes o servicios económicos, escasos y demandados.

”Ahora bien, como el Estado no es un ente mágico que produce riqueza y está formado por seres humanos, debe entonces cobrar impuestos para obtener dichos recursos. En otras palabras, dado que los políticos y funcionarios estatales no producen recursos (solo los administran y consumen), estos deben extraer dichos recursos de la ciudadanía para poder repartirlos. Al mismo tiempo, estos funcionarios administrativos y políticos viven gracias a la riqueza que les sacan a quienes producen, pues de ahí se pagan sus sueldos”.

No dice Kaiser que el Estado sea innecesario, sino que este no puede entregar nada que antes no haya confiscado por la fuerza a otros. Por eso se dice que el Estado “redistribuye” la riqueza, pero no la crea.

Lección 3: La oferta es demanda y la demanda es oferta

Kaiser se refiere a que, en todo proceso de compra-venta, hay dos partes involucradas (el mercado) las cuales, libre y voluntariamente, intercambian bienes y/o servicios. En ese proceso, una de ellas valora más lo que la otra tiene y viceversa. De no ser así, no habría transacción; es decir, ambas partes salen ganando. Lo que se intercambia debió ser producido previamente, mediante un trabajo. Es la diferencia que existe con una donación: alguien recibe algo sin haber hecho nada.

La demanda de un producto, creado por una persona, implica la existencia de una oferta de otro producto, generado por quien demanda. Por eso, demanda y oferta son dos caras de una misma moneda. “Todo oferente es, a la vez, un demandante y todo demandante, un oferente”, dice Kaiser.

Y agrega: “La idea de que la demanda se apoya en la oferta es contraria a lo que sostienen algunas escuelas de economía que suponen que la demanda puede existir sin oferta previa. Basta que el Estado gaste dinero –afirman– para que se produzca riqueza en tiempos de crisis”. El problema de esto es que el Estado no puede gastar recursos que no provengan de impuestos cobrados previamente.

Como consecuencia de esto, una de las partes, el Estado, no ha entregado nada en el proceso, sino que se limitó a repartir o gastar algo que no ha producido. Eso desequilibra la balanza entre los productos y servicios ofertados y demandados por las partes y se produce un proceso inflacionario. El mismo desajuste produce el otorgamiento de subsidios, porque distorsionan los precios (que son una señal).

El capítulo es extenso y el autor describe claramente, con muchos ejemplos, las distorsiones que provoca que un tercero –el Estado– provoca cuando interviene en el proceso de oferta y demanda.

Lección 4: El que intercambia lucra

Dice Kaiser –siguiendo la escuela austríaca– que el lucro es subjetivo porque su valoración lo es. En el proceso de compra-venta hay un precio porque este expresa la valoración subjetiva que ambas partes tienen sobre lo que intercambian. El precio, sigue diciendo, cambia, nunca es fijo, pues depende de la cantidad de bienes que se han producido antes del intercambio, y eso depende de la abundancia o escasez, además de gustos y preferencias.

“Si compramos educación, salud, vivienda o cualquier otra cosa estamos lucrando porque valoramos lo que recibimos más que lo que entregamos; exigir educación ‘gratis’ implica reclamar lucro unilateral porque se obtiene un beneficio (algo valorado) pero sin dar nada a cambio”, agrega el autor.

Lección 5: La productividad determina nuestro ingreso

Un buen economista callejero –como gusta llamar Alex Kaiser a quienes saben cómo funciona la economía sin haber estudiado profundamente esta ciencia– sabe que su ingreso depende de los recursos económicos que tiene para sustentar su vida, y tiene relación con su productividad.

         “Es lo que somos capaces de producir, no la cantidad de trabajo que hacemos, lo que define la calidad de vida que tenemos en términos de consumo; se puede trabajar muy poco y ser muy productivos, consiguiendo un ingreso muy alto, o se puede trabajar mucho, siendo poco productivos, al obtener bajos ingresos”, dice.

         La diferencia la hace la tecnología empleada, la creatividad, el capital humano y la habilidad personal. Un ejemplo respecto de la primera diferencia citada sería: una persona con una máquina segadora, conectada a internet, con un mapa satelital a la vista del operador, además de un software específico sobre la cosecha específica, es muchísimo más productiva que otra que desarrolla la labor manualmente.

Kaiser sigue dando ejemplos con respecto a cómo las computadoras nos han facilitado el trabajo (hacemos más en menos tiempo, lo que abarata costos).

Lección 6: El valor es subjetivo

Si bien el autor se ha referido antes a que el valor es subjetivo (el valor económico de las cosas, aclara), en este capítulo se explaya al decir: “Desde el punto
de vista económico no es relevante determinar esos factores, sino el hecho de que son los consumidores, las personas comunes y corrientes, quienes determinan el
valor económico −precio− de las cosas de acuerdo con sus preferencias.

”Algunas escuelas de economía han postulado que el valor es objetivo, es decir, que se deriva de unidades cuantificables que en el proceso productivo pasan a formar parte del bien transado. Por ejemplo, para la escuela marxista, la cantidad de trabajo en un determinado bien es considerada como la fuente objetiva de su valor.

”Así, si un diamante vale más que un litro de agua, a pesar que un litro de agua es más útil, en términos absolutos, es porque el diamante requiere más trabajo para ser conseguido y elaborado que el agua. Pero, si ese fuera el caso, entonces no podría darse el hecho de que un cuadro de Van Gogh costase más que un avión, pues tanto este como el diamante extraído de una mina tienen muchas más horas de trabajo y, por lo tanto, su valor intrínseco debería ser que el de la pintura.”

Si alguien argumentara que el cuadro de Van Gogh es una pieza única y por eso es más caro que un avión, Kaiser le diría: “Si cualquier persona que no fuera Van Gogh o alguien comparable hiciera un cuadro único y lo pusiera a la venta, seguramente le darían mucho menos dinero por él que uno del artista holandés. Imaginemos ahora que un pintor hábil hace una réplica del cuadro de Van Gogh, con los mismos colores y materiales y tardando la misma cantidad de horas. Si el valor económico fuera objetivo y derivado de las horas de trabajo y recursos aplicados para producirlo, ambos cuadros deberían costar  lo mismo.

”Sin embargo, el pintor que ha replicado la obra no podrá cobrar ni una fracción de lo se paga por el original. ¿Por qué? Simplemente, porque la fuente de valor está en la mente de las personas, es subjetiva, no objetiva. En otras palabras,las cosas valen porque otros las quieren tener, así de simple: no hay otra explicación.”

Lección 7: El salario lo pagan los consumidores

Kaiser comienza diciendo en este capítulo –contrariamente a lo que creen los marxistas y las personas que nada saben de economía– que sólo unos pocos sujetos (emprendedores, empresarios, por ejemplo) son capaces de crear bienes de capital, lo que lleva a elevar los ingresos de todos.

“El capital, por lo tanto, es la fuente de prosperidad, y los empresarios que lo desarrollan y acumulan son los agentes del progreso social”, dice y agrega: “Los trabajadores asalariados tienen sus  ingresos relacionados con su productividad y no por la explotación o decisión arbitraria del empleador, dueño del capital”.

Parea graficar, el autor da algunos ejemplos:

“Si alguien está dispuesto a trabajar como empleado por cierta suma, es porque esa es la mejor opción que tiene; si, por el contrario, lograra mejores por su cuenta, elegiría esta opción”. Esto desmorona, además, la teoría de la explotación.

“El empleador no tiene ningún poder –como algunos suelen sostener– sobre el trabajador por tener más riqueza sobre este. Bill Gates  no puede obligar a un ingeniero de Harvard a trabajar por diez dólares al mes, sólo porque él es más rico”, agrega.

Con respecto al tema de este capítulo, Alex Kaiser dice que si no todos los trabajadores tienen sueldos millonarios, no se debe a la maldad del empresario, sino, simplemente, a que los recursos son escasos (una de las máximas de la economía). De hecho, el salario no lo determina y, en última instancia, ni siquiera lo paga el empleador sino los consumidores.

“En una economía de personas libres, el empresario es un mandatario de los consumidores y son ellos quienes le dirán cuánto quieren de cada cosa y en qué momento. Él debe elegir a la gente que le ayude a producir lo que los demás demandan, y les pagará más o menos, dependiendo de qué tan bien cumplan  con el mandato de los consumidores, no de lo que es ‘justo’ según un criterio arbitrario”. dice Kaiser.

Lección 8 : El capital es ahorro e ingenio aplicado

 “Trabajo duro, ahorro, capitalismo”, icónica frase que repite Miguel Anxo Bastos (ganador del premio Juan de Mariana), resume muy bien lo que Kaiser en este capítulo quiere decir.

 Si, debido al trabajo responsable es posible ahorrar, eso permitirá comprar un bien de capital (por ejemplo, una máquina). Eso incrementará la producción, bajará sus costos y, por ende, habrá más productos y, por lógica, más baratos. Esa es la sencilla historia de por qué, inicialmente, algunos bienes –extraordinariamente caros– ahora están al alcance de cualquiera.

Las líneas de producción en masa y los procesos de automatización colaboran para que, por ejemplo, aumente la cantidad de alimentos y su precio cae a la par.

El ingenio de un emprendedor mejora la producción, abarata los costos, crea puestos de trabajo. En resumen: hay más riqueza para todos los que participan, incluyendo a los consumidores, que acceden a más bienes y servicios de mayor calidad a un menor costo.

El proceso de innovación es permanente porque este contagia a otros a mejorar lo establecido, lo que obliga a perfeccionar lo anterior y genera competencia de talentos para ganar los mercados.

Lección 9: El dinero no es riqueza

“El dinero es un medio que sirve como intercambio de bienes y servicios entre individuos y su cantidad no determina la productividad de una economía. Incluso más, la hiperinflación –entendida como la pérdida del poder adquisitivo del dinero debido a un aumento de su cantidad con relación a la producción– puede destruir la economía porque altera el sistema de precios y, por tanto, las señales que requiere la estructura o cadena de producción para coordinarse”, comienza diciendo Kaiser en este capítulo.

Si la riqueza son las cosas que podemos consumir, el agua, entonces, es riqueza porque la necesitamos para vivir, mientras que un millón de dólares será inútil si no hay bienes para gastarlo, afirma el autor, como ejemplo.

Y sigue diciendo: “Si estamos perdidos en el desierto, sin nada, y nos ofrecen un litro de agua o un millón de dólares, obviamente elegiremos el agua”. Esto es porque el dinero no es riqueza sino un medio de intercambio de riqueza. Si, por el contrario, el ofrecimiento fuera en New York, elegiríamos el dinero porque en esa ciudad hay tanta riqueza producida que podremos usar el dinero para compra agua y mucho más.

En esta lección, el autor habla sobre la plata y el oro, lo que significaban para los aborígenes y los conquistadores.

Lección 10: Los precios son información

“Contrariamente a lo que la gente cree –dice Kaiser– los precios no son una cantidad arbitraria de dinero que le ocurre al vendedor, sino un mecanismo de transmisión de información sobre los recursos disponibles en la economía y, por lo tanto, constituyen una brújula que guía a todas las decisiones de consumidores, trabajadores, empresarios y los demás agentes del mercado.”

Un economista callejero sabe que los precios no existen porque hay dinero, sino porque hay intercambio, pues estos reflejan las valoraciones subjetivas de quienes participan en el mercado.

Y agrega: “Los precios otorgan una señal a todas las actividades productivas de la sociedad para que se coordinen de modo de acercarse a un equilibrio, a fin de que los recursos escasos se utilicen adecuadamente para producir las cosas que la sociedad necesita y demanda, evitando que haya desperdicios”.

Lección 11: La competencia es colaboración y descubrimiento

Kaiser comenta aquí que la competencia no sólo no desintegra el orden social, sino que, además, no nos hace egoístas ni socava la solidaridad. Alguien con un mínimo conocimiento del funcionamiento de la economía sabe que la competencia no es un juego de suma cero (donde uno gana y el otro pierde), sino un engranaje de suma positiva por el cual toda la sociedad se enriquece.

Como ya se vio, los precios son mensajes que las personas valoran subjetivamente, según sus preferencias. Y, para que haya intercambios, se requiere de la propiedad privada de los medios de producción, pues sin ella no es posible  el proceso de compra-venta.

La propiedad privada –continúa diciendo Kaiser– supone además que hay libertad para competir con quienes están en el mercado, lo cual no es posible si el Estado monopoliza la producción o interviene. De la misma forma en que, en el fútbol, por ejemplo, se necesitan dos equipos para existir, el mercado requiere de diversos participantes para emerger.

Por eso, la competencia entre productores es para colaborar con los consumidores, quienes se beneficiarán –en transacciones libres y voluntarias– al poder elegir entre los mejores bienes y servicios disponibles porque hay una mayor oferta.

Los que compiten por tener el dinero de los compradores, deben esforzarse para mejorar y ser elegidos. Quien no se adapta a los gustos y preferencias de aquellos pierde su posición dominante y triunfa quien mejor sirve al prójimo. Nuevamente, ingenio, innovación, creatividad son la base para permanecer en el mercado. Eso beneficia a los consumidores.

Lección 12: El empresario es un benefactor social

“Los empresarios son quienes tienen como característica principal la capacidad de crear la riqueza que les permite elevar su nivel de vida y el de los demás. En consecuencia, en un mercado competitivo, la única forma de hacerse rico es beneficiando también a otros. A diferencia del resto de quienes participan en el mercado, ellos son escasos y resultan imprescindibles para el progreso”, comienza diciendo el autor en esta lección.

Coloca un ejemplo deportivo, haciendo referencia a que jugadores de fútbol hay muchos, pero pocos como Messi, Pelé o Beckenbauer, por lo que a las personas de negocios se les debe crear un ambiente institucional necesario que respete y apoye su destreza. No habla de que sean perfectos, y que deben ser sancionados quienes cometan delitos.

En el deporte también se hace trampa, y hay muchos funcionarios del Estado que son corruptos, sigue diciendo. Pero basta con que un solo emprendedor haga las cosas mal, para que se culpe al capitalismo o al mercado por eso, cometiendo una falacia enorme.

“Se debe considerar que el empresario es el responsable de que haya cosas que usamos todos los días: desde la cama en que dormimos hasta el edificio o casa en que vivimos, pasando por el jabón, lavamos, el agua potable, la comida y la ropa. Todo esto es posible gracias a la obra de unos pocos, que han conseguido inventar y producir a gran escala lo que necesitamos, haciéndole accesible y barato. ¿Cómo es esto posible?”, afirma Kaiser.

Responde que se puede hacer por la división del trabajo que caracteriza la economía moderna. Antes de la Revolución Industrial, los seres humanos producían lo que comían, hacían sus ropas y sembraban, cazaban o recolectaban los alimentos.

Se intercambiaban algunas cosas y había algo de comercio, pero la mayoría de la población era rural, vivía con lo justo y tenía grandes comodidades.

El autor continúa describiendo que eso ha cambiado totalmente en la modernidad, ya que disponemos de todo lo que necesitamos, sin mayor esfuerzo: comida, transporte, indumentaria, servicios médicos, educación, cultura, diversión, etcétera.

Lección 13: Innovar es destruir

Como se ha visto hasta acá, para que una economía cree recursos es necesario la permanente innovación, y esta podría definirse como la aplicación práctica de las capacidades mentales para crear valor.

El autor, al respecto, dice: “Cada innovación, sin embargo, produce la destrucción o transformación de aquello que viene a reemplazar. Si un científico inventa una pastilla que cure el cáncer, toda la tecnología para quimioterapia y tratamientos, incluyendo a sus especialistas, quedarán obsoletos. Es en ese sentido, que se dice que el capitalismo es un proceso de ‘destrucción creadora’.

”Si el día de mañana una sola pastilla de un dólar sanara todas las enfermedades posibles, no serían necesarios tantos hospitales, médicos, exámenes, etcétera. Alguien podría argumentar que eso dejaría a mucha gente desempleada y que se perderían negocios que generan utilidades.

”Precisamente, el punto de la innovación es aumentar la eficiencia, es decir, descubrir aquellos espacios de creación de valor potencial para usar menos recursos satisfaciendo más necesidades. Si la pastilla milagrosa saliera al mercado, efectivamente habría un período de ajuste, pero todos los recursos cuantiosos que se dedican al área de la salud de manera ineficiente, quedarían ahora libres para aplicarse en otras áreas en que serán más necesarias.

”Lo peor que se podría hacer sería evitar la innovación para mantener industrias a flote, pues, siguiendo el ejemplo de la pastilla milagrosa, al evitar su creación no solo se moriría más gente de cáncer, sino que se evitaría un proceso de enriquecimiento formidable de la sociedad.”

Lección 14: Comerciar nos enriquece

No es como opinan algunos nacionalistas, que protegiendo la industria o comercio nacionales se avanza, sino que abrirse al mundo globalizado –comerciar con todos– es como progresamos.

Dice Kaiser en esta lección: “Las innovaciones que ocurren en Japón o Suiza benefician a todos. América latina, por ejemplo, usa tecnología que va desde autos y computadoras hasta medicamentos y máquinas de diverso tipo. Nada de eso fue inventado allí y, sin embargo, la región las puede usar porque las importa. En otras palabras, una japonés u un suizo que innova no sólo enriquece a su propia comunidad sino a todo el planeta”.

Y sigue: “Las oportunidades de creación de valor que los empresarios europeos o asiáticos detectan lasa perdemos al proteger a empresarios más ineficientes en nuestros países, mediante prohibiciones de importación o altos impuestos que hacen que los productos importados no sean competitivos”.

Y concluye: “Prohibir o restrigner la importación de autos para ‘proteger’ la industria nacional equivale a entregar un monopolio de producción a los productos nacionales porque lleva a que estos no tengan incentivos ni necesidad de ofrecer mejores productos y más baratos”.

Lección 15: Los lujos de hoy son las necesidades del mañana

Es sabido que, no siempre, un nuevo producto o servicio está disponible para todos los bolsillos. Podemos pensar en los primeros autos, celulares o las computadoras, en el caso de bienes, y de los servicios de fibra óptica en el segundo caso.

Producto de los envidiosos que no pueden compara nada, se tiene una visión falaz y se aplican políticas de castigo a bienes lujosos con la trillada razón de la “justicia social”, que no es ni justicia ni social, según afirma Jesús Huerta de Soto.

Como sabemos, todo innovador le buscará la vuelta al proceso de producción

y hallará la forma para abaratar el bien o el servicio que, en primera instancia, era privativo de una clase. Esto ha sucedido en todas las áreas y nos beneficia.

Conclusión

Dice Alex Kaiser: “Un economista callejero que ha entendido las anteriores
lecciones no puede dejar de concluir que los seres humanos, cuando podemos desplegar las capacidades de nuestro espíritu y nuestros talentos en libertad, elevamos nuestras vidas y las de los demás.
La gran lección que nos deja una comprensión profunda de la economía es que no se necesita una autoridad ni un poder central que nos esté diciendo lo que tenemos que hacer o pretenda dirigir nuestras actividades para enriquecernos.

”Condiciones básicas de orden que nos provean de la paz necesaria para no temer por la integridad de nuestras vidas y posesiones, y una cultura que fomente y premie el éxito, es todo lo que se requiere para crear progreso. El avance de los pueblos ha sido siempre liderado por unos pocos emprendedores, pero acompañado de grandes mayorías que abrazan los valores e ideas sobre los que ese progreso se sustenta”.

Otros libros del autor

–La fatal arrogancia

–La tiranía de la igualdad

–Le neoinquisisión

–El engaño populista (en coautoría con Gloría Álvarez)

–El libro de Asgalard