Los usuarios de colectivos de media distancia, cuyos boletos se pagan en efectivo, viven reclamando que el precio les juega una mala pasada más allá del costo en sí. Por ejemplo: el viaje de Mendoza a Rivadavia vale $145 con Dicetours. El problema es que, ante la falta de monedas, deben pagar con $150, y –los pasajeros dicen– los choferes nunca tienen vuelto. Eso sí: si alguno se atreve a abonar solamente $140, lo bajan de una y le dicen que o paga la totalidad o no puede viajar. A ver si empezamos a jugar mejor con el redondeo, que siempre tiene que ser a favor del cliente.