Imagen ilustrativa.

El tránsito en el Gran Mendoza tiene, entre otras complicaciones, la falta de coordinación entre los semáforos. Un conductor hace 100 metros y tiene que frenar porque le da el rojo, mientras ve que la próxima parada en la siguiente esquina el verde
se agotará irremediablemente y cuando llegue, tendrá que volver a detenerse. No sólo es el estrés para quien conduce, sino también el desgaste para el mismo automotor que no tiene la fluidez necesaria para circular. Justo en un momento donde los repuestos son caros.