En una farmacia de Capital, un grupo de turistas chilenas se aprestaba para abonar en caja una buena cantidad de productos de belleza.
En la cola, le tocó el turno para pagar a una mendocina, que llevaba un remedio, pero también se interesó por una crema facial que vio en la vidriera. Hizo una pregunta y espero que le mostrara el producto.
Sin embargo, la actitud de la cajera la sorprendió.
“¿Alguien más sabe que esté para pagar que sepa qué es lo que quiere?”, preguntó la empleada.
Las visitantes trasandinas, que iban a pagar en efectivo, pasaron al frente.
Ojo con estas actitudes: no por facturar se tiene que faltar el respeto.
