Una situación insólita se dio en una estación de servicio de Godoy Cruz. Nos la contó un lector de El Sol cuando tuvo que ir a cargar combustible hace poco. El hombre estacionó su vehículo y el bombista lo atendió. Luego de pagar, el cliente se dispuso a salir. Giró la llave y, cuando estaba a punto de poner primera, una mano por la ventanilla abierta lo sorprendió. Era la del mismo empleado que lo había atendido. Le extendía una tarjeta. Son tiempos difíciles para tener un sólo trabajo. Era publicidad de un sex shop, donde el hombre vendía productos para la intimidad.