La escena ocurrió la semana pasada en la primera cuadra de una de las avenidas más comerciales de la Capital, Juan B. Justo.

El lector que la detalla contó que salía de retirar un paquete en la oficina de un correo privado, cuando a sus espaldas escuchó un grito.

“¡¡¡Eh, pará, qué hacés!!!”.

El hombre pensó que se dirigían a él y se dio vuelta.

Sin embargo, lo que vio había paralizado a más de uno, incluso en los cafés circundantes.

Un joven venía caminando con dos sillas plegables.

El que había gritado, era el mozo de un bar. Al parecer, el joven había decidido que podía llevarse esas sillas sin permiso alguno, hasta que lo frenaron.

Sin resistencia, el muchacho devolvió lo que no era suyo. El mozo, en tanto, volvió con lo que casi le quitan, mientras el amigo de lo ajeno se dio vuelta, sin más, y siguió caminando en dirección al oeste como si no hubiera pasado nada.