Una extraña formación nubosa sorprendió este viernes por la tarde a una región de Mendoza. Una estructura vertical, imponente y con gran desarrollo en altura apareció de golpe, como una escultura de vapor flotando sobre el Valle de Uco.
Se trataba de una nube gigantesca, blanca y abombada, que captó todas las miradas: su silueta recordaba con inquietante precisión a la de un hongo nuclear, esas que la historia asoció a catástrofes atómicas.
Pero no hubo explosión ni mucho menos. Lo que se alzó fue un cumulonimbus, una formación típica de jornadas con inestabilidad atmosférica y contrastes térmicos marcados, capaz de trepar varios kilómetros en altura.
Este tipo de nubes no solo impactan por su forma: son un aviso. En zonas cordilleranas, su presencia es un signo claro de que la meteorología puede volverse protagonista en cuestión de minutos.

