A nadie le sorprende que a sus 59 años, la ministra del Interior Theresa May haya sido elegida líder del Partido Conservador y con ello, sucesora del primer ministro británico David Cameron. En 2010, el diario “The Telegraph” la consideró una “estrella ascendente”, y tres años más tarde el periódico “The Independent” se refirió a ella como una “Dama de Hierro en lista de espera”.

Es inevitable que cualquier mujer que entre en la política británica sea comparada con la fallecida primera ministra Margaret Thatcher. Pero en el caso de esta mujer canosa, fuerte y decidida e hija de un pastor anglicano, la comparación no parece para nada extraña. Poco más de 25 años después de que la verdadera “Dama de Hierro” dejara el poder en 1990, May se convertirá el miércoles en la segunda mujer en ocupar la oficina de primer ministro.

Habitual de las portadas por sus atrevidos zapatos, sus colegas la describen como disciplinada, capaz y amigable. Estudió en Oxford (como Thatcher y Cameron), trabajó para el Banco de Inglaterra, ingresó a la política antes de cumplir 30 y cuenta con numerosos amigos dentro del partido.

Asumió como ministra en 2010 y durante dos gabinetes consecutivos de Cameron lidió con asuntos como inmigración, lucha contra el terrorismo, vigilancia y abuso de menores. Casi nadie imaginó que duraría tanto en el puesto. Durante la campaña sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (“Brexit”), May estuvo a favor de la permanencia del país en el bloque.

La mayoría de los conservadores creen que su postura en relación al “Brexit” -más allá de estar en contra de salirse de la UE tuvo una actitud moderada durante la campaña- la convierte en la persona idónea para la difícil tarea de guiar al Reino Unido a través de las turbulencias políticas y económicas creadas por el “Brexit” y para sanar las divisiones creadas en el seno de su partido por el mismo.

El veterano legislador conservador Ken Clarke la llamó una mujer “terriblemente difícil” en declaraciones que no sabía estaban siendo grabadas durante una entrevista con el canal Sky News la semana pasada, aunque luego se moderó y dijo que era una buena candidata.

“Ella tiene la integridad, la fortaleza y el liderazgo que nuestro país necesita”, dijo hoy el ministro de Economía británico, George Osborne.

Hija de un vicario de la Iglesia anglicana, está casada desde 1980 y no tiene hijos. El fin de semana, su principal contrincante, la ministra de Energía Andrea Leadsom, que se retiró hoy de la pelea, generó una controversia al afirmar en una entrevista con el diario “The Times” que, como madre, ella sería mejor como primera ministra. “Siento realmente que como madre tengo una participación real en el futuro de nuestro país, una participación perceptible”, dijo. Sus declaraciones fueron rechazadas incluso entre sus propias filas.

En 2013, May anunció que padecía de diabetes del tipo 1. Fue elegida al Parlamento para representar al distrito de Maidenhead en 1997 y sigue viviendo en el área.

Se unió por primera vez al gabinete en las sombras de los conservadores en 1999, ascendiendo hasta ser elegida ministra del Interior por Cameron en 2010.

May afirma que desde ese puesto ha liderado al gobierno en el camino de “poner a disposición a la policía para combatir el crimen más eficazmente, asegurar las fronteras y reducir la inmigración y proteger al Reino Unido del terrorismo”.

Sin embargo, ha sido criticada por no cumplir la promesa de su gobierno de reducir la inmigración anual neta en el Reino Unido a menos de 100.000 personas.

En su discurso de hoy, evitó explícitamente hablar de migración, que según los analistas fue un tema crucial a la hora de votar el “Brexit”. Sólo afirmó que “muchas personas se encontraron sin trabajo o con salarios más bajos debido a migración con baja calificación”.

En una columna en el popular diario “The Sun” publicada este domingo, May señaló que el Gobierno será “capaz de hacer más para controlar la inmigración que llega al Reino Unido de otros países europeos” tras el “Brexit”, pero no mencionó objetivos.

May ha propuesto esperar hasta fines de este año para invocar al artículo 50 del Tratado de Lisboa, que establece las reglas para que un país se separe de la UE, más allá del pedido de muchos políticos británicos y europeos de moverse más rápido.

El diario “The Independent” ha dicho de ella que, a diferencia de muchos de los políticos más importantes, es “una persona muy reservada, completamente libre de la adicción de hacerse publicidad a sí misma, lo que ha representado la ruina de tantos en su ramo”.

El “The Guardian”, en tanto, la ha descrito como “inescrutable” y una “política de ideas sobrias a la que además le gustan los zapatos”. May pareció confirmar estas apreciaciones cuando anunció su candidatura a presidir el partido el 30 de junio y afirmó que no era “una política ostentosa”.

“No hago giras por los estudios de televisión. No cotilleo sobre las personas en el almuerzo”, dijo May a periodistas. “No me voy de copas a los bares del Parlamento”. La política reconoció que es de naturaleza reservada. “Simplemente me dedico a hacer el trabajo que tengo por delante”.