Las masivas protestas en Francia mostraron escenas de enfrentamientos, saqueos e incendios durante una jornada de movilización contra el aumento del costo de vida. Las manifestaciones reunieron a estudiantes, sindicatos, agricultores y miembros del movimiento de los chalecos amarillos, y terminaron con más de 1.200 detenidos, según el balance difundido.

La convocatoria se realizó este sábado y se convirtió, de acuerdo con la información proporcionada, en la mayor movilización desde el inicio de las protestas estudiantiles a fines de septiembre. Los reclamos apuntaron al encarecimiento de los combustibles, la electricidad y los alimentos, además del rechazo al proyecto de presupuesto de 2027 y a la falta de recursos para escuelas y hospitales.

La protesta, impulsada en redes sociales bajo el lema “jóvenes y amarillos”, también reunió a organizaciones climáticas y centrales sindicales como la Confederación General del Trabajo (CGT) y Solidaires. Entre las consignas estuvo el rechazo a la violencia policial y a las lesiones sufridas por estudiantes durante manifestaciones anteriores.

Los organizadores estimaron que participaron unas 800.000 personas en todo el país, mientras que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, reconoció alrededor de 550.000 asistentes. La cifra superó ampliamente las previsiones oficiales, que calculaban entre 60.000 y 110.000 manifestantes.

Saqueos, enfrentamientos e incendios

Con el avance de la jornada, las movilizaciones derivaron en episodios de violencia en varias ciudades francesas. En Marsella, un grupo de manifestantes derribó las puertas del ayuntamiento y posteriormente se registraron saqueos en comercios del centro. En Lille, fueron destrozados los ventanales de la alcaldía, mientras que en Lyon se incendió una oficina de turismo.

En París, la plaza de la República fue escenario de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, que utilizaron gases lacrimógenos. Durante la noche también se reportaron saqueos en locales de marcas de lujo, entre ellas Dior, Burberry y Louis Vuitton.

Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, donde un grupo de encapuchados incendió un vehículo policial frente al ayuntamiento, forzó los accesos y prendió fuego en el interior del edificio histórico.

Las llamas alcanzaron los pisos superiores y el techo terminó derrumbándose. El inmueble, inaugurado en 1883, sufrió importantes daños. El alcalde, Guillaume Guérin, lamentó la destrucción de un edificio emblemático para los habitantes, aunque aseguró que los servicios públicos continuarían funcionando.

Más de 1.200 detenidos y agentes heridos

Ante la magnitud de las movilizaciones, el Gobierno francés desplegó más de 10.000 policías y gendarmes en todo el país, de los cuales al menos 5.000 fueron destinados a París. Además, se prohibieron las concentraciones en las inmediaciones de los Campos Elíseos.

El balance difundido indicó que hubo más de 1.200 detenidos y unos 150 agentes heridos. También se informó sobre la muerte de una persona en París tras sufrir un paro cardiorrespiratorio, aunque la información disponible no establece una relación directa entre ese fallecimiento y los enfrentamientos.

Los ataques y destrozos también golpearon al sector comercial. Según las estimaciones difundidas, alrededor de 1.500 establecimientos resultaron afectados en todo el país. Alexandre Bompard, presidente de la Federación del Comercio y de la Distribución y CEO de Carrefour, advirtió que las pérdidas económicas podrían ascender a cientos de millones de euros.

La actuación policial volvió a quedar en el centro de la polémica por el uso de granadas aturdidoras. Estos dispositivos habían sido suspendidos tras la grave lesión sufrida por un estudiante secundario en Lens, pero el ministro Nuñez volvió a autorizar su utilización en situaciones de violencia urbana. En Saint-Étienne, además, se informó que un manifestante habría perdido una mano al recoger una granada.

La respuesta del Gobierno

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, condenó los episodios violentos y los atribuyó a grupos que calificó de “ultralibertarios”. También sostuvo que el Gobierno no se dejará intimidar por los ataques.

Por su parte, el presidente Emmanuel Macron prometió que los responsables de los ataques contra edificios públicos y comercios serían perseguidos y castigados.

Desde la oposición, Marine Le Pen y Jordan Bardella, referentes de la ultraderecha francesa, responsabilizaron a sectores de la extrema izquierda. En cambio, Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, cuestionó al primer ministro y lo acusó de agravar el conflicto con su respuesta represiva.

La CGT consideró que las movilizaciones representan una nueva etapa del proceso de protesta y reclamó al Gobierno que responda sin demoras a las demandas sociales.