Cada 21 de marzo, coincidiendo con el equinoccio que marca el inicio del otoño en el hemisferio sur, el mundo brinda por el vermut. En Mendoza, la “época dorada” de esta bebida transforma el ritual del copetín en una experiencia de autor.

Lejos de ser aquel clásico olvidado en la alacena de los abuelos, el vermut se ha convertido en el nuevo nicho donde enólogos y destiladores plasman su creatividad. Para entender este fenómeno, conversamos con Luciano Palumbo, Master Distiller y experto en coctelería de autor, quien analiza por qué nuestra provincia se suma con fuerza a esta tendencia.

“El auge del vermut en Mendoza tiene mucho que ver con nuestra propia identidad. Partimos de una base muy noble, el vino, y exploramos botánicos, maceraciones y recetas de autor que reflejan nuestro paisaje”, explica Palumbo. Y agrega que “También influye mucho el crecimiento de la coctelería y de una cultura gastronómica más curiosa, donde la gente busca productos locales”.

A diferencia de los estilos clásicos europeos de Torino o Reus, el perfil mendocino destaca por la estructura y fruta del Malbec, la expresión aromática del Torrontés o un carácter más amable y frutal en la Bonarda.

close up of a cocktail glass with ice cubes garnished with dried lemon and fruit

Por otro lado, el uso de hierbas regionales le da al vermut una impronta única. “Muchos productores están incorporando hierbas, especias y plantas de nuestra zona, lo que le da a los vermuts mendocinos un perfil más ligado al paisaje y a la identidad del lugar”, comenta Palumbo.

El ritual en casa: reglas de oro y recetas

Para Luciano, la clave del éxito está en la simplicidad: “Mi regla de oro es no ´domesticarlo´ demasiado. Si el vermut es bueno, hay que dejarlo hablar, con buen hielo y la temperatura correcta”.

Para el experto, el vermut tiene la virtud de ser una bebida muy versátil, que permite moverse entre lo clásico y lo creativo sin perder identidad. Al pedirle una receta tradicional y otra novedosa que resalte las notas de un vermut artesanal, propone:

-La opción clásica: vermut bien frío, hielo de gran tamaño, una rodaja de naranja y la infaltable aceituna.

-La propuesta disruptiva: un “vermut Spritz” gastronómico con soda fría, piel de pomelo y unas gotas de salmuera de aceituna para resaltar la salinidad y el amargor herbal.

Maridaje con ADN local

El vermut es, ante todo, un ritual pensado para abrir el apetito, podríamos decir que tiene una “vocación social”. “Es una bebida pensada para compartir y para acompañar la conversación. Y en Mendoza tenemos una gastronomía que dialoga muy bien con ese espíritu”, dice Palumbo.

Más allá de las típicas papas fritas, Luciano sugiere maridarlo con sabores que dialoguen con el territorio: empanadas mendocinas, conservas, escabeches o incluso productos frescos como tomates maduros y aceite de oliva de la región. “La carga herbal del vermut limpia el paladar y lo prepara para el siguiente bocado”, asegura.

A man squeezing a lemon on his whisky in a bar

Tres recomendados mendocinos para brindar este 21 de marzo

Para quienes buscan explorar la diversidad de la producción local, Palumbo destaca tres etiquetas locales que representan el presente del sector:

  1. Vincenzo: elaborado por la familia Catena Zapata. Se destaca por su elegancia y una construcción aromática muy cercana al mundo del vino de alta gama.
  2. Montarraz: un exponente de la nueva camada de autor. Con una identidad herbal muy definida y gran personalidad, refleja el espíritu de los nuevos exploradores de botánicos.
  3. La Unión Federal: un ejemplo de reinterpretación contemporánea. Es un vermut extremadamente versátil y gastronómico, ideal tanto para beber solo como para lucirse en coctelería.

¿Sabías qué?

-Origen medicinal: la palabra proviene del alemán wermut (ajenjo). Antes de ser el rey del aperitivo, el vermut nació en la antigüedad como un tónico medicinal.

-Tendencia: Mendoza ya cuenta con “vermuterías” específicas, espacios dedicados exclusivamente a esta bebida donde el consumidor busca aprender sobre el origen y la trazabilidad de los botánicos.