Bailey tiene 12 años y se identifica con un animal: el golden retriever. Bajo ese nombre —que eligió en referencia a ese vínculo— se define como therian, una palabra que conoció a través de redes sociales y que hoy forma parte de su forma de entenderse a sí misma.

“Ser therian es identificarse involuntariamente con un animal o un ser no humano”, explicó a El Sol. Y enseguida buscó despejar ideas equivocadas que, según dijo, circulaban con frecuencia en internet: “No significa que nos creamos animales ni que vivamos como uno. No comemos comida para perros ni vamos ladrándole a la gente.

Una identidad que empezó en redes sociales

El interés de Bailey surgió hace aproximadamente dos años, cuando comenzó a ver contenido sobre therians en TikTok. La curiosidad la llevó a investigar más y, con el tiempo, a preguntarse con qué animales se sentía identificada.

Al principio me identifiqué con varios, pero hace unos meses descarté muchos y me quedé solo con el golden retriever porque entendí que era con el único que realmente me sentía conectada, contó.

La niña explicó que esa identificación no siempre implica acciones visibles: “Podés ser therian sin querer serlo. Es algo que sentís. No es necesario hacer cosas especiales todos los días”, aseguró.

Bailey con una de sus mascaras. (Foto: El Sol)

Entre el interés y el miedo al rechazo

Aunque disfruta crear máscaras y compartir ese interés con personas cercanas, Bailey reconoce que evita mostrarse públicamente con esos elementos por temor a las reacciones negativas.

“No salgo con máscara porque no quiero que la gente me diga cosas o me moleste. Prefiero salir tranquila”, admitió. Solo la utilizó una vez en público, acompañada por un amigo.

El rechazo en redes sociales y algunos casos viralizados influyeron en esa decisión: “La gente habla sin saber y muchos reciben hate”, señaló. Aun así, sostiene que su identidad no interfiere con su vida diaria: va a la escuela, estudia y mantiene sus rutinas habituales.

La mirada de su familia

El papá de Bailey aseguró que la familia nunca vivió la situación con miedo: “Desde que nació interactúa con animales. Su mamá es veterinaria y siempre tuvo una conexión muy grande con ellos, contó.

También recordó pequeñas escenas de la infancia que hoy cobran otro sentido para él. Según relató, cuando era muy chica —hasta aproximadamente los cinco años— solía jugar imitando sonidos de animales durante momentos cotidianos, algo que en su momento vivieron como parte natural del juego infantil.

Para él, la clave está en diferenciar entre una expresión lúdica y conductas que puedan afectar la vida cotidiana: “Ella no se comporta como un perro. Va a la escuela, le va bien y tiene su vida normal. Lo vemos como algo lúdico”, afirmó.

También destacó la importancia del acompañamiento y la seguridad, especialmente por la edad de su hija: “Tiene 12 años y siempre va acompañada. Ella misma decide no salir con máscara porque sabe que la puede pasar mal”.

Identidad, hobbies y malentendidos

Durante la entrevista, Bailey también marcó una diferencia que considera importante: “El therian es una identidad; el furry es un hobby, algo más relacionado con disfraces o personajes antropomórficos”.

En su caso, aseguró que lo más fuerte es la conexión emocional con los animales, algo que también siente en su vida diaria con sus mascotas: “Tengo una conexión muy grande con mis perros”, dice.

Mientras el debate crece en redes sociales y surgen opiniones encontradas, Bailey prefiere resumir su experiencia de forma simple: una manera personal de sentirse conectada con algo que forma parte de su historia desde siempre.