La política nacional se encamina hacia otra configuración inédita a partir del 10 de diciembre. Las elecciones de octubre, con sus resultados, delinearon el nuevo ordenamiento y, en Mendoza, activaron –aunque los protagonistas lo nieguen– un incómodo reacomodamiento rumbo a la sucesión de Alfredo Cornejo en 2027. Los ninguneos y gestos de indiferencia del Gobierno provincial hacia el ministro de Defensa y diputado nacional electo, Luis Petri, durante el acto en el Cerro de la Gloria para inaugurar un destacamento de los Granaderos a Caballo, no pasaron desapercibidos. Se habló de “cuestiones de agenda” para justificar la ausencia del Ejecutivo, pero las versiones sobre las invitaciones fueron contradictorias. Tanto el gobernador Cornejo como la vice, Hebe Casado, actuaron en tándem. “A mí no me invitaron. El jueves revisé mi correo y no tenía nada”, dijo Casado desde San Rafael, para agregar luego: “Me hubiese quedado”. Un ejemplo más de una relación fría y forzosa, sostenida apenas por el interés mutuo de Cornejo y Javier Milei en consolidar la alianza que los llevó al triunfo del 26 de octubre.
El acto en el cerro reunía todos los condimentos para convocar a la dirigencia: colorido, simbolismo, atractivo público y el agregado de una justificada reparación histórica hacia el Ejército de Los Andes, formado por San Martín en la tierra donde se gestó la liberación de medio continente. Más aún: los funcionarios suelen concurrir masivamente a actos protocolares de impacto mucho menor –inauguraciones de rotondas, derivadores de tránsito–, lo que vuelve más notorio el vacío. Tampoco asistió el intendente de Capital, Ulpiano Suarez, uno de los potenciales competidores de Petri para 2027 y posible receptor de la bendición oficial si Cornejo no consigue construir un candidato propio en quien depositar plena confianza.
En el plano nacional, en cambio, Cornejo parece moverse luego de las elecciones incluso con una mayor comodidad de la que tenía. La alianza con Milei en Mendoza –tras el triunfo, claro– le otorgó un lugar de privilegio, quizá un paso por delante del grupo de gobernadores dialoguistas que –sin romper del todo con el libertario– impulsaron en el invierno más adverso para la Casa Rosada la alternativa de Provincias Unidas. Cornejo se prepara para jugar decididamente del lado de Milei en las batallas por el presupuesto y las reformas. Sus movimientos, actitudes y declaraciones públicas no dejan dudas. “Nos hemos comportado en línea con lo que ha sido la expresión de orden del Estado y en lo administrativo; lo haremos con el presupuesto y seguramente con el proceso de reformas, con matices claro, pero en esa dirección. Y veremos: una cosa son las reformas y otra la letra chica”, explicó Lisandro Nieri, diputado nacional y brazo legislativo del gobernador en la Cámara Baja, encargado de custodiar los intereses políticos e institucionales de la provincia, ahora con mucha más notoriedad hacia el tramo final de la gestión.
Por eso no deben esperarse grandes sorpresas sobre el rol que ocupará Cornejo cuando se reconfigure el Congreso desde el 10 de diciembre. Sus movimientos resultan relevantes en un momento en que la mayoría de los mandatarios provinciales se encuentran reorganizando sus fuerzas. Especial atención merece el grupo de gobernadores –entre peronistas y cuasi peronistas– que, al escindirse de hecho del peronismo oficial, harán jugar a sus legisladores a favor del oficialismo libertario: Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Hugo Passalacqua (Misiones) y Rolando Figueroa (Neuquén). Ese aporte podría permitir a La Libertad Avanza igualar al kirchnerismo en Diputados o incluso convertirse en la primera minoría, un escenario impensado meses atrás.
La reconfiguración del mapa político ha empujado a los líderes a buscar espacios propios de supervivencia. Se advierte en Mauricio Macri, quien atraviesa la dispersión interna del PRO –la fuerza que creó para gobernar la Ciudad y que lo llevó a la presidencia en 2015– y busca diferenciarse de Milei para sostener su visibilidad. Lo hizo al advertir que no convendría desplazar a China en esta etapa de acercamiento intenso a Estados Unidos, una escena que evoca las relaciones “carnales” entre Menem y Bush en los ’90. “La economía de China es más complementaria para Argentina que la de Estados Unidos”, dijo Macri, con argumentos atendibles, aunque ajenos al enfoque del universo mileísta, decidido a apostar a la suerte de Donald Trump en materia económica, financiera y política. Todo ello dentro de un marco geopolítico signado por el alineamiento directo con Israel.
En ese plano se mueve también Cornejo, prácticamente atado a la suerte del gobierno libertario y, en lo inmediato, haciendo uso de ciertos privilegios políticos, como convertirse en el primer gobernador recibido por el embajador estadounidense, Peter Lamelas, a mediados de la semana pasada.
Mendoza –como todas las provincias, en realidad– sigue con expectativa el alcance del acuerdo comercial y de inversiones recíprocas que Milei y Trump firmarán en breve. La provincia, necesitada de capitales para salir del estancamiento que arrastra desde hace más de una década, se ofrece al mundo sobre todo a través de la minería. Esa agenda, junto con todo lo vinculado al vino –la marca insignia de Mendoza–, estuvo presente en la reunión con Lamela, a quien Cornejo invitó personalmente a la próxima Fiesta de la Vendimia.
Se viene un verano que marcará el inicio de un nuevo proceso inédito, otro más en la secuencia sorprendente del gobierno de Javier Milei. Es un momento que podría adquirir carácter fundacional, si tiene éxito, frente a los sucesivos intentos fallidos de reformas estructurales en la democracia recuperada en 1983. Milei cuenta hoy con un acuerdo social mayoritario para avanzar, un respaldo que mezcla titubeos y desconocimiento sobre lo que viene, pero que convive con una esperanza visible y un enorme deseo societal de no volver atrás.
