La creciente popularidad del stunt, una práctica extrema en la que motociclistas realizan piruetas y maniobras temerarias en plena vía pública, se convirtió en una seria amenaza para la seguridad vial en Mendoza. El último episodio, registrado el lunes por la noche, encendió todas las alarmas: 48 personas fueron demoradas y 34 motos secuestradas en un operativo policial que finalizó con una cinematográfica persecución por el Acceso Norte y la Costanera.
La escena no fue un hecho aislado. Desde hace tiempo, grupos organizados a través de redes sociales -procedentes de diferentes lugares del Gran Mendoza– se convocan en distintos puntos de la provincia para circular en masa y desplegar maniobras peligrosas como wheelies (andar en una sola rueda), stoppies (mantener la moto en equilibrio sobre la rueda delantera), burnouts (hacer patinar la rueda trasera), drifts (derrapes controlados) y figuras de equilibrio en movimiento. Lo hacen en motos de baja cilindrada, muchas veces con escapes modificados que elevan considerablemente la contaminación sonora y alteran la tranquilidad de los barrios que atraviesan.
Estos grupos han tomado como escenarios habituales zonas turísticas como Potrerillos, rutas provinciales y accesos urbanos, transformando los espacios públicos en pistas improvisadas. Aunque para sus integrantes se trata de un estilo de vida cargado de adrenalina y desafío, las autoridades lo ven como una práctica temeraria que pone en jaque la seguridad colectiva.
“Estamos viendo con preocupación cómo esta cultura empieza a consolidarse como un fenómeno entre los jóvenes, sin tomar conciencia de las consecuencias que puede tener. No es solo una falta contravencional, es una amenaza real para la vida propia y ajena”, expresó al respecto el comisario departamental Mario Rilli en diálogo con El Sol.
En esa línea, el jefe policial catalogó a esta problemática en ascenso como una “cuestión social que va creciendo”.
La estrategia para contrarrestar el fenómeno
En el último operativo, los motociclistas intentaron evadir a la policía ingresando en masa al local de McDonald’s ubicado en el Nudo Vial de la Terminal, una maniobra que terminó por coronar una noche de tensión en las calles de Mendoza. El accionar dejó en evidencia no solo la planificación de estos encuentros, sino también la dificultad que enfrenta el Estado para anticiparse a estas acciones espontáneas y masivas.
Para desalentar estos comportamientos, Rilli hizo hincapié en la necesidad de articular acciones de “prevención a través de controles en la vía pública, el seguimiento mediante las cámaras de seguridad y la intervención de las áreas de inteligencia e investigación de la fuerza para adelantarse a este tipo de encuentros o eventos que se difunden desde las redes sociales”.
Más allá del aspecto represivo, especialistas en seguridad vial señalan que el fenómeno debe abordarse con una estrategia integral: controles más estrictos, campañas de concientización, trabajo con jóvenes en riesgo y hasta generación de espacios seguros para la práctica controlada del motociclismo extremo.
Mientras la escena urbana de Mendoza parece haberse convertido en un tablero de acrobacias improvisadas, la impresión que queda es que si no se interviene a tiempo, estas prácticas seguirán creciendo, alimentadas por la viralización en redes sociales y una falsa sensación de impunidad.
