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El intento por eliminarlas primero, y tras su fracaso la apuesta hacia la suspensión de las PASO para las elecciones legislativas nacionales de este año, sólo puede entenderse y comprenderse en el contexto de ese variado cúmulo de caprichos que despliega la política, de intereses particulares y en momentos especialísimos que dominan a sus actores en el ejercicio del poder, y en el de miradas y percepciones de una realidad ajena, y por sobre todo muy distante, de la que viven y tienen los individuos comunes que forman parte de la sociedad.

Al analizarse las características extraordinarias que tiene el universo inédito creado por el gobierno libertario de Javier Milei muchas veces se cae, bajo un modelo de examen tradicional o analógico, que al jefe de Estado poco y nada le importa la construcción política, la rosca y mucho menos el debido sometimiento a los sistema de operación y de operadores políticos, los que “arman” redes de adherentes y seguidores en el territorio para conseguir un necesario volumen que alimente el poder que se ha alcanzado o bien para ampliarlo o sostenerlo.

Pero a su manera, el objetivo del gobierno de sacar las PASO del juego electoral –proyecto que ha incluido en este período de sesiones extraordinarias y que podría conseguir media sanción mañana jueves en Diputados–, echa por tierra aquella interpretación basada en el desinterés y más que nada en la ingenuidad presidencial de cara a las elecciones y al manejo de la cosa política, entendida en un término amplio y como el ámbito para alcanzar hegemonía, influencia y control sobre el manejo institucional y hasta el de los viles negocios.

Milei y su hermana, Karina Milei, parecen estar convencidos de que, así como avanza, el oficialismo que ambos representan, se encuentra en inmejorables condiciones de fagocitarse sin mucho esfuerzo al principal aliado, al PRO de Mauricio Macri. No necesitan las PASO, es más, se han convertido en un estorbo para ese ansiado fin que justifica los medios: o por las buenas o por las malas. Así lo ha demostrado, este binomio de poder tan particular, expulsando sin miramientos de La Libertad Avanza a miembros fundadores del partido y de la aventura exitosa que idearon en su momento para alcanzar el control institucional más importante del país, tales como Ramiro Marra y Eugenio Casielles; otros como Oscar Zago, Carlos Maslatón, Eduardo Prestofelippo (por el youtuber El Presto) y también se puede agregar a la lista a la vicepresidenta Victoria Villarruel y a quien fuera canciller del país Diana Mondino o al cordobés Osvaldo Giordano y hasta el amigo del propio Milei, el primer jefe de Gabinete, Nicolás Posse.

Los libertarios hoy esgrimen el argumento del costo de esas elecciones para condenarlas, en un contexto en donde la estrella del plan económico de Milei, el combate contra la inflación, se sostiene entre otras acciones con un fuerte estrangulamiento del gasto y el ajuste sostenido sobre la mayoría de las cuentas del Estado. Se trata en verdad de una excusa débil e irrelevante frente a los beneficios del modelo electoral que nació en el 2009, impulsado por el kirchnerismo de entonces que con esas primarias evitaba la dispersión y el malestar interno del movimiento.

Pero si bien se persiguió en el origen de la reforma, como siempre sucede, el interés particular, sectorial y partidario antes de que el general, hay que admitir que con el tiempo las PASO se convirtieron en un instrumento que garantizó la democracia interna de los partidos, le aportó algo de claridad al siempre turbio y dudoso financiamiento de las campañas y colocó en igualdad de oportunidades a los partidos chicos y con escasos recursos frente a los grandes, poderosos y agitadores de la actualidad política de los argentinos.

Además, en este turno electoral, debuta a nivel nacional el sistema de Boleta Única Papel, reduciendo los costos del operativo de manera considerable, arrancando por la impresión de las boletas.

El mileísmo, vaya uno a saber por qué razón además de las esbozadas más arriba, parece haber comenzado a asumir riesgos innecesarios e incomprensibles y encima tan prematuramente en el control del poder. El discurso de Davos, la obsesión desmedida en torno a la necesaria, pero a su medida batalla cultural, la polarización con un kirchnerismo que se encuentra en la lona pero que Milei pretende reanimar, lo colocan en un estadio complicado frente a las prioridades que identifica la sociedad. Otros asuntos y otras urgencias están a la cola para ser atendidas por el Gobierno, e incluso dentro de esa agenda exitosa que desplegó, no exenta de mucho sufrimiento para sectores relegados por las políticas desplegadas por las últimas administraciones de neto corte populista.

Pese al sacrificio asumido, la mayoría de los argentinos le está reclamando al Gobierno que profundice la motosierra con la vista puesta en los sindicatos y a los propios gastos del Estado, de acuerdo con la última encuesta de DC Consultores correspondiente al actual mes de febrero y ajustar la puntería en resolver la inseguridad y mejorarles el ingreso a los argentinos en un 60 por ciento de los consultados. El aislarse, el perder la sintonía fina del humor de la calle, el desacople de los temas/problemas mundanos y habituales y nunca resueltos que padece la sociedad, es uno de los principales riesgos a los que se expone el gobierno, cualquier gobierno, no sólo el de Milei.

Les pasa a todos, o a la mayoría y en los tres niveles de conducción institucional: desde la presidencia, las gobernaciones hasta los municipios. Gobernantes y funcionarios de ejecutivos defendiendo disparates, asumiendo como natural, normal y de justo derecho el uso de vehículos, bienes y personal del Estado para tareas particulares o en comisión de tareas públicas, pero en claro abuso en el uso, precisamente, de tales recursos conforman un menú cada vez más amplio y en expansión de dislates. Pasos en falso, conscientes o no, que explican, con el paso del tiempo los derrumbes y las debacles de procesos que arrancaron con éxito y aciertos pero que terminaron cayendo a los niveles del infierno por imbecilidades y actitudes prepotentes y soberbias.