Este miércoles falleció Tonio Contreras, uno de los hombres imprescindibles de la música y la cultura mendocina. Integró desde 1971 hasta 1975 la agrupación Canturía, que hoy es legendaria por su compromiso social y su temática de protesta. La conformaban catorce voces y cuatro músicos, pero tuvo que disolverse ante las amenazas de los militares y las prohibiciones de sus temas. Tonio, como varios de sus integrantes, tuvo que exiliarse y partió a España.
Más tarde, nació Markama, uno de los grupos musicales emblemáticos de la música andina y latinoamericana en el mundo. Su nombre significa “al pueblo” en quechua. Tonio Contreras fue también uno de los miembros fundadores de ese proyecto, que se completaba con el sueco Lars Nilsson, el Nene Ávalos, Eduardo Ocaranza, Eduardo Ordoñez, Arsenio “Archi” Zambrano, Juan Lázaro Méndolas, Jorge Sosa y, luego se sumaría Damián Sánchez.
Desde las redes, músicos, gente de la cultura, familiares, amigos y seguidores lo despiden con gran tristeza y profundo reconocimiento a su trascendente y fecunda trayectoria.

Reproducimos las palabras y anécdotas compartidas de su compañero y amigo Juan Carlos Ávalos: “Se nos murió el Tonio Contreras. Infinita tristeza. Nos queda el recuerdo del gran amigo, del gran cantante, del comprometido con su gente. Y su inolvidable voz. Adiós, amigo“.
“El Tonio Contreras vivía en la calle Garibaldi, creo que al 271, en un departamento interno, junto a su hermana Leli. Ese fue el lugar de ensayos de Canturía durante bastante tiempo. Tenía un patio con un parral. Allí nos reuníamos después de los ensayos para charlar y soñar con un mundo mejor. Primera mitad de la década de 1970. Jorge Sosa hizo una poesía sobre aquellos momentos y Damián Sánchez la transformó en la Cueca de los Contreras”.
Al patio de los Contreras
siempre llega una poesía,
a veces subiendo penas
otras bajando alegrías
y se nos queda prendida
justo al centro de la vida.
A tragos pasa la yerba
la ronda de los amigos,
lo que no quema se canta
lo que no quema se olvido,
y vamos fundando cielos
con nubes de cigarrillos.
Pucha que cuesta dormirse
cuando se ha cantado tanto,
anda poniendo el desvelo
en los ojos un candado
y nos llegamos al alba
con la luna entre las manos.
Sueña el parral milenario
su vocación de racimo.
Suben las manos golosas
a desgranarlo dormido
para un parral entre tantos
no habrá despertar el vino.
Sé que distintos caminos
ha de trazarnos la vida,
pero estaremos de vuelta
cuando asome la poesía
que el patio de los Contreras
no sabe de despedidas.
Quiero quedarme en el canto
dice la luna y se queda,
bien puede esperar el alba
cuando la copla anda suelta,
y siempre tiene una luna
el patio de los Contreras.


