Kimberley Cheatle dimitió este martes como jefa del Servicio Secreto, la organización encargada de velar por la seguridad de los presidentes de Estados Unidos, incluso, cuando dejaron de serlo. La renuncia está motivada en la mala actuación que tuvo su área para evitar el atentado contra Donald Trump, a pesar de que terminaron la vida del atacante.
Cheatle, de 53 años, era la primera mujer en dirigir el Servicio Secreto. Presentó la renuncia un día después de que enfrentó las duras críticas de legisladores republicanos y demócratas que pidieron su dimisión luego de seis horas de audiencia en la Cámara de Representantes.
En el Congreso, Cheatle defendió el trabajo de los agentes, pero también reconoció que el atentado fue “el fallo operativo más significativo del Servicio Secreto en décadas“.
En su carta, la funcionaria dijo que asumía “toda la responsabilidad por el fallo de seguridad“ y que optaba por dejar el cargo para evitar distracciones al Servicio Secreto.
Quién era Cheatle
Cheatle había sido nombrada para dirigir el Servicio Secreto por el presidente Joe Biden en septiembre de 2022. Llegó al cargo con una trayectoria de 27 años en la agencia, donde tuvo diversas funciones.
Durante su etapa como agente, Cheatle participó en una operación tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para poner en resguardo al entonces vicepresidente Dick Cheney en la Casa Blanca, pues muchos temían que estuviera en peligro.
Posteriormente, Cheatle pasó a ser supervisora del equipo de protección de Biden en su época como vicepresidente. A continuación se convirtió en subdirectora adjunta de operaciones de protección de la agencia.
La exfuncionaria también tuvo breve paso por el sector privado trabajando para la compañía PepsiCo antes de ser nombrada directora del Servicio Secreto en 2022.
El atentado
El sábado 13 de julio, mientras daba un discurso en Pennsylvania como parte de su campaña electoral, el ex presidente Donald Trump recibió un disparo que lo hirió en su oreja izquierda.
El atacante fue identificado como Thomas Mathew Crook, de 20 años, que subió a un techo y se ubicó a unos 125 metros aproximadamente del escenario. Desde allí disparó e hirió al magnate, pero terminó matando a otra persona situada en las gradas a espaldas de Trump.
Los francotiradores del Servicio Secreto lo abatieron. Sin embargo, la actuación del organismo fue puesta en tela de juicio, debido a la escasa reacción ante las denuncias de testigos que afirmaron haber visto al atacante en el techo.
Con información de BBC Mundo.
