Mendoza creció en materia inmobiliaria. Fue un crecimiento torpe, sin ley ni escritura. Se avanzó en muchos casos sin ninguna regulación. Crecieron los barrios hacia el pedemonte, en zona aluvional, y hacia el sur y el este, donde antes había cultivos se urbanizó y proliferan ahora los barrios cerrados.
Pero en esta inevitable transformación, algunos fenómenos circunstanciales han hecho notar lo irregular que ha sido el desplazamiento y la ocupación de nuevos lugares para que los mendocinos vivan. Uno de estos casos es en San Roque, donde un barrio quedó inundado por el desborde del río Mendoza. Es un fenómeno inusual, claramente, que puede suceder en Santa Fe, pero que más allá de su extrañeza muestra a las claras que el desarrollo urbano ha sido más empujar y ocupar que planificar.
Desde hace años, se puso en funcionamiento el llamado Unicipio, un ámbito conformado por los municipios del Gran Mendoza para tratar de ordenar varias problemáticas en común para la principal área metropolitana. Sin embargo, los resultados que generó esa confluencia han sido pocos hasta ahora.
Si este espacio de discusión y proyección sirve para transformar y generar políticas, entonces, tiene que reconvertirse para volverse eficiente. De otra manera, es una oficina burocrática más que está alejada de los problemas reales de los mendocinos.
