Marisa Pérez Alonso.

El Sol está caluroso en este mes a pura conmoción cultural. Nada mejor que el talento de nuestros poetas para espantar las penas y recuperar el aire fresco.

Te proponemos un recorrido por escritos mágicos “hechos en Mendoza” y un encuentro con gente que apuesta por el arte y por el maravilloso mundo de la palabra.

Páginas de lectora y astronauta

Marisa Pérez Alonso nació en Mendoza, un día de viento Zonda que –según sus tías– es el viento que levantan los aquelarres. Es docente. Ha dirigido talleres de escritura ficcional y creación artística para niños, adolescentes y adultos, sola y con grandes y talentosas amigas: Liliana Bodoc, Silvina Jury y Andrea Marzzeti.

Además, es senderista y amante de las montañas y de los viajes. Ha ganado varias menciones y premios. Participó en las antologías Cuerpos urgentes ( Colectiva Escritoras por la IVE, 2020), Cuentos con patas (2020) Leer por Leer (2021), Un abecedari rimalimonari (2021), Poemas del membrillo (2023).

Ha publicado: De la luna y otros monstruos (cuentos, 2001), Mundos peregrinos (novela, 2010), Juan de este mundo (novela, 2012), Cartas para una ballena (novela, 2020), La mujer cactus (2021) y Bailarina, en el circo de diminutas preciosidades (2023). Cuando era chica, quería ser lectora y astronauta.

Fiesta noctámbula

Un sapo pasó saltando
llevaba y traía apuro,
y frenó junto aquel sauce
al ver un hueco oscuro.

Del azul y verde agujero
asomó una lagartija,
con un grandioso sombrero,
vendiendo unas baratijas.

─¡Habrá fiesta de disfraces
entre medianoche y la una!
Después bailamos milongas
hasta que duerma la luna.

Feliz va la lagartija
y todos en la laguna.
“Fiesta nocturna”, gritaban
tirando las medialunas.

Hallaron en la orilla
entre cuatro musarañas,
al lado de una tortilla
pequeña flauta de caña.

Verdesapo Milonguero
sin derrochar nada de aire,
entonó dulce balada
invitando para el baile.

Era música tan linda
que sacó su bombo el tero
para armar con sus amigos
un cuarteto bullanguero.

Las luciérnagas en ronda
brillaban como topacios,
trenzándose unas con otras
para alumbrar el espacio.

Los abrazos 

A mí me tocaron los abrazos.
Los primeros fueron para despedir:
preñados de deseo, henchido como una vela al viento.
Recibir los latidos inquietos de la ilusión,
la aventura recién iniciada,
la cumbre era la promesa
de un triunfo nuevo.
A mí me tocaron los abrazos
que transmiten confianza,
que buscan complicidad
y te dejan mirándolos ir
y vivir.
Me tocaron el alma con trinos.
Un poco pájara, un poco fuego
y creí que no podía abarcar tanta vida,
tanto anhelo.

Los segundos, los del regreso.
esa vez se desgranaron en hielo.
La montaña pronunció su palabra
y nos quedamos en silencio ciego.
Fueron abrazos para apaciguar el dolor,
que se dan con los pies firmes sobre el suelo.
No hay mástil, no queda aliento.
Todo el invierno clavado en el pecho.
A mí me tocó amamachar,
amortiguar el temblor
con mi propio cuerpo,
sujetar las heridas,
alivianar el peso de los ojos vencidos,
de los brazos sin eco.

A mí me quedaron los brazos
colgando como harapos
y el infierno de seguir viviendo.
El volcán eligió a dos de nosotros
que pagaron el precio del cielo.

A la memoria de Vanina Romero y Raúl Falero.

Acá, además, podés escuchar la voz de Marisa en un audio:

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