Así como se cree que el país en materia económica está frente a un cambio ineludible, gane quien gane las elecciones del domingo, por la razón tan simple de una situación límite que no da para más nada, lo que implicaría llevar adelante una serie de reformas en la estructura administrativa y burocrática del Estado ya fuese a fondo o gradual, según estilos; también en la gestión, en general; en el manejo y uso de los recursos; en la aplicación de un plan de estabilización integral que, a la vez, conduzca al control de la inflación, el nuevo contrato democrático y social de los argentinos debiese poner otras prácticas bajo estudio y análisis con conductas que, peligrosamente, parecen naturalizadas, pero que han afectado el funcionamiento de la república y el valor de la pluralidad.
Por supuesto que el balotaje, de acuerdo a cómo fue concebido como herramienta de definición, parece no permitir que quienes se enfrentan pongan en valor sus cualidades por sobre el contrincante en una suerte de competencia cualitativa y positiva, sino todo lo contrario, la exacerbación del error en el otro, precisamente buscando con eso un beneficio directo o indirecto, lo mismo da.
La campaña del miedo que ha llevado adelante el oficialismo pudo haber tomado esto, el hecho de poner en blanco sobre negro un aspecto negativo del candidato opositor, para advertir que el mejor camino posible va, por un lado, en particular y no por otro.
Más allá de la polémica en torno a la estrategia, por mezclar ideas que se expresaron ciertamente con otras que no, hasta en un punto puede llegar a entenderse como un uso al límite de lo permitido por las reglas de juego.
Sin embargo, lo que viene, o los nuevos tiempos por venir, que podría estar inaugurando este momento particularísimo de la historia institucional del país, como evidentemente serían estas elecciones presidenciales, tiene que sí o sí colocar en debate el uso de las organizaciones y estructuras del Estado a favor del candidato generalmente oficialista.
Ese generalmente no es casual. Porque se ha dado que un candidato opositor ha tenido un apoyo deliberado por alguna de estas instituciones públicas, desde sus conducciones y parte de sus empleados enfrentados a un oficialismo que no era tradicionalmente de su agrado. Para no ir más lejos, esto que se describe sucedió y se pudo observar durante el gobierno de Mauricio Macri en los momentos de elecciones, tanto en las de medio término como en las generales. Muchas sedes dependientes directamente de la administración central del Estado nacional fueron protagonistas de ello.
Si en verdad se está frente a un cambio de lo que viene instituido en general, no puede dejarse escapar la oportunidad de incluir en esa bolsa al manejo, conducción y orientación de la Televisión Pública, por caso. Un medio de alcance nacional que ha sido tomado por la ideología y la orientación del gobierno, alejado en un todo –con la excepción de unas pocas islas en su programación– de los principios republicanos y de la multiplicidad de voces que debiesen ser su característica esencial. Pero ha ocurrido todo lo contrario: persecuciones periodísticas a la visión crítica de la marcha del gobierno e informes sesgados y la proliferación de contenidos con altas dosis de adoctrinamiento político han sido casi una constante. Lo que viene tendría que tener en agenda una cláusula de garantía en el buen uso del medio público, republicano, en beneficio de todos y del Estado, no de una facción y menos de la que conduce el gobierno.
No quedó una sola de las instituciones públicas de llegada obligada y necesaria a todos los sectores de la sociedad, altos, medios y bajos, que no haya estado en gran medida al servicio de un candidato en particular, el del oficialismo. Allí, ya fuese en sus pantallas, por la vía de los afiches y de la cartelería interna y externa y por la deliberada actitud militante de parte de sus empleados y dirigentes gremiales, se difundió la campaña del miedo a favor de uno y en contra del otro. Con recursos públicos, del Estado, de todos.
Por supuesto que se esperaba, por caso, que las corporaciones gremiales tomaran partido a favor del candidato del oficialismo, por historia y compromiso ideológico, allí no habría sorpresa alguna; que sindicatos directamente encolumnados con el crédito del gobierno pidieran un voto favorable a su doctrina en los espacios público y privados que ocupan, como buena parte del servicio bancario y financiero a nivel nacional y otros ejemplos más. Como colectivos particulares como el de los actores, el de algunos intelectuales y futbolistas, sectores agraciados por ciertas políticas de distribución de recursos, vilipendiosas.
Pero hubo un caso de institución pública de fuerte arraigo, importancia y trascendencia del que no se esperaba un documento con guiños hacia uno de los candidatos, precisamente el oficialista. Fue lo que sucedió con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) que reúne a todas las universidades nacionales del país. Ese documento, que surgió de una reunión del consejo directivo de ese organismo, en el que se sientan todos los rectores de las universidades, tuvo como fin, de acuerdo con las respuestas que se dieron desde la UNCuyo, la defensa del carácter público y gratuito de la universidad. Y que de ninguna manera se pide, a través del mismo, que se vote por tal o cual candidato. Lo que es cierto. Pero en uno de los párrafos, quizás el más polémico, se lee: “Es con más becas y no con ‘vouchers’. Es con más universidades públicas y no con aranceles. Es con más carreras acordes a las necesidades de las y los estudiantes y no con menos carreras solo para quienes puedan pagarlas. Es con más científicas y científicos investigando y no con laboratorios vacíos. Es con más educación universitaria pública, con más conocimiento, con más ciencia y con más arte como la Argentina encontrará la senda del desarrollo permanente”.
Claro que el comunicado no pasó desapercibido y menos para la vicegobernadora electa, Hebe Casado, quien, sobre la publicación de la UNCuyo, posteó en la red X: “Me da vergüenza este comunicado como egresada de esta universidad”.
